Cuando las imágenes empiezan a sonar: cinco siglos de música atraviesan el arte en Málaga

4 August 2026 | Texto: Redacción. | Fotografía: Archivo Unicaja.

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La exposición ‘Y sonó la música’ reúne en el Centro Cultural Fundación Unicaja más de un centenar de obras, instrumentos y documentos para observar cómo la música ha habitado la pintura, la escultura y la cultura visual desde la Edad Media hasta el siglo XX.

Hay exposiciones que piden silencio. Esta, en cambio, invita a imaginar sonidos.

Una pandereta pintada por Picasso en 1899, ángeles que tocan instrumentos desde escenas religiosas, cafés cantantes, músicos callejeros, celebraciones populares, partituras antiguas, mitos clásicos y bodegones en los que los instrumentos permanecen inmóviles. La exposición ‘Y sonó la música. Iconografía musical en el arte’ propone un recorrido por cinco siglos de imágenes construidas alrededor de aquello que, paradójicamente, no puede escucharse.

 

 

Presentada en el Centro Cultural Fundación Unicaja de Málaga, la muestra reúne más de un centenar de pinturas, esculturas, grabados, fotografías, instrumentos musicales y documentos. Comisariada por el historiador del arte José Luis Romero y coordinada por Gonzalo Otalecu, no funciona únicamente como una historia visual de la música, sino como una exploración de las múltiples funciones que esta ha ocupado dentro de la sociedad: experiencia espiritual, lenguaje simbólico, celebración colectiva, entretenimiento, rito, identidad popular y espacio de libertad.

El recorrido comienza con ‘El silencio’, una sección dedicada a bodegones, naturalezas muertas y escenas cotidianas. Aquí, los instrumentos aparecen separados de la interpretación y del cuerpo que debería activarlos. Permanecen suspendidos, convertidos en objetos cargados de memoria, mientras las partituras históricas permiten seguir la transformación de la escritura musical entre los siglos XVI y XIX.

La música recupera después su dimensión pública en ‘Los escenarios de la música’. Teatros, cafés cantantes, romerías, fiestas y celebraciones populares muestran cómo cada época ha construido sus propios lugares para escuchar, reunirse y observar. Entre las piezas destaca una reproducción fotográfica a escala del telón histórico del Teatro Cervantes de Málaga, pintado por Bernardo Ferrándiz en 1870, que introduce la propia memoria cultural de la ciudad en el relato.

La exposición se desplaza también hacia quienes producen, encarnan o simbolizan la música. Apolo, Marsias y Orfeo conviven con intérpretes, mujeres músicas, personajes populares, representaciones del rey David tocando el arpa y distintas obras de Picasso. La selección permite observar cómo la figura del músico ha transitado entre lo sagrado y lo marginal, entre el mito, el espectáculo y la vida diaria.

 

 

Entre los nombres presentes se encuentran Murillo, José de Ribera, Alonso Cano, Juan de Valdés Leal, Ramón Bayeu, Enrique Simonet, Julio Romero de Torres, Joaquín Peinado, José Moreno Villa, Rafael Alberti y Pablo Picasso. Más que construir una sucesión de grandes firmas, la exposición pone sus obras en relación para revelar la persistencia de determinados gestos: tocar, bailar, escuchar, celebrar o invocar a través del sonido.

Uno de sus núcleos más poderosos es el dedicado a la música celestial. Ángeles músicos acompañan escenas marianas, santos y visiones religiosas en obras donde la música funciona como puente entre el mundo material y lo invisible. En esta sección sobresale ‘La Virgen de la Faja’, de Murillo, una pieza que regresa a España después de haber pasado por galerías y colecciones privadas de París, Alemania, Londres, Japón y Suiza.

El recorrido adquiere un carácter especialmente cercano cuando se detiene en los verdiales y en la cultura popular malagueña. Fotografías, instrumentos tradicionales y barros pertenecientes a la colección de Fundación Unicaja reconstruyen un universo en el que música, territorio y comunidad son inseparables.

En este contexto aparece una de las obras más singulares de toda la muestra: ‘Couple Andalou’, realizada por Picasso en 1899 sobre una pandereta de madera. El instrumento deja de ser únicamente soporte de la música para convertirse también en superficie pictórica. Imagen, objeto y sonido potencial quedan reunidos en una misma pieza, como si la frontera entre las disciplinas desapareciera por completo.

 

 

También pueden verse obras como ‘La copla’, de Julio Romero de Torres; ‘Guéridon devant la fenêtre’, de Picasso; ‘Las tentaciones de San Jerónimo’ y ‘La danza de Salomé ante Herodes’, de Juan de Valdés Leal, o la monumental ‘Personajes de comedia. Alegoría de la música’, de José Denis Belgrano, una composición de cuatro metros de longitud.

La última parte de la exposición regresa a la dimensión espiritual mediante representaciones del Juicio Final, la Gloria y Santa Cecilia, patrona del canto sacro. El itinerario se prolonga incluso hacia el jardín del centro cultural, donde las escenas musicales representadas en su zócalo de azulejos amplían la muestra más allá de las salas.

 

 

‘Y sonó la música’ recuerda que una obra visual nunca es completamente silenciosa. En cada instrumento pintado, en cada cuerpo que danza y en cada partitura conservada permanece la huella de un sonido que ya no existe, pero que la imagen todavía es capaz de activar.

‘Y sonó la música. Iconografía musical en el arte’ puede visitarse hasta el 2 de noviembre de 2026 en el Centro Cultural Fundación Unicaja de Málaga, situado en la plaza del Obispo, 6. La entrada consiste en un donativo solidario de 3 euros. La exposición cuenta con visitas guiadas y, a partir de septiembre, se acompañará de un programa de conferencias y conciertos.

La muestra reúne más de cien piezas y se articula en cinco grandes secciones, con obras de Picasso, Murillo, Ribera, Alonso Cano, Julio Romero de Torres y otros autores. Los datos de visita, horarios y entrada solidaria están recogidos en la información oficial de la exposición.