Joshua Amirthasingh “Tales from the city”

5 December 2025

En una ciudad donde la luz y la bruma parecen ponerse de acuerdo para inventar su propio mito, Joshua Amirthasingh ha encontrado un escenario para la memoria. Tales from the City, su nuevo fotolibro publicado por Nazraeli Press, es más que una colección de imágenes: es una carta visual a San Francisco, escrita con la tinta del recuerdo y la paciencia del observador que aún se maravilla.

Amirthasingh, nacido en India y ahora residente en Estados Unidos, traslada a su obra una nostalgia que no es solo geográfica, sino también emocional. Sus fotografías parecen recordar algo que tal vez nunca existió del todo: la infancia, el hogar, la primera vez que la luz del atardecer se coló entre los edificios y convirtió lo cotidiano en una escena de cine. Esa mezcla de extrañeza y ternura atraviesa las 28 imágenes del libro, impresas en un formato cuidado —papel mate natural, encuadernado en lino— que invita al tacto tanto como a la contemplación. La ciudad que retrata no es la del turismo ni la postal, sino una San Francisco suspendida entre el sueño y la vigilia. En sus calles, la niebla se comporta como un personaje más, envolviendo rostros y fachadas en una atmósfera que recuerda al cine de Wong Kar-wai o al realismo poético de la fotografía analógica. Amirthasingh capta instantes mínimos —un reflejo en el escaparate, una figura solitaria cruzando la calle, un rayo de sol que apenas toca una esquina— y los convierte en pequeñas fábulas urbanas.

Tales from the City es, en el fondo, un ejercicio de mirar despacio. Un intento de rescatar la quietud en medio del ruido, de entender que las historias más hondas se cuentan en los silencios. Su fuerza no está en la espectacularidad, sino en la capacidad de revelar la intimidad de una ciudad que, bajo su neblina dorada, sigue contándose a sí misma.

En tiempos de velocidad y saturación visual, Tales from the City ofrece una pausa necesaria. Es un recordatorio de que la belleza persiste en lo fugaz, y de que la fotografía —cuando se entrega al misterio de la luz— puede seguir siendo un acto de ternura. Este libro no busca deslumbrar, sino acompañar: un objeto para mirar con calma, y dejar que la ciudad, y uno mismo, se revelen poco a poco.

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