“La casa de Bernarda Alba”: Lorca, empoderamiento y dignidad en el Teatro Cervantes
Con motivo del Festival de Teatro de Málaga, el Teatro Cervantes acogió una función muy especial de “La casa de Bernarda Alba”, dirigida por Pepa Gamboa. Lo que se vio sobre el escenario fue mucho más que Lorca: fue un acto de integración, de empoderamiento femenino y de reivindicación cultural. Seis mujeres gitanas de El Vacie —el asentamiento más antiguo de España—, algunas sin saber leer ni escribir y todas sin experiencia previa en el teatro, dieron vida a los personajes de Lorca con una fuerza y autenticidad que conmueven.
La obra, que regresa a los escenarios con la misma energía que la convirtió en un fenómeno social y teatral en 2009, muestra cómo el arte puede transformar vidas. De la invisibilidad y la marginación, estas mujeres pasaron a ser aclamadas en teatros de toda España y reconocidas internacionalmente, recibiendo premios y el cariño del público. Su entrega, valentía y autenticidad no solo rompieron barreras sociales y económicas, sino que también llevaron esperanza y dignidad a toda su comunidad. Sobre las tablas no solo se veía la tensión y el drama de Lorca, sino también un legado de lucha, superación y orgullo gitano que trasciende cualquier escenario.
Verlas actuar en Málaga fue un momento profundamente emotivo. La obra no se limita a narrar la historia de Bernarda y sus hijas; transmite un mensaje de inclusión, resistencia y fuerza colectiva. Cada gesto, cada palabra pronunciada con convicción, recordaba al público que el teatro puede ser una herramienta de transformación social. Aquí, el arte y la vida se entrelazan: la voz de estas mujeres se convierte en un puente entre generaciones, culturas y realidades que suelen permanecer al margen.
“La casa de Bernarda Alba” es, en suma, un ejemplo de cómo el teatro puede ser mucho más que entretenimiento: puede ser un acto de justicia poética, un espacio de visibilidad y un faro de dignidad. En el Teatro Cervantes, la obra brilló con la misma intensidad de siempre, y quienes presenciamos la función salimos conscientes de que, más allá de Lorca, estábamos viendo un triunfo del espíritu humano.

