Pinkish Black “Bottom of the Morning”

10 enero 2016 Texto: Pedro Rodriguez. Fotografía: Archivo.

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Pinkish Black, la banda superviviente de the Great Tyrant saca su tercer álbum de estudio con Relapse, “Bottom of the Morning” (2015).
Lo curioso y simple del simbolismo de este nuevo álbum que podemos comentar en primer lugar es lo que parece ser sospechosamente un escatológico juego de dobles sentidos en los títulos que dan nombre al disco y sentido al arte de la portada : bottom of the morning = pedos mañaneros en jerga, Brown rainbow = sexo anal + gama de colores ocres en muchos sentidos. Aunque el bonus track titulado “New Dawn Fades” (se desvanece el nuevo amanecer) no parece insinuar nada. Pero también puede haber un homenaje a dos artistas invitados Chuck y Tamara Cauble Brown (trompeta / trombón y violín respectivamente). De todos modos esto no es lo principal.
El dúo tejano de Jon Teague (batería y sintetizadores) y Daron Beck (teclados, voces y más sintetizadores) han remarcado desde su álbum homónimo de debut en 2010 y de “Razed to the Ground” (Century Media 2013) que en “Bottom of the Morning” el estilo maníaco y experimental jazzero ha quedado disuelto en unas composiciones rítmicas más a caballo entre el doom y el gótico más tradicionalmente industrial y post-punk (a mi manera de ver marcado principalmente por el pulso artístico de Beck).
Es cierto como se ha dicho que el álbum parece un viaje de ácido, tanto por la fusión musical como si las atmosferas de pelis de terror a lo John Carpenter (total en el principio de “Burn my body”) se cruzaran con los Melvins, como por el avance en las letras de los temas (Oscuridad especial – estoy totalmente ido – quemad mi cuerpo – todo debe desaparecer…). Lo cierto es que parece que la banda en toda la complejidad de trayectoria desde The Great Tyrant está cada vez más claramente definiendo su personalidad musical entre tantas influencias, fusiones y experimentaciones. Entre la contundencia de los ritmos de la batería han construido unos sintetizadores con un sonido grueso y metálico con el que jugar con la solidez de un bajo (“Special Dark” y “Everything must Go”). O bases arrastradas como en “I´m all Gone”, que parecen poner los discos de los Sleep en primera posición de la mesa de trabajo en un abrazo claro al doom, brillantemente rematados con capas de efectos y teclados. (7)

Relapse

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