Víctor Frías

30 March 2017 Texto: Francisco Daniel Medina. Fotografía: Archivo.


Los versos de la medusa

‘Un escritor tiene que escribir, es algo que puede sonar muy obvio pero es así’.

Víctor es de Málaga y, a pesar de que es aún bastante joven, cuenta ya en su haber con tres novelas publicadas: Entre Acantilados, El instinto y Los versos de la medusa. De todos modos, creo que en su caso concreto el calificativo de novelista se queda corto porque Víctor no solamente escribe novelas sino que hace críticas de cine, es cofundador de un blog de viajes y también cultiva el género poético. Ante todo, es un amante de las historias de manera que, como él mismo nos revelará a lo largo de la siguiente entrevista, lo que más le apasiona es que le cuenten historias y contarlas, historias que hagan pensar y que emocionen, al margen del formato empleado para ello. Sus novelas se caracterizan por hacerle una autopsia a la realidad cotidiana: por ser capaces de otear con lupa la sociedad contemporánea en la que nos hayamos inmersos; por todo ello nos interesaba entrevistarle en Staf, para que nos ayudara a entender un poco mejor este mundo en el que todos estamos conectados pero seguimos teniendo, paradójicamente, grandes dificultades para comunicarnos.

Los versos de la medusa sigue una tradición de novela social cultivada por autores que van desde Miguel Delibes, Luis Martín Santos, el propio Cela, hasta llegar a autores más actuales como Rafael Chirbes o Belén Copeghi. Tu novela trata una serie de temas cargados de denuncia social: violencia de género, bullying, corrupción urbanística. ¿Te sientes cómodo con la etiqueta de novela social? Si no es así, cuéntanos algo acerca de tus referentes más inmediatos.  
Me siento cómodo con esa etiqueta, al fin y al cabo, escribo  sobre personas y emociones principalmente, por lo que resulta inevitable encajar ahí, y como te digo me siento cómodo. Me abruma la relación que haces con monstruos como Delibes o Cela, de ellos leí  “El camino” y “Viaje a la Alcarria”. Supongo que dejaron su huella, especialmente, El camino, que es una historia muy sencilla e íntima, pero muy emotiva. En definitiva, un niño y su miedo a empezar una nueva vida.
Respecto a las influencias he de decir que junto con esta vertiente social, hay una corriente que proviene de la novela de misterio que leí en mi adolescencia donde Agatha Christie, Edgar Alan Poe, Arthur Conan Doyle y Stephen King me llevan a dotar a mis historias de un lado “oscuro” que rodea la trama social y emocional de mis novelas. Esta es la base desde la que he crecido, ahora trato de aprender de otro tipo de historias como las de Antonio Soler o Juan José Millás. Me interesan otro tipo de enfoques como Tan Twan Eng, Haruki Murakami, la literatura rusa y la nueva novela escandinava. Quiero averiguar a donde me lleva todo eso.

 

 

El tema de la incomunicación es capital en tu novela. ¿Cómo casa esto con el hecho de que tengamos más herramientas que nunca para estar conectados?
Desde luego es un auténtico problema porque estamos permanentemente tomando decisiones en base a suposiciones. Carecemos de empatía y autocrítica. En consecuencia, valoramos las palabras y decisiones de los demás, las juzgamos, y en base a ese juicio de valor, decidimos. Y todo eso, sin sentarnos a hablar con el otro tratando de entender lo que tiene que decir.
Las redes sociales, whatsapp, etc… efectivamente nos conectan más y está bien, se recuperan amistades antiguas gracias a ellas.  Pero también eliminan el lenguaje no verbal del modelo de comunicación generando multitud de malentendidos. No sabemos en qué tono se hace un comentario, si se trata de una broma o una ironía. Se ha vuelto terriblemente importante si alguien le da o no al “me gusta” de tus publicaciones de facebook. Valoramos en base a ello la sinceridad de su amistad. A su vez, interpretamos los motivos por los que un amigo ha hecho una publicación. Si la ha hecho para molestarnos o no. Es una versión extendida de lo que comentaba antes. Valoramos, juzgamos y tomamos decisiones sin llegar a conocer la realidad.
El problema no está en las formas de comunicación, que todas son válidas, si no en nosotros mismos y el uso que hacemos de ellas.

Articulas una trama llena de giros que hacen que un capítulo te pida arrojarte sobre el siguiente y así hasta el final. ¿Premeditas esto antes de sentarte a escribir? ¿Piensas en el lector y en cómo puedes manipular sus emociones?
Hay cosas que se buscan, como dejar un capítulo con una pregunta sin respuesta, o un desenlace por resolver. Eso sí. Pero no pienso en manipular las emociones del lector, sino en que las emociones de los personajes sean veraces y calen en él. Sí dejo cosas en el aire para que el lector las interprete o las imagine a su manera. Que cree su propio universo.

 

 

La novela encierra un poemario. ¿Qué función desempeñan los versos en la novela?
La primera función que cumplen, la más intuitiva, es que es el medio de expresión de Paula, uno de los personajes. Es una muestra de que, a veces, en una situación en la que parece que la comunicación es imposible las personas buscamos los caminos para hacerlo. Y nuestras emociones están ahí, en el caso de Paula, en sus poemas. Si alguien escribe poesía y lees lo que escribe es probable que puedas llegar a conocer de él lo que no puede contarte con palabras. El poemario escondido en la novela cuenta las emociones de Paula. La libreta de las pastas azules en la que escribe se convierte en un espectador de la historia, y casi que cobra vida protagonizando el diseño de portada.

Volviendo al tema de la comunicación el cual nos conecta inevitablemente con el lenguaje, utilizas diferentes registros literarios en función del personaje que esté hablando. ¿No ha sido esta tarea un poco esquizofrénica?
Sí, un poco sí, porque tenía que hacerlos hablar en mi mente cada vez que comenzaba un diálogo. Así que, por ejemplo, reproducía la fonética de Graciela, la chica argentina, para poder escribir esos sonidos. Igual con los personajes malagueños. La verdad es que ese truco me sirvió bastante.

Otro punto que me parece interesante es que, cada escena, es vista desde diferentes puntos de vista con lo cual la visión del lector se va completando. Usando un símil cinematográfico, es como si empleases varias cámaras colocadas en diferentes posiciones para grabar la escena desde diferentes ángulos. ¿Tiene este recurso que ver con tu pasión por el cine?
Creo que sí, inevitablemente. Puede que vea más cine que libros leo. En definitiva, lo que me gusta es que me cuenten buenas historias en el formato que sea. Creo que eso hace que mi forma de escribir sea muy cinematográfica. Aparte de esto, lo de contar lo que pasa desde el punto de vista de cada personaje para mostrar la realidad completa, es una forma de mostrar esa idea de la comunicación, de que valoramos las cosas que pasan de forma sesgada. Al contarlo así, podemos ver en qué se equivocan los personajes y en qué no, a la hora de interpretar lo que hacen y dicen los demás.

 

 

Siguiendo con el tema del cine, no puedo dejar pasar la oportunidad de preguntarte por tu pasión por el séptimo arte: cuéntanos algo acerca de tu faceta de crítico cinematográfico.
Llevo 11 años cubriendo el Festival de Málaga para el periódico digital www.alhaurin.com y para mi web, mundo minúsculo. Como te decía antes, me encantan las historias bien contadas y en este tiempo me he encontrado con un montón de películas que me han tocado la fibra sensible, de las que he aprendido cosas de la vida y de cómo contar historias. Me ha dado la oportunidad de conocer mucho mejor el cine español y valorarlo. El cine es una máquina de comunicar, de transmitir emociones a través de la imagen y el sonido. Escribir sobre eso y compartir las películas que me emocionan con los lectores es una oportunidad única. Una vez más, un modo de comunicarse.

¿Nunca te has planteado escribir guiones?
Sí me lo he planteado, pero es algo que me produce mucho respeto. Hace poco me dijeron que los escritores podíamos escribir cualquier cosa excepto un guión. Si lo haces, tienes que tener en cuenta que luego se pueda rodar. Pero sí, escribirlos es una asignatura pendiente para mí. Creo que necesito la formación para conocer la técnica antes de escribir un guión.

En el teaser has contado con un colaborador de lujo, el director de cine malagueño Enrique García. ¿Cómo surge esa colaboración?
Ese es uno de los sueños hechos realidad con la novela. Cuando la escribes, la publicas, empiezas a pensar en la presentación, la promoción, etcétera. Hoy por hoy tener un teaser, un booktrailer, es básico para eso. Conozco a Enrique desde pequeños porque éramos vecinos. Él siempre ha sido un apasionado del cine y nos invitaba a ver pelis en su casa. Con los años cada uno tira por su lado, nos veíamos en el festival, hablábamos, pero con cierta distancia. Cuando pensé en él para hacer el teaser me pareció una quimera y que me diría que no; sin embargo, cuando se lo propuse aceptó a la primera y el resultado es una maravilla. Le estoy muy agradecido.

Creo haberte oído hablar en alguna ocasión de tu intención de escribir una saga. ¿Estoy en lo cierto?
Bueno, más que una trilogía es una serie que se compone de mis tres novelas publicadas hasta ahora; Entre Acantilados, El Instinto y Los versos de la medusa, más al menos otras cuatro novelas que ya están proyectadas. De manera que todas ellas, aunque con tramas independientes, comparten personajes a modo de spin off de serie de televisión, de manera que puedes averiguar qué pasó con aquellos que fueron protagonistas en su momento, como otros personajes secundarios tienen su propia novela, creando un pequeño universo de vidas que se mezclan, dándoles continuidad, porque cada historia de cada personaje tuvo un antes, un durante en el que son protagonistas y un después, porque su vida continua. ¿Cuántas novelas formarán la serie? Eso es impredecible, puede que tanto como los personajes y las historias quieran crecer.

 

 

Cuáles son tus planes a corto plazo. ¿En qué proyecto estás inmerso?
Ahora estoy inmerso en mi cuarta novela, construyendo la estructura, diseñando personajes, haciendo que ese proyecto siga creciendo. Aplicando lo aprendido, lo que Los versos de la medusa me ha enseñado, del feedback que me dan los lectores. Dar a conocer mi trabajo para crear un público fiel, siempre con la idea de hacer un trabajo serio y profesional.

Internet y las nuevas tecnologías ofrecen al autor un abanico de posibilidades. Creo que tú eres un buen ejemplo del modo en que estas herramientas pueden ser explotadas en beneficio del escritor. Háblanos de tu web Mundo Minúsculo y del blog en el que compartes tus viajes.
Un escritor tiene que escribir, es algo que puede sonar muy obvio pero es así. Mundo minúsculo me da la oportunidad de hacerlo con continuidad, y compartir con los lectores ese trabajo inmediato que surge de forma más rápida que una novela. Relatos, poemas, etcétera. Por otra parte, está el proyecto de viajes www.espaciomasinstante.com que he creado junto a mi buen amigo José Manuel González de la Mota, en el que fusionamos literatura y fotografía para compartir nuestra experiencia viajando, mi otra pasión.
Ambos proyectos me permiten escribir de forma continua algo que es básico en mi opinión. Además, supone un reto creativo tanto a la hora de generar ideas como por la versatilidad que te da, tanto en los temas como en las formas de contarlo, porque tienes que tener la capacidad de contar cosas de formas distintas para que el contenido sea variado y entretenido, que siempre sea novedoso.

Cómo ha sido tu experiencia publicando con Ediciones del Genal.
La experiencia ha ido muy bien. Jesús Otaola, mi editor, te lo hace todo fácil. Tengo que agradecerles su contribución para que el resultado sea el que es, algo serio y profesional que no desentona en el mercado literario. Nuria Ogalla, maquetadora del libro y diseñadora de la portada, ha jugado un papel fundamental en todo esto. Ojalá Ediciones del Genal y yo podamos llevar adelante el proyecto, creciendo juntos.

 

 

 

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