Hay algo muy reconocible en los libros de GOST Books: no buscan explicar el mundo, sino rodearlo, tensionarlo y dejar que respire. Sus fotolibros no son solo imágenes; son formas de pensar. En esta tríada —Irina Werning, Robin Hinsch y Mark Power— esa idea se despliega en tres direcciones muy distintas, pero conectadas por una misma intuición: lo visible nunca es superficial.
El proyecto de Werning “Las Pelilargas” parte de algo casi obsesivo: buscar mujeres con el pelo largo por toda América Latina. Pero lo que podría quedarse en una serie de retratos curiosos se convierte en otra cosa. Mucho más densa y más silenciosa. Aquí el pelo no es estilo, es memoria. Es identidad. Es incluso una forma de resistencia invisible que atraviesa generaciones. En muchas culturas indígenas, cortarlo equivale a cortar la vida, una idea que recorre todo el libro como un susurro constante. En las imágenes hay una cercanía que no invade, que se construye con tiempo. Se nota en historias como la de Antonella: crecer, prometer, cortar, donar. El gesto íntimo se vuelve colectivo. Lo personal, político sin necesidad de decirlo. “Las Pelilargas” funciona así: como una deriva entre retrato y antropología, donde lo importante no es lo que vemos, sino lo que permanece.
Si el libro de Werning es cercano, el de Hinsch es todo lo contrario, “Lonely Are All The Bridges”, toma distancia y ahí está su fuerza. Fotografiar Ucrania hoy implica enfrentarse a una saturación de imágenes de guerra. Pero Hinsch esquiva lo evidente. No hay espectacularidad. No hay urgencia. Lo que hay es una calma inquietante, casi incómoda. Sus imágenes parecen suspendidas en el tiempo: ruinas, animales, retratos que no terminan de explicarse. El blanco y negro convive con un color apagado, como si todo estuviera cubierto por una capa de polvo o de memoria Los puentes —reales o simbólicos— atraviesan el libro como una pregunta: ¿qué conecta realmente un territorio? ¿la historia, la política, la identidad? ¿y qué pasa cuando todo eso se rompe? Aquí la guerra no se muestra, se filtra. Está en los detalles, en lo que falta, en lo que ya no está. Es un libro que no busca posicionarse, sino abrir grietas.
Con Mark Power el terreno cambia. Entramos en algo más frío, más conceptual, más ambiguo. “FASHION” no parece interesado en la moda como industria, sino como escenario. Las imágenes —sin título, sin jerarquía clara— funcionan como fragmentos de algo mayor, pero nunca del todo definido. Hay una sensación constante de distancia, incluso de ironía. Como si el fotógrafo estuviera dentro y fuera al mismo tiempo. Observando cómo se fabrica la imagen, cómo se repite, cómo se vacía. No hay narrativa evidente, y eso es precisamente lo que sostiene el libro: una especie de deriva visual donde el sentido no está dado, sino que aparece (o no) en quien mira.
Estos ante tres libros muy distintos, pero con una misma pulsión. Aunque se mueven en territorios muy distintos, hay algo que los atraviesa: una fe común en la imagen como lugar donde pensar, no solo donde mirar. Irina Werning se acerca, casi desde lo afectivo, para comprender. Robin Hinsch toma distancia, enfría la mirada y abre preguntas y Mark Power observa desde un margen incómodo, desmontando lo que parece evidente.
En todos, mirar deja de ser un gesto pasivo. No es pasar imágenes: es pararse, dudar, volver atrás y quizá por eso funcionan: porque no se agotan al cerrarlos. Permanecen. Como esas imágenes que no terminas de descifrar, pero que, por alguna razón, se quedan contigo.
GOST BOOKS

