en trance con jorge pardo

31 January 2022 Texto: Redacción. Fotografía: Archivo.


entrevista con el director: emilio belmonte

TRANCE es un viaje al corazón de la música flamenca de Jorge Pardo, un artista esencial para entender la evolución del flamenco contemporáneo. Durante dos años, el director Emilio Belmonte y su equipo acompañan al legendario flautista y saxofonista del sexteto de Paco de Lucía en sus viajes por España y el mundo para conocer a músicos excepcionales (Chick Corea, Niño Josele, Duquende, Ana Morales, entre otros) con el fin de organizar un concierto especial, un espectáculo que se llamará TRANCE. Esta road movie flamenca tiene momentos musicales excepcionales y muchas dificultades para el maestro de la fusión flamenco-jazz. El carisma de Jorge Pardo, su concepción del arte como vida y la vida como arte son el motor de TRANCE, una de las películas musicales más ambiciosas de los últimos años. Tuvimos la suerte de poder charlar con Emilio y que nos contara más de su excelente documental.

Cuéntanos un poco sobre tu labor Emilio. ¿A qué te dedicas? ¿De donde viene tu pasión por el flamenco, la música, los documentales?…
Soy realizador de documentales. Comencé, de forma autodidacta, por el año 2000, cuando ya estaba viviendo en Francia, adonde llegué con una beca Erasmus. El flamenco es una de mis pasiones, que me acompaña desde la infancia. Escucho flamenco casi cada día, me alimenta y me conecta con mis raíces, es una forma para mí de construir y compartir mi identidad. Del cine me enamoré en Valencia, cuando estudiaba en la universidad. Vivía al lado de la Filmoteca, y pasaba más tiempo allí que en las clases.

 

 

¿Cómo conociste a Jorge? ¿Y por qué Jorge y no otro?
Conocí a Jorge a través de Rubén Gutiérrez Mate, un buen amigo en común, quien ha sido uno de los motores de la película Trance. Yo había visto tocar a Jorge ya en los años noventa, en Mojácar, y conocía, por supuesto, su discografía. Jorge no es sólo uno de los músicos más importantes de la historia moderna del Flamenco, sino también un hombre con un discurso sobre la vida que me interesa mucho. Esa afinidad entre nosotros hizo que me decidiera a proponerle esta aventura.Y aceptó. Lanzarse a un proyecto de este calado, sin garantías de éxito, es una cuestión de olfato, de sensaciones. Y con Jorge las tuve, sin dudar un instante. Tengo que resaltar también la labor de Dorian Blanc, productor (¡y segundo cámara!), que nunca bajó los brazos durante la producción. He tenido la fortuna de trabajar con extraordinarios compañeros. Hacer cine es siempre un proceso colectivo. En el caso de Trance, el compromiso de todos fue brutal, a pesar de que éramos muy pocas personas para tanto esfuerzo. Ese compromiso se nota en la calidad de la imagen, del sonido, del montaje. Estoy muy orgulloso de haber trabajado con todos ellos.

 

 

¿Cuándo llega esta idea a tu mente?
Mientras rodaba Impulso (con la bailaora Rocío Molina), la primera película de la trilogía flamenca que intento realizar, ya empecé a darle vueltas a la idea de rodar tres largometrajes sobre el flamenco de nuestra época y sus fronteras; una película de baile, una instrumental, y otra de cante. Soy un gran enamorado de la serie “Rito y Geografía del cante”. Después, entre otros, me interesa el trabajo de Carlos Saura, con “Sevillanas” y “Flamenco”. Hemos querido aportar una piedra más al edificio de la cinematografía flamenca, con la mirada y las herramientas que tenemos hoy en día. En este caso, la fabricación de la película llevó desde finales del 2017 (cuando quedamos Jorge Pardo, Rubén Gutiérrez Mate y yo, en Almería) hasta junio del 2021, cuando estrenamos en el Festival de Cine de Málaga. El guión y el dossier para buscar financiación se escribieron a la vez que comenzábamos a rodar. Un rompecabezas, literalmente. Una mezcla de sprint y carrera de fondo, las dos cosas a la vez.

 

 

Viajas por todo el mundo para hacer el documental de Jorge. ¿Cuánto tiempo te ha llevado y por qué tanto tiempo?
Rodamos con Jorge durante un año y medio, aproximadamente 55 día de rodaje, sin contar los desplazamientos. Es mucho. Hay tres razones principalmente. La primera, que para conseguir la intimidad que se respira en Trance necesitábamos que Jorge y la cámara se conocieran, así como el equipo que me acompaña, normalmente tres personas (director de fotografía, ingeniero de sonido, productor). Los primeros rodajes son un tanteo físico y creativo, para medir distancias y probar diferentes dispositivos de puesta en escena. La segunda razón es que si queremos descubrir la riqueza musical de Jorge Pardo, tenemos que verle tocando con músicos muy diversos, y traducir esa vida de viaje permanente, que es su vida. Siempre le he visto como un cometa que atraviesa galaxias musicales muy diferentes, recogiendo y llevando arte de una a otra. La última razón sería el concierto final de la película, que organizamos nosotros, y que nos empuja a mantener un contacto con Jorge estrecho hasta la fecha del concierto, para no perder las sensaciones que buscamos con la película.

 

 

¿Qué dificultades has encontrado? Tanto técnicas de la realización, como de papeleo, dinero, permisos…
No hemos encontrado ninguna dificultad con los músicos que hemos grabado. Ir con Jorge es muy fácil porque todas las puertas se abren. Recoges el cariño de toda una profesión, que le devuelve la generosidad que él ha demostrado siempre. Dificultades técnicas, las ha habido, aunque yo hablaría más de desafíos. Grabar todos los conciertos por nosotros mismos, por pistas separadas, con la calidad que queríamos ha sido un rompecabezas. El trabajo de nuestro ingeniero de sonido, Arnaud Marten, ha sido duro, pero fabuloso. La otra gran dificultad fue la organización de ese concierto final… Una odisea para encontrar fechas, lugar, músicos. Aunque el manager de Jorge nos ayudó bastante, el proyecto era nuestro, y al mismo tiempo, no sabíamos hacer producción musical para un evento de ese calado. Al final, después de muchas fatiguitas, salió todo bien. A nivel de financiación, el rodaje fue más o menos bien, pero al llegar a la post-producción, nos quedamos sin fondos y esas últimas etapas fueron bastante duras. Rodar un largometraje musical con la ambición que teníamos (estética, narrativa, y técnica) es bastante caro, y corres detrás del dinero desde el primer día hasta el último.

 

 

¿La mayor alegría para ti del documental y el momento quizás mas duro?
La mayor alegría es el entusiasmo de los espectadores que han visto la película en una sala de cine. Es una experiencia de inmersión musical, un viaje de la mano de Jorge muy interesante, y el público disfruta mucho, se sorprende, y reconoce la calidad del trabajo. Esa es la verdadera satisfacción.
Momentos duros… la búsqueda de financiación, las decisiones que hay que tomar cuando las deudas que se acumulan. Esa parte es complicada, muy complicada. Creo que esto lo comparten todos los compañeros que intentan hacer cine desde la periferia, sea ésta geográfica, estética, o de otro tipo. El documental musical puede ser muy desagradecido: es muy caro producirlo, y se le niega a menudo la categoría de obra cinematográfica, reduciéndolo al puro entretenimiento. Trance es más que eso.

¿Qué no has podido meter en la película que te hubiera gustado?
Sin lugar a dudas, un viaje a Bamako (Malí) con Jorge, Carles Benavent, Tino di Geraldo y Raúl Rodríguez, para tocar con el maestro de la kora Toumani Diabaté y sus músicos. Era una secuencia demasiado larga, algo complicada técnicamente, y no fuimos capaces de hacerle sitio en la película. Espero poner al alcance de los aficionados ese material algún día.

 

 

Hay mucha música en el documental, pero no se habla tanto de música, lo cual esta muy bien. Se habla mas del trabajo desde un punto de vista de un currante a diario de la música e industria independiente de este pais tan especial en el aspecto musical.
Jorge y yo teníamos muy claro que no queríamos una película que adulara al personaje principal (Jorge es, al fin y al cabo, un personaje en una película de cine). Queríamos mostrar las luces, y las sombras. Ese punto de vista del que hablas forma parte de su discurso, esa “dulce resistencia a las leyes del mercado”, por la que tanto se le admira, con razón. Esa ética de vida es fundamental. Es una película musical, que contiene una mirada al mundo. No lo parece, pero es una película comprometida. La lucha de Jorge Pardo por existir en medio de la vorágine de la industria musical es una de las claves de Trance.

Creo que la respuesta ya la sabemos, pero queremos saber tu punto de vista…. ¿Hacen mas caso al flamenco en Francia? ¿Qué nos pasa todavía con el flamenco en este país que los genios como Jorge y tantos otros no están todos los días llenando teatros y tocando en festivales de todo tipo de músicas… y tantos otros handicaps que nos encontramos en esta industria?
No sé cómo responder a esa pregunta sin caer en tópicos. Evidentemente, el flamenco necesita y merece mucho más reconocimiento en España. A veces tengo la sensación de que los artistas tienen que recoger las migajas que caen de la mesa de otros. Es una aberración, el flamenco es un arte popular y culto al mismo tiempo, con un prestigio en el extranjero del que a veces carece en nuestro país. Por supuesto, lo tiene en Francia, donde se le respeta muchísimo. Es una responsabilidad compartida por parte de la sociedad, los medios de comunicación, y los poderes públicos. La cultura es necesaria para cualquier sociedad, por lo que tiene de memoria, identidad, sueño. A pesar de lo que digo, creo que el flamenco, artísticamente, está viviendo una edad dorada, recogiendo los frutos del trabajo, entre otros, de Paco de Lucía y su sexteto, del que como sabéis, formaba parte Jorge. Con el flamenco no podrá nadie, es una expresión artística visceral, en parte irracional. Y esa potencia puede con todo.

 

 

Esto creo que también tiene algo que ver con la pregunta anterior. Jorge es un genio, y considerado uno de los mas grandes en el jazz y el flamenco a nivel mundial. Eso todos lo sabemos, pero nos resulta curioso que los premios que tiene le vienen dados del mundo del jazz y de la música innovadora, y no del flamenco (a excepción del premio moments donde si se tenia en cuenta un peso enorme en el flamenco). ¿No te resulta al menos curioso que desde el flamenco con el gran referente que es, aun no se le haya dado un premio/homenaje?
De los premios poco puedo decir yo, ni sé quién los da, ni qué intereses hay por medio en cada caso. El pastel del flamenco es pequeño, por desgracia, y hay otros muchos artistas con talento que merecen esos premios. Decía el novelista William Faulkner: “el arte, como la pobreza, cuida a los suyos y comparte su pan”. Pues en eso estamos. Lo que puedo decir es que a Jorge le quieren mucho los aficionados al cante, sean vanguardistas o apegados al flamenco “tradicional”. Ese reconocimiento lo tiene.

 

 

¿El espectáculo del final de Trance se crea con motivo del documental o quizás al revés? ¿Nos puedes contar mas del proyecto, quienes participan, la idea, etc… si podremos disfrutarlo mas a menudo…?
Ese espectáculo final lo proponemos nosotros como parte de la trama narrativa. Se hizo en el Suma Flamenca, en Madrid. Vinieron todos los artistas a los que pudimos invitar y que estaban libres: Carles Benavent, Tino di Geraldo, Enriquito, Ambi Subramaniam, Antonio Serrano, Bandolero, Ana Morales, Bego Salzar, Javier Colina, Edmar Castaneda, Israel Fernández, Niño Josele… Una maravilla, realmente. La idea era contar en la película cómo Jorge se lanza a a búsqueda de esos músicos, y otros que no pudieron venir, y a través de esa road-movie (un poco a la manera de Los Siete Samurais, de Kurosawa), ver las dificultades que tiene Jorge para realizar ese proyecto, y también el tremendo abanico musical que atesora el maestro, con la flauta, y el saxofón, a través de esos encuentros y viajes. Queremos editar el concierto completo, cuando se pueda…

 

 

¿Crees que algún dia Jorge nos sorprenderá con una gira en toda regla sobre un proyecto exclusivamente suyo exclusivamente (no acompañando a otros como en su dia fue Paco o Chick)? ¿Por qué?
Esa pregunta debería responderla él. Jorge ya ha liderado bandas, por supuesto, y girado con ellas. Aunque es cierto que lo que a él más le llena es vivir como sin ataduras, y su compromiso está siempre del lado de la música, no del ego, ni de la organización, ni de la previsión. Pero insisto en que habría que preguntarle a él, y tal vez no esté de acuerdo con lo que digo.

Y la pregunta del millón y con esto nos despedimos: ¿cómo es el dia a dia de Jorge? ¿Vive como un marajá o no para de arriba abajo? ¿O ambas cosas? (risas)
Jorge no para, eso lo sabe cualquier aficionado o artista que le conozca. Puede dar 100 conciertos al año, colaborar en 20 discos, grabar sus cosas, ¡y hacer una película! Si tuviera que resumirlo diría que Jorge vive como toca, y toca como vive.

 

 

Emilio Belmonte

 

 

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