Mirem Amuriza “Pleibak”

5 December 2025

 

Miren Amuriza escribe desde el territorio donde el deseo, la amistad y la rabia se confunden, ese lugar sin traducción donde una palabra en euskera puede tener el peso de un grito o de un silencio. La adolescencia.

La novela gira alrededor de una relación quebrada, pero en realidad habla de muchas más cosas: del vértigo de crecer, del cuerpo que empieza a reconocerse distinto, de la violencia que se hereda y la ternura que no siempre sabe dónde encajar. Todo se mueve con la electricidad de una juventud periférica, con ese pulso que tienen las cosas que parecen pequeñas pero te rompen entera. Amuriza escribe como quien canta en voz baja después de una noche larga. Su prosa tiene ritmo, aspereza y dulzura, una mezcla de hierro y leche agria, de confesión y desafío. No hay sentimentalismo: hay verdad, hay rugido. Lo íntimo se vuelve político sin proponérselo, porque aquí lo personal, ser mujer, ser vasca, ser joven en un entorno que arde por dentro, ya es una forma de resistencia.

Leer “Pleibak” es como volver a un lugar que creías olvidado y descubrir que sigue allí, intacto, esperando a que te atrevas a mirarlo. Es una novela sobre lo que queda después de la amistad, sobre los huecos que deja la memoria y sobre la imposibilidad de borrar lo que amamos. Amuriza no construye una historia redonda: levanta una herida que respira. Y en esa respiración, entre lo rural y lo contemporáneo, entre el euskera y el castellano, entre la ternura y la furia, aparece una de las voces más sinceras y contundentes de su generación, escribiendo algo que no se lee para entender, sino para sentir. Es un libro que se te mete en el cuerpo, que te acompaña como un eco, que te hace recordar todas las veces que quisiste decir algo y no pudiste. Y cuando terminas, la sensación es la misma que cuando se apagan las luces después del concierto: silencio, temblor, y la certeza de que algo acaba de pasar.

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