Los domingos de Txema Salvans

26 January 2026

 

“Sunday Morning” no es solo un fotolibro: es una crónica silenciosa de lo que sucede cuando nadie mira de verdad pero todos hacemos como si estuviéramos viviendo. Hay algo de rito espontáneo en lo que aquí se propone, como si cada página fuera una confesión íntima de la cultura del descanso contemporáneo, capturada con una mezcla de paciencia, levedad y una sensibilidad que no intenta gustar a nadie, pero que a quien se deja caer entre sus páginas le deja marcado.

Durante diez años, Salvans se subió cada domingo al techo de su furgoneta y observó. No desde un centro neurálgico de arte o desde una terraza cool, sino desde el techo de una camioneta —esa cúspide humilde y móvil que parece decidir: “hoy miro, y lo transformo en mirada”. Desde ahí, con el sol mediterráneo incidiendo sin clemencia sobre su lente, ha fotografiado a la gente que elige pasar el mediodía de domingo en el amplio parking del supermercado Carrefour en las afueras de Barcelona, un sitio donde lo previsible tiene tono de absurdo, y donde los gestos pequeños —una siesta sobre el capó, una charla de pie al lado de un coche, un picnic improvisado— empiezan a adquirir peso, textura y poesía.

Es fácil pensar que un lugar así va a ser sólo banal; bonito o patético por defecto. Pero lo que hace “Sunday Morning” es, justamente, desmontar esa mirada rápida: no hay juicios, no hay ironía forzada, sólo una quietud que se siente rara en cualquier proyecto que se proponga “capturar la vida moderna”. Aquí la vida moderna es polvo de asfalto, luz solar brutal, coches aparcados como pequeñas cápsulas de intimidad. Allí donde muchos verían un descampado funcional sin más, Salvans ve densidad emocional, variaciones de la luz, ritmos humanos que empiezan a tener cadencia propia.

Lo interesante no es solo el sitio sino el tiempo extendido: domingo tras domingo, año tras año, un mismo encuadre que nunca es igual porque nunca es la misma gente, nunca es la misma luz, nunca es el mismo silencio o murmullo. El fotógrafo no impone historias, las descubre; no las organiza, las acepta como vienen y el resultado es un libro donde cada fotografía parece una pausa, una respiración, un instante que reconoce algo esencial sobre nosotros: que incluso en la repetición de lo ordinario puede haber misterio, humor, incomodidad e incluso una forma de ser feliz sin pensar demasiado en ello.

“Sunday Morning” es una exposición espectacular de técnica: se lee como un ensayo visual en el que la cámara se convierte en una memoria flotante. Si las grandes historias humanas se encuentran a menudo en los márgenes de lo solemne, aquí el margen es un lugar pintado con luz cruda y con la presencia diaria de cuerpos que se despliegan ante la lente sin artificio alguno. Es una obra que invita a moverse despacio, a contemplar sin prisa, a encontrar emoción en lo cotidiano.

Lo que hace salvaje, en el mejor sentido, a este proyecto es que no intenta embellecer lo feo ni ennoblecer lo grotesco: simplemente nos obliga a mirar con una atención generosa. Y cuando lo hacemos, descubrimos que ese aparcamiento, ese tiempo dominguero que tantos ignoramos y pocos exploramos, esconde una coreografía sencilla de humanidad, de quietud, de deseo de pausa. Por eso esta obra resuena más allá de la fotografía documental: es un espejo que nos devuelve la pregunta de qué hacemos con nuestro tiempo libre y por qué un objeto tan mundano como un coche estacionado al sol puede ser, finalmente, un escenario de humanidad compartida

Editorial RM