Anatomía de una bailaora: El Calentamiento de Rocío Molina

19 April 2026 | Texto: Marta Álvarez Howard. | Fotografía: Juanjo M. Fuentes.

 

Esta semana arrancó el ciclo “Flamenco lo serás tú 2026” en el Teatro Cervantes de Málaga con “Calentamiento” de Rocío Molina, y con un sold out muchos días antes del espectáculo, no fuimos los únicos que salimos con la sensación de haber presenciado algo que desborda los límites de lo que entendemos como espectáculo de danza.

La pieza se articula en torno a una idea tan sencilla como poco habitual en escena: el calentamiento, ese momento previo que normalmente permanece oculto. Sin embargo, aquí no es un trámite, sino el núcleo de la obra. Ese “antes” se expande, se dilata y se convierte en un territorio escénico en sí mismo, donde el cuerpo se activa, la mente se concentra y la energía empieza a tomar forma sin necesidad de culminar en un clímax convencional. Es casi como si el espectáculo se negara a empezar en el sentido tradicional, obligando al espectador a replantearse su propia expectativa. Desde ahí, lo que se despliega es una investigación profunda sobre el cuerpo y el proceso creativo. Molina no busca construir una narrativa cerrada, sino abrir un espacio donde se pueda observar el trabajo en bruto: la repetición, el desgaste, la insistencia. Hay algo casi obsesivo en determinados pasajes, especialmente en el uso del zapateado, que deja de ser solo virtuosismo para convertirse en lenguaje, en pensamiento rítmico, en resistencia.

 

 

Aunque cada vez está más superado, pero uno de los aspectos de la propuesta es cómo desmonta ciertos tópicos muy arraigados sobre el flamenco. Frente a la idea simplificada de espontaneidad o de celebración constante, aquí aparece con claridad el rigor que sostiene este arte. El cuerpo de la bailaora se trabaja con una exigencia equiparable a la de un deportista de élite, llevado al límite físico sin perder precisión. Pero, al mismo tiempo, hay una dimensión intelectual muy evidente: cada gesto, cada silencio, cada decisión escénica parece atravesada por una reflexión. Gracias a artistas como Molina, se pone en valor y se ensalza el trabajo de tantos flamencos y flamencas que construyen su lenguaje desde el estudio, la investigación y una dedicación profunda.

 

 

El acompañamiento musical merece un reconocimiento propio, el equipo de cante de voces femeninas, que no se limita a acompañar, sino que dialoga con el cuerpo en escena construyendo una atmósfera que oscila entre lo colectivo y lo íntimo, entre la expansión y el recogimiento.

Destaca especialmente el íntimo momento de Oruco en proscenio: un instante de desnudez escénica en el que todo se reduce a lo esencial y donde la emoción aparece sin artificios. Es un momento de pausa, de verdad, que deja una huella profunda.

 

 

La obra avanza así entre distintos estados, y por momentos adquiere una cualidad claramente onírica, donde Molina se muestra polifacética y muy cómoda haciendo uso de otras virtudes, que no se limitan solo al baile. Como si entráramos en la mente de la bailaora, asistimos a esos espacios de soledad que forman parte del proceso creativo: dudas, miedos, bloqueos, pero también descubrimientos. Hay una sensación constante de estar atravesando algo interno, no siempre cómodo, pero sí auténtico. Y es precisamente en ese tránsito donde surgen los momentos de trance, en los que el cuerpo parece dejar de responder a una lógica racional y conecta con algo más profundo, más instintivo.

 

 

Lejos de buscar la complacencia, la pieza asume el riesgo como parte de su lenguaje. Hay fragmentos que pueden desconcertar, que exigen tiempo y disposición por parte del espectador, pero esa exigencia es también una invitación: la de implicarse activamente, la de abandonar la mirada pasiva y dejarse atravesar por lo que está ocurriendo.

“Calentamiento” no es un espectáculo fácil ni convencional, pero sí profundamente honesto y estimulante. Es una obra que habla del proceso, del esfuerzo invisible y de todo aquello que no suele mostrarse: el trabajo previo, la fragilidad, la insistencia y la búsqueda constante. Una propuesta que no solo amplía los límites del flamenco, sino que también dignifica y pone en valor la complejidad y la profundidad de quienes lo habitan.