La Bodega Skate Center: donde el skate se convierte en comunidad

14 February 2026 | Texto: Redacción. | Fotografía: Archivo La Caverna.

 

En una ciudad con tradición bodeguera como Jerez, recuperar un espacio histórico para transformarlo en skatepark, sala de conciertos, tienda, escuela y punto de encuentro cultural no es solo una decisión empresarial: es una declaración de intenciones. La Bodega Skate Center nace de esa mezcla de necesidad real y visión colectiva, de años vinculados al skate y de la certeza de que hacía falta un lugar propio. Un espacio seguro para aprender, evolucionar y convivir. Un sitio donde la tabla es el punto de partida, pero no el único destino.

Hablamos con el equipo detrás del proyecto para entender cómo se construye un centro que combina pista, música en directo, gastronomía, tienda y programación cultural sin perder coherencia.

 

 

La Bodega es mucho más que un skatepark: es un lugar donde conviven pista, conciertos, comida, tienda y comunidad. ¿Qué fue primero en vuestro imaginario: la necesidad de construir un espacio así o la imaginación de cómo sería vivirlo desde dentro?
Diría que ambas cosas surgieron al mismo tiempo. Llevamos muchos años patinando y en la ciudad siempre hemos echado en falta unas instalaciones adecuadas para la práctica del skateboarding. La tienda Vértigo, que estuvo desde 2001 en el centro de Jerez y ahora forma parte de La Bodega Skate Center, tenía una base sólida de clientes. Muchos eran padres que buscaban un entorno seguro donde sus hijos pudieran aprender a patinar. Ahí entendimos que hacían falta instalaciones reales, tanto para quienes querían clases como para quienes, como nosotros, simplemente querían disfrutar del skate en condiciones.

Cuando empezasteis a levantar esto dentro de una antigua bodega, ¿qué fue lo más inesperado que descubristeis sobre vuestra propia ciudad?
Instalar el proyecto en una antigua bodega jerezana suponía, de alguna manera, contribuir a preservar un patrimonio histórico que está en riesgo. Me sorprendió el alto nivel de abandono y la presión urbanística que sufren estos espacios. Encontramos una bodega amplia, bien ubicada, con fácil acceso, ventilación, parking privado y terraza exterior para el bar y espectáculos. Encajaba perfectamente con lo que necesitábamos y, además, mantenía ese carácter local que buscábamos.

 

 

La tienda Vértigo tiene una historia larga dentro de la escena del skate y el surf. ¿Qué significa que ese relato siga presente dentro de La Bodega?
La Bodega no existiría sin el trabajo previo de Vértigo. Han sido muchos años impulsando el skate y el surf en la ciudad. Chavales que compraban allí su primer material ahora traen a sus hijos a las clases. Era lógico que la tienda tuviera un espacio dentro del proyecto, no solo como punto de venta, sino como continuidad natural de una historia que sigue creciendo.

La sala de conciertos ha acogido punk, hardcore y escenas que no siempre tienen hueco. ¿Qué os ha enseñado esa convivencia entre música y deporte?
Nos ha demostrado que el público de estas escenas sigue apostando por espacios distintos. En nuestro caso, donde se combinan deporte, arte y música. Es un público quizá minoritario, pero muy fiel. Adaptamos la sala a formatos de hasta 300 personas y lo hacemos con cariño, porque formamos parte de esa comunidad desde hace años. Todo fluye de manera natural.

 

 

¿Cuándo entendisteis que La Bodega era algo más que un skatepark?
Antes incluso de abrir. El día de la inauguración ya reunimos a cientos de personas que venían tanto a patinar como a escuchar música. A partir de ahí, la programación fue creciendo: exposiciones, presentaciones de libros, cursos de fotografía, pintura, teatro, eventos de baile. El espacio es amplio y está dividido en diferentes zonas, lo que permite ampliar la oferta cultural constantemente. Las posibilidades son muchas y estamos abiertos a nuevas propuestas.

Mucha gente viene por una cosa concreta y termina descubriendo otras. ¿Qué os ha sorprendido más de esa mezcla?
Que la gente puede diseñar su jornada perfecta. Un día puede empezar con patinada libre y clases de prueba para niños, seguir con una exposición, comida en la terraza, selección musical en vinilo y terminar con conciertos. Lo interesante es ver cómo alguien que venía solo por el skate empieza a interesarse por la música o el arte después de asistir a un evento. Esa mezcla está funcionando muy bien.

 

 

El skate inclusivo es una parte importante del proyecto. ¿Cómo ha cambiado eso vuestra forma de entender el espacio?
Para mí, el skateboarding es una forma de relacionarme con los demás mientras hago un trabajo físico y mental que me beneficia. Pero hay personas que no lo tienen tan fácil para acceder a este deporte. Trabajamos con colectivos en riesgo de exclusión: personas con TEA, síndrome de Down, discapacidad intelectual, centros de inmigrantes o menores tutelados. Creemos que el skate puede ayudar en procesos psicomotrices, autoestima y superación personal. Es algo necesario y beneficioso para la sociedad, y queremos seguir ampliándolo.

Gestionar pistas, conciertos, tienda, bar y escuela implica una carga enorme. ¿Qué resume mejor vuestro día a día?
Sacrificio y amor por lo que haces. Uno me encanta y el otro lo detesto (risas). Son muchísimas gestiones: escuela, programación cultural, sala, bar, visitas de colegios, clases inclusivas, tienda, campamentos de Navidad, Semana Santa y verano, limpieza, mantenimiento… Y todo eso lo gestionamos cinco personas.

 

 

Habéis visto crecer riders y proyectos musicales. ¿Cuándo sentisteis que estabais influyendo en algo más grande que vosotros?
En lo deportivo, cuando vemos a riders mejorar y alcanzar puestos destacados en rankings nacionales e internacionales. En lo cultural, cuando proyectos locales crecen gracias a tener un espacio donde desarrollarse. Festivales, asociaciones y promotoras han confiado en nosotros porque aquí encuentran posibilidades reales para dar forma a sus ideas. Eso demuestra que el proyecto trasciende lo individual.

Mirando hacia adelante, ¿qué queréis que recuerden quienes pasen por aquí dentro de unos años?
Que formar parte de la comunidad de La Bodega contribuyó a su crecimiento personal. Que recuerden la empatía, el cariño y la emoción de pertenecer a un colectivo que apuesta por lo diferente, lo arriesgado y lo creativo. Que miren atrás y sientan que todo el esfuerzo mereció la pena.

Más información en labodegaskate.com