Resist! es un libro que late. No se hojea: se siente. Desde la primera página, la mirada se topa con una sucesión de imágenes que funcionan como un rugido colectivo, una constelación de gritos visuales que no han perdido fuerza ni sentido. Publicado por Lars Müller Publishers como parte de la serie Poster Collection del Museum für Gestaltung Zürich, este volumen y editado por Bettina Richter junto a Lisa Bogerts, Silas Munro y el colectivo ASARO, es una especie de museo portátil de la protesta gráfica. Un cuerpo impreso de resistencia.
Los carteles que reúne no se limitan a ilustrar consignas: son documentos vivos. Hablan de cuerpos en la calle, de luchas políticas y sociales que se desplegaron primero sobre el papel antes de ocupar el espacio público. Lo que propone el libro es entender que cada póster de protesta es una traducción del pulso de su época, un espejo donde se refleja la necesidad de decir “no”, de decir “basta”, de decir “aquí estamos”.
A lo largo de sus 128 páginas, este manual revela cómo la estética del activismo ha mutado y sobrevivido. Desde los trazos crudos del expresionismo político del siglo XX hasta las gráficas digitales contemporáneas que circulan en redes sociales, el recorrido es una genealogía de la desobediencia. Cada símbolo se impone como un golpe visual y demuestra su capacidad de adaptación, su permanencia en el imaginario colectivo. Hay una belleza en la rabia, parece decir el libro, y una precisión casi poética en el caos de la calle.
El diseño, fiel a la línea de Lars Müller, mantiene un equilibrio entre rigor y energía. El formato es sobrio, de lectura ágil, pero con la densidad justa para que las imágenes respiren. No hay pretensión de lujo ni distancia académica: el libro tiene la textura de algo que podría haberse impreso en una imprenta popular, pero con la conciencia curatorial de una galería. Cada página parece dispuesta para que el lector se detenga, observe, se incomode, piense. Más que una antología visual, Resist! funciona como una cartografía del inconformismo. Las imágenes vienen de distintas latitudes y movimientos —desde las luchas antifascistas europeas hasta los colectivos indígenas latinoamericanos o los activistas por los derechos civiles en Estados Unidos—, pero todas comparten una misma raíz: la necesidad de ocupar el espacio, de transformar el aire en mensaje. En ese sentido, el libro no sólo documenta la historia de la gráfica política, sino que plantea una pregunta urgente sobre el presente: ¿cómo resistimos ahora, en una era saturada de imágenes y palabras huecas?
Leer Resist! es, de algún modo, volver a creer en la potencia del diseño como acto político. En un mundo donde la protesta se disuelve con la misma rapidez con que se publica un tuit, este libro recuerda que la imagen impresa aún puede ser un arma. Los carteles no están hechos para decorar, sino para desestabilizar, para incomodar a quien los mira. Esa es su belleza y su peligro.
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