SEXO, ESCORTS Y LA HIPOCRESÍA

23 November 2016 Texto: Redacción. Fotografía: Archivo.

Sales a la calle como cada día, andando con prisa mientras piensas en tus cosas. Te paras en los semáforos, esquivas los coches y te pierdes entre la muchedumbre vigilando no rozarte con nadie, sin cruzar una simple mirada (ni con hombres ni con mujeres) y reprimiendo tus instintos más primarios para encajar en una sociedad que nos premia por seguir a la masa. Sin embargo, siempre acaba sucediendo algo imprevisto que nos obliga a abrir los ojos de par en par y nos advierte de que el mundo en el que vivimos no es tan aséptico como nos cuentan los telediarios, los periódicos de finanzas o los boletines radiofónicos.

Entonces depende de nosotros actuar en consecuencia o seguir viviendo en una mentira. El eterno dilema entre los sueños perfectos que promueve Hollywood con las películas de Julia Roberts o la cruda realidad que tan bien ejemplificaba la escena de la pastilla azul y roja en “Matrix”. Porque, a veces, la ciencia ficción también puede ser un puñetazo en la mandíbula que nos haga reaccionar sobre las cosas indecentes que impregnan nuestra sociedad y que nadie se atreve a criticar por miedo al rechazo.

Esto mismo es lo que consiguió hace unos meses el fabuloso spot del Salón Erótico de Barcelona, que empezaba con la contundente frase: “Me llamo Amarna Miller, soy actriz porno y nací en un país hipócrita donde la misma gente que me llama puta se pajea con mis vídeos“. Un inicio salvaje para un vídeo que critica el arte teñido de sangre del toreo, la falsedad de la iglesia, la corrupción política avalada por las urnas, la crueldad de los desahucios frente a la impunidad de los bancos, la doble moral de los medios frente a la inmigración y la situación denigrante que viven las prostitutas (en un país donde no para de aumentar el número de clientes en busca de sexo efímero) o incluso la homofobia imperante en las altas esferas deportivas.

Al ver este video uno se da cuenta de que estamos buceando en las entrañas de un país corroído por los problemas morales, que se debate entre ofrecer una imagen de corrección política frente al mundo (y frente a la Comisión Euiropea que nos rescata de vez en cuando), pero que vive envuelta de pecado en la intimidad más absoluta. ¡Qué levante la mano el primero que no se haya escondido alguna vez!

Y lo más divertido del asunto es que esta campaña publicitaria tan mordaz ha sido perpetrada por los responsables del Salón Erótico de Barcelona, seguramente el gran escaparate nacional a la hora de normalizar el consumo de contenidos sexuales y de acercar al público masivo otras maneras de disfrutar del placer carnal. A esta iniciativa se suman otras plataformas online especializadas que están contribuyendo a normalizar la industria del sexo sin caer en tópicos ni en zonas comunes, como es el caso de Erosguia. Una alternativa cada vez más popular para todos aquellos que desean adentrarse en el erotismo y la sensualidad sin fronteras, simplemente para pasar un rato inolvidable.

Todas estas propuestas se han convertido en un paso de gigante hacia la normalización de los tabús que nuestra sociedad arrastra desde tiempos inmemoriales y que ya huelen a rancio en pleno siglo XXI. Tal como cantaba La Casa Azul en su gran hit, es el momento de la revolución sexual.

 

 

 

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