The Bellrays

7 abril 2016 Texto: Angel Ignacio. Fotografía: José Casado Díaz-Faes.

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Entre el punk-soul y la nada

Kafe Antzokia. Bilbao, 8 de abril de 2016

Por encima de cualquier otra consideración, The Bellrays es ya el proyecto personal de la peculiar pareja que forman Lisa Kekaula y Bob Vennum. El es un guitarrista brioso y eléctrico, que no marca distancias estilísticas ni estéticas con los ¿compañeros de generación?, que se dieron a conocer desde el laboratorio de punk melódico desarrollado en Los Angeles durante la década de 90, bajo el ala protectora de Bad Religion y el sello Epitaph. Canijo de corte anglosajón y pelo algo revuelto pero sin pasarse, sobrio pero nervioso, gafapasta discreto, de amplia cultura musical y deportivas de hardcore grunge californiano. Ella es un volcán de negra presencia, pelazo ensortijado y mollas inevitables. Un vozarrón de pequeña y oronda fémina, embutida en cuero -también negro- relleno de flotadores que nunca se plantearon una quirúrgica liposucción.

Lo digo porque, a estas alturas, ni ellos mismos ocultan la evidencia de ser un dúo que se rodea de una base rítmica cambiante con los años y los discos. En este caso giran con lo que los fans de la banda denominan la sección rítmica europea. Es decir, los elegidos esta vez son Pablo Rodas (a la guitarra baja) y Maxi Resnikosky (a las baquetas) –ambos compañeros en su proyecto paralelo Lisa and The Lips-. Y no es menosprecio, quede claro que en el Antzoki ambos cumplieron sobradamente con su misión y, por momentos, demostraron gran entusiasmo en la labor. Al fin y al cabo son dos buenos músicos. Por aquí está salvada la partida. Pero se juntan más factores, también hay que tener en cuenta la importante baja que en su día ha causó Tony Fate, autor –hasta su marcha- de casi todos los temas que encumbraron al grupo.

 

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Un abandono más que reseñable. Ya que, por el lado positivo, propició que Vennum dejara el bajo en los conciertos y se dedicara en exclusiva a las guitarras, tarea que ha ido consolidando con el tiempo y en la que –visto el concierto de Bilbao- cada vez parece sentirse más cómodo. Pero otra cosa es la falta de canciones nuevas. No hay duda de que en eso, Bellrays se han visto afectados negativamente. La prueba es que ya han pasado seis años desde su último trabajo de estudio y el anunciado retorno discográfico para este 2016, “Covers” tiene solo seis cortes. Todos ellos, como su título indica, versiones. Algo cojea. Por cierto, no entiendo el porqué de apartar del setlist del bolo los dos temas que, en mi modesta opinión, son los que parecen más interesantes del nuevo disco: “You Took Me By Surprise”, de The Seeds y “Living For The City”, de Stevie Wonder.

Ya metidos en la actuación, decir que entre el público -que quiso estar a la altura y consiguió que el Antzoki registrara una buena entrada- había un poco de todo. Estaban los curiosos que empezaban a conocer a los californianos y también los fans entregados que se saben todas las canciones del cuarteto (diría que incluso las que están por llegar). En todo caso, la mayoría de los asistentes eran gente del rock&roll, que les conoce de sobras. Y que se movían entre la curiosidad y las ganas de ver un show, más como el de los primeros tiempos que como en visitas más recientes -en las que no consiguieron desplegar toda la fuerza de su propuesta musical-. Y no fue ni una cosa ni la otra. Bellrays hicieron una correctísima actuación. Un concierto enérgico y bien tocado pero que parecía pender de un hilo en ciertos momentos.

Y que se desarrolló en tres fases. La primera de ellas fue un despertar a lo Ramones para quitar legañas y meterse al personal en el bolsillo (“Black Lightning”, “Mine All Mine” y “Maniac Blues”… sin pausas). Objetivo conseguido. Luego amainaron, versioneando a Cheap Trick (“Dream Police”) y echando vista atrás con “Pinball City” (tema del ep del 99, “Fireballs Of Freedom”, mejorado luego en “Hard Sweet And Sticky”, 2008). Para completar con “Perfect” (¿un tema nuevo?). La segunda fase –la central- consistió en un, a veces, especulativo desarrollo de ideas varias, en la que enfrentaron con dudas el dilema Bellrays ”punksoul or classical rythm&blues?”, y que el público en ocasiones “premió” con murmullos de desatención. Y aunque la Kekaula se bajó de la tarima para darse un buen paseo por toda la sala, también esos momentos de ninguneo terminaron por encrespar el carácter de la cantante, que recriminó indignada al gallinero.

 

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Al final, el combate se resolvió a los puntos gracias a muchos temas de su disco de 2011, “Black Lightning” (“Anymore“ -muy soul-, “The Way”, “Power To Burn”, “Living A Lie”, o la muy himno “Everybody Get Up”)… y a dos más de “Hard Sweet And Sticky” (“Infection” y “Coming Down“). En la última fase del bolo no tomaron riesgos. Demostraron ser perros viejos y volvieron a empalmar canciones sin tregua, explotando las versiones habituales de Led Zeppelin (“Whole Lotta Love” y Black Sabbath (“Never Say Die”), y agarrándose de nuevo al “Black Lightning”, con una irresistible “On Top”. Para los bises también revisaron el álbum “The Red, White And Black”, de 2003 (con “Revolution Get Down” y “Sister Disaster”) y dieron lo mejor con “Blues For Godzilla” (“Let It Blast”, 1998), que el personal coreó con entusiasmo. Así como dos homenajes más: “I Don’t Need No Doctor”, de Ray Charles o el inevitable “Highway To Hell”, de AC/DC.

Ejercieron de grupo telonero los chicos de La Hora Del Primate, banda bilbaína en la que suman esfuerzos gente que está o ha pasado por bandas como Cápsula, Los Paniks, o los magníficos Atom Rhumba. Cumplieron sin grandes problemas su protocolo de teloneros, arrancando a toda castaña y sin dar tregua a lo largo de sus cuarenta minutos de actuación. Aportaron grandes dosis de caos punkarra con evidente y desparramada sobreexcitación –en especial, su cantante y teclista, José Ramón-. Algo así como si de unos Mars Volta muy pasados de vueltas se tratase… O cortos de vuelos, según el punto de vista de cada espectador. Su actuación dio para todo tipo de valoraciones. Desde los que apreciaron su excelente y agresiva actitud desde el minuto cero, hasta los que se preguntaban cuál era la razón de contar con un saxofonista que apenas suena (puede que por defectos de sonido, puede que por la misma estructura interpretativa del grupo). Por medio estaban los que se mostraban un poco hartos de la tendencia al uso –y abuso- de los disfraces de simio últimamente (sobre todo si perjudica la audición del cantante del grupo). Ahí queda. En cualquier caso, habrá que dar tiempo al tiempo y dejar que asienten su directo. Habrá que estar atentos a ver cómo evolucionan.

 

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En cuanto a The Bellrays parece obvio que siguen enfrentándose a una encrucijada estilística. Esas mareas que se mueven entre el rock, el rythm&blues y el soul no son nuevas, pero están magníficamente surfeadas por montones de bandas de todos los lugares del mundo. Algunas llegan a ser superventas e incluso fenómeno de masas. El lugar de fusión para Bellrays en el panorama musical -bien ganado-, navega entre la música negra de los 50-60’s y los sonidos más duros o distorsionados (el punk o el hard rock). Lejos de esta combinación corren –y seguirán corriendo- el riesgo de perder a su público. No hay que volverse loco, ahí está el ejemplo de Bad Brains. A menos que Bellrays estén visualizando en un futuro próximo la posibilidad de pirarse a otros mares, para atraer a una audiencia mucho más amplia y doméstica.

Pero claro, esto no sucede de la noche a la mañana. En la aldea global del siglo XXI, cada estilo tiene marcadas sus raíces y padres, sus nativos y sus emigrados, sus hijos pródigos y sus estrellas emergentes. El gran público de los sonidos negros bailables o cantables -ese que devora la música de Prince, Amy Winehouse, Otis Redding, Joss Stone, Aretha Franklin, Tina Turner o Pharrell Williams… según el caso y los gustos-, es duro de sorprender. Y sin el soporte de; un concurso televisivo, un aspecto guapo y aseado, una gran compañía (de discos o refrescos de cola), o una convicción más que firme; es un camino bastante vetado. De la misma forma que el público del r&r está muy curado de espanto y no le sorprenden las deserciones, pero tampoco perdona bien la falta de definición… Sabe que siempre hay mil combos por descubrir. ¿Cara o cruz, Bellrays? Está en vuestras manos.

 

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