Janette Beckman

1 December 2022 Texto: AES Rando. Fotografía: Janette Beckman.


Toda fotografía es un espejo.

A finales del siglo XX y en un contexto de crisis, surgieron varias formas de expresión juvenil que tanto estéticamente como en ciertas actitudes todavía están vivitas y coleando.  Londres estaba en efervescencia, una parte de la juventud estaba empezando a comprender que la vida que les habían prometido y el futuro de progreso eran como mínimo una estafa.

En su fotografía vamos a ver toda esa energía de lo desafiante: punks, skins, rockers ( y cualquier cosa entre medio) en su apogeo, siendo  el centro de lo nuevo.  La forma de fotografiar de Janette siempre ha sido muy orgánica, no se fuerza ninguna situación y los retratados se muestran tal como son, y es ahí donde radica gran parte de su valor que es el de haber sabido transmitir cómo los fotografiados querían ser reconocidos.

El trabajo de Janette Beckman es un espejo donde el reflejo nos sigue hablando de lo que nos hubiera gustado ser; es esa inexplicable nostalgia por las cosas que no hemos vivido.

Janette Beckman visita por primera vez España como invitada del 9º Moments Festival en Málaga:

– Taller Janette Beckman en Escuela Apertura los dias Martes 25 y Miércoles 26 Octubre.
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– Estreno en España de “Rebels”, exposición Janette Beckman en Escuela Apertura el Jueves 27 Octubre.
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Durante gran parte del siglo XX la fotografía documental ha sido la forma hegemónica de representar el mundo y periódicamente se la da por muerta. ¿Cómo crees que ha evolucionado este estilo de fotografía?
JB: La fotografía siempre fue una forma de documentar, de mostrar la verdad, lo que realmente ocurría: en las guerras, en la vida social y familiar, en la política, en las artes, en la ciencia. Con la llegada del ordenador y el photoshop esta verdad puede cambiarse fácilmente. Ya no podemos confiar al 100% en que la fotografía nos cuente lo que pasó. Dicho esto, hay muchos fotógrafos que no alteran sus imágenes y siguen esperando documentar y contar las historias de lo que realmente sucedió. Yo soy una de ellos.

Siempre supiste que querías ser artista y he leído que tu interés comenzó con la pintura, especialmente con la obra de David Hockney. ¿En qué aspectos crees que tu interés por la pintura te ha influido para crear un estilo fotográfico?
JB: Mi interés por la pintura y el retrato me ha enseñado una forma de ver. Sigo yendo a clases de dibujo al natural, es como el yoga para el ojo y el cerebro. La concentración que se necesita para hacer un retrato es muy intensa. Cuando estoy fotografiando a un sujeto no hay nada más que ellos y yo, una verdadera colaboración en ese momento.

 

 

Otro de sus referentes es August Sander y su forma de acercarse a la fotografía y centrarse en la gente corriente, fotografiándola en su contexto. ¿Qué importancia tiene para ti su libro Hombres del siglo XX?
JB: Descubrí a August Sander cuando estaba en la universidad. Saqué el libro de la biblioteca y nunca lo devolví. Hoy está en mi estantería. La forma en que August captaba a la gente corriente era tan sencilla y hermosa. Mi retrato de los gemelos de Islington en 1978 muestra un linaje directo de esa forma de hacer un retrato. Simple, documentando a la persona en ese momento, sigo utilizando ese método hoy en día.

En tus fotografías vemos muy pocas artimañas estéticas. Es directa y no busca el sensacionalismo. ¿Has intentado alguna vez trabajar desde otro enfoque o es definitivamente tu forma de abordar la fotografía?
JB: La autenticidad es muy importante para mí. En los años 80, cuando la fotografía de moda estaba en pleno auge, trabajaba con un estilista de moda en una doble página semanal en una revista. Probamos el procesado cruzado de la película, la iluminación con geles y todo tipo de cosas, pero las mejores imágenes que hicimos fueron en la calle vistiendo a los mensajeros en bicicleta para que montaran con las modelos, en el Big Apple Circus con Tunga el Contorsionista vestido con ropa de club, etc. Personalmente creo que no es necesario mejorar la realidad. Y, por supuesto, soy una gran fan de las imágenes en blanco y negro.

 

 

Tus inicios profesionales comenzaron con la mítica revista Sounds, que te dio acceso a fotografiar a músicos, pero ¿cuándo empezaste a girar la cámara hacia el público?
JB: Cuando estaba en la universidad, fotografiaba a la gente en la calle, en sus apartamentos, en el trabajo, etc. Me gradué justo cuando la escena punk estaba en marcha, trabajé en un club juvenil y fotografié a los chicos: punks y mods. Cuando empecé a fotografiar bandas, también fotografié a los fans, me encantaba su estilo y actitud.

En la revista The Face supiste combinar editoriales de música y moda con artículos de opinión y trabajaste en sus inicios. ¿Qué crees que aportaste a ese medio y qué te aportó a ti trabajar para él?
JB: The Face era una revista increíble. Trataba de la escena, no sólo de las bandas, sino de los fans, de sus estilos que luego las marcas de moda imitarían. La moda viene de la calle, la música y la moda siempre han ido de la mano. The Face también me dio la oportunidad de fotografiar escenas underground, como los clubes de boxeo ilegales, el espectáculo de drags “Alternative Miss World”, etc.

 

 

Al venir de Londres y haber vivido el punk y el reggae, ¿qué similitudes viste? ¿todas las expresiones juveniles son similares?
JB: Tanto el punk británico como el hip hop neoyorquino surgieron de las calles, iniciados por chavales que no tenían “ningún futuro” ni posibilidad de conseguir un trabajo, en tiempos de crisis económica. Nunca utilizamos estilistas para las portadas de los primeros álbumes, las bandas se estilaban a sí mismas, llevaban su propia ropa y a menudo las fotografiábamos en la calle o en mi estudio, sin asistentes; la mayoría de las bandas que fotografié estaban al principio de sus carreras, no teníamos ni idea de que el Hip Hop se convertiría en el mayor género musical.

¿Cómo fue la recepción del hip hop en los medios de comunicación musicales?
JB: El hip hop tardó mucho tiempo en ser aceptado en los medios de comunicación musicales. Era una escena underground. La MTV se negaba a reproducirlo hasta que, finalmente, empezó a emitir Yo!-MTV Raps en 1988. Había muchos fanzines de hip hop, pero no era reconocido por el mainstream. Cuando mi primer libro con el coautor Bill Adler, “Rap Portraits & Lyrics of a Generation of Black Rockers”, salió a la venta en 1991, no pudimos introducirlo en ninguna librería convencional. Nos adelantamos a nuestro tiempo.

 

 

El interés por la cultura juvenil es un fenómeno muy reciente en la historia, que sitúa a los jóvenes en el centro de los cambios. ¿Cree que el concepto de cultura juvenil sigue siendo relevante, o es ya un término gastado?
JB: La cultura juvenil siempre es importante. Ahora se ha trasladado de las calles a las redes sociales. Me encanta la idea de que alguien en Málaga pueda ver lo que ocurre en las calles de, por ejemplo, Uganda en el mismo día.

La fotografía de retrato es aparentemente uno de los ejercicios más sencillos de la fotografía, pero también es un enigma y una de las facetas más complicadas.
JB: No creo que la fotografía de retrato sea tan sencilla. El fotógrafo tiene que aprender a ganarse la confianza de su sujeto, a mostrarle respeto y a componer una gran imagen, a veces todo en cuestión de minutos. No es una hazaña fácil.

 

 

Recientemente se ha reeditado tu magnífico trabajo Hoyo Maravilla, ¿cómo fue la génesis de ese proyecto?
JB: Pasé el verano de 1983 fotografiando a los miembros de la banda Hoyo Maravilla en el este de Los Ángeles. Era un proyecto de pasión y aunque intenté presentarlo a muchas revistas, el Village Voice, Rolling Stone, etc. a nadie le interesó. Un día en 2010 mostré las hojas de contacto a David Strettel en Dashwood Books, le encantaron e hicimos un pequeño libro / fanzine. Ahora está en su tercera impresión. Las imágenes estaban en Internet y fueron vistas por algunas de las personas que había fotografiado en el Hoyo Maravilla, nos encontramos más de 25 años después y vinieron a mi exposición de fotos en Los Ángeles, donde fueron las estrellas de la noche.

¿Crees que la fotografía en libros les da una narratividad que de por sí no tienen las imágenes?
JB: Me encantan los libros. Personalmente, prefiero ver las imágenes en la página impresa que en una pantalla. El propio acto de pasar una página, el tacto y la sensación del papel. Cuenta una historia que tiene una larga duración.

 

 

En tu último libro Rebels vemos una antología de tu obra que es una radiografía de la historia de la cultura juvenil de finales del siglo XX. ¿Cómo crees que ha mutado la cultura juvenil? ¿Ha sido esa creatividad cooptada por el capitalismo?
JB: Por supuesto que la “cultura juvenil” ha sido cooptada por las redes sociales, TikTok, Facebook e Instagram. Antes, las culturas juveniles, como el hip hop, el punk o los mods, tardaban años en consolidarse; primero tenías que ser “conocido” en tu bloque y luego en el barrio, y creo que eso las hacía más fuertes. Hoy en día, a alguien se le puede ocurrir una idea, un estilo, una música en su habitación y 5 minutos después se puede ver en todo el mundo. Puede que el enfoque haya cambiado, en parte debido a los reality shows de la televisión, la gente cree que puede hacerse famosa y rica de inmediato sin trabajar. Dicho esto, las redes sociales han inspirado a los jóvenes a tomar conciencia política de la injusticia social. El movimiento Black Lives Matter es un gran ejemplo: ha cambiado el mundo, ha iniciado conversaciones y ha inspirado revoluciones.

De la “nueva” generación de fotógrafas que documentan la cultura juvenil, ¿cuáles crees que son las más interesantes?
JB: He aquí algunas de las muchas cuyo trabajo admiro: Tawny Chatman, Cristina De Middel, Destiny Mata, Nina Berman, Lynsey Addario, Sue Kwon y, por supuesto, Martha Cooper.

 

 

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