La llegada
Santa Cruz está a tan solo 70 kilómetros de Lisboa, pero parece un mundo aparte. Allí llegas tras dejar atrás el bullicio y el ritmo de la ciudad para encontrarte un pequeño pueblo que se aboca al océano, como queriendo abrazarlo. Construido sobre las playas y los acantilados atlánticos, en los años veinte del siglo pasado esta localidad de la freguesía de Silveira fue tremendamente popular entre todos los bañistas portugueses. Con el auge del turismo estival fueron apareciendo las casas de baño, los hoteles, los restaurantes, los casinos… Santa Cruz era el punto de encuentro para aquella suerte de belle époque portuguesa.
Hoy en día, en cambio, el aspecto que ofrece el pueblo es muy diferente. Cuando llegamos, de hecho, es plena temporada baja, así que reina el silencio, la calma. Y, ¿sabéis qué? Mejor así. En pleno siglo XXI, asediados por decenas de redes sociales, whatsapps de trabajo y un ruido de fondo constante, de pronto, allí, escuchas el mar. Y, tras él, puedes, si te concentras un poco, escuchar el runrún de tus propios pensamientos. Santa Cruz ha cambiado, porque ahora este pueblo se ha convertido en un refugio para todos aquellos que, en esta nueva década de los años veinte, buscan escapar del estruendo del tráfico, los emails, las notificaciones y los algoritmos.
El arca de Noé
Escapar de todo. ¿No suena bien? Eso es, precisamente, lo que te puedes encontrar en el Noah Surf House. Construido sobre una antigua colónia balnear, de esas que fueron tan populares aquí en el siglo pasado, el Noah quiere ser el refugio del mar. Y eso puedes apreciarlo desde el primer momento de tu llegada. La arquitectura, la decoración, la misma ubicación… “Elegir Santa Cruz fue lógico” dice Gonçalo, el fundador del hotel. Él cuenta cómo, cuando era un niño, vio a alguien surfear en aquellas playas y desde entonces no pudo dejar de pensar en ello. De hecho, décadas después sus ojos siguen iluminándose con un brillo de emoción infantil cuando habla del océano, del surf. “Los surferos somos los protectores del mar”, afirma, “y este hotel tenía que ser como un Arca en la que poder hacer un mundo mejor, una vida mejor para todos”. Hace una pequeña pausa y concluye, rotundo: “Es una celebración del mar”.
Conforme lo dice, se le pierde la mirada entre los cientos de detalles que lo decoran: boyas, redes de pesca, aparejos… También tus ojos comienzan a vagar entre todo aquello, que, de pronto, cobra una nueva importancia. De pronto descubres que no son detalles -artificiales, simulados, decorativos- sino la pura esencia del Noah y de la nueva Santa Cruz.
Un mundo mejor
Upcycling es la palabra. Suprarreciclaje. En un mundo cada vez más de usar y tirar, en el que consumimos sin pensar dos veces y tiramos sin pensar siquiera una, Gonçalo y el Noah plantean una forma diferente de afrontar el siglo XXI. Donde otros ven desechos, aquí ven el futuro. Mallas de pesca, palets de construcción, relingas de flotadores, maromas… Incluso una barca -la Rosa Divina– decora el hueco de la escalera central. Todo ello, auténtico, real. En los cuartos, las camas se encuentran suspendidas sobre antiguos andamios de obra, entre aparejos de pesca y objetos náuticos varios. Parece que te vas a dormir en las tripas de un buque trasatlántico, la noche antes de empezar la mayor travesía de tu vida. Nada que se pueda reacondicionar merece ser dejado atrás, o, por lo menos, no podemos darnos ese lujo. Cuando pasas una noche en el Noah te das cuenta de que toda ese despliegue de detalles náuticos no es un decorado: es un intento real de hacer un mundo mejor. Porque, cuando el diseño va más allá de la mera estética se transforma en valores.
Esos valores los encuentras también en la mesa. La pesca sostenible sustenta los menús. Además, tanto en el Noah como en Areias do Seixo -el otro hotel de Gonçalo- siguen métodos de agricultura tradicional para ofrecer el mejor producto. Después, el equipo de cocina corta, hornea, asa, saltea, cuece, marina y escalda toda la variedad de pequeñas zanahorias, rábanos, rúculas, lechugas, salicornias, cebollas, patatas, batatas, calabacines, kale, semillas, flores comestibles, pulpos, pescados, cortes de pato, cerdo, ternera… El cuidado. La delicadeza. Lo genuino. Eso es lo que se nota cuando pruebas la carta del Noah. Realmente eso es lo que se nota a lo largo de toda tu estancia.
Sabes que ese nivel de esmero solo puede surgir de un profundo amor. Amor al mar. Amor a la tierra. Amor a los que hacen del mar y la tierra un lugar mejor. Observo a la gente del hotel. A la gente del pueblo. A los visitantes. A los surferos. Yo mismo me lanzo a probarme sobre la tabla -con pésimos resultados, pero eso es otra historia-. Y entonces comprendo bien eso de “los surferos somos los protectores del mar”. Algo diferente se respira en Santa Cruz. En este complicado ovillo que es la nueva década de los años veinte, quizás aquí tengamos el primer hilo del que tirar para encontrar un camino mejor.
Más información Noah Surf House:
– Website: NOAH SURF
– Address: Av. do Atlântico, 2560-061 A dos Cunhados, Portugal





































