PAJARO SUNRISE

16 April 2017 Texto: Txema Mañeru. Fotografía: Archivo.


MATANDO DOS PÁJAROS DE UN TIRO

Llevamos mucho tiempo gozando de la incontinencia creativa del leonés Yuri Méndez Jr., alías PAJARO SUNRISE. Ahora parecía que había aflojado la marcha tras su “disco alemán y electrónico”, “KULTURKATZENJAMMER” (Lovemonk) que sacó en 2013. No estaba quieto, eh. Producciones varias, algún libro, colaboraciones, música para anuncios,… Sin embargo, el pasado año se nos destapó de nuevo con 2 LPs dobles y en menos de 6 meses. En “OH MY (Lost Songs 2006 – 2016)” recupera inéditos y jugosas versiones (Bruce Springsteen, The Beatles, Johnny Cash, The Replacements, Bill Withers) de su primera década de trayectoria. En el más reciente “THE COLLAPSE” le produce y ayuda el gran Bart Davenport y entre los músicos vuelve a brillar el gran y polifacético Charlie Bautista. Ambos, como el resto de su trayectoria en el fantástico sello Lovemonk en el que también figuran artistas destacados con recientes e interesantes trabajos como Gecko Turner, Forastero o el británico Chip Wickham. Debíamos charlar con Yuri sí o sí.

Lo hemos comentado brevemente en la introducción, pero bueno. ¿En qué has andado metido desde tu anterior disco, “Kulturkatzenjammer” hasta este pasado 2016 en el que no tuvimos discos nuevos tuyos?
Por un lado creo que estuve viviendo, que absorbe lo suyo y, por otro, durante este tiempo trabajé mucho haciendo música para publicidad, giré un poco fuera de España, traduje El Sonido y la Perfección de Greg Milner, grabé Resiliente con Hovik Keuchkerian -probablemente el disco más difícil que he hecho en mi vida-, e hice colaboraciones sueltas como Taste of Love para V.I.C.T.O.R., el primer LP de Golden Bug.

Sin embargo, el pasado año y en menos de 6 meses dos extensos LPs dobles. ¿Cuándo publicaste “Oh My (Lost Songs 2006 – 2016)” supongo que ya estaría avanzado o pensado “The Collapse”,no?
Terminé The Collapse a principios de febrero de 2016 y, supongo que en parte por inercia y en parte porque mi vida estaba en un momento complicado, seguí escribiendo y grabando canciones: es un buen refugio. Una mitad de Oh My está formado por canciones antiguas -quería conmemorar de alguna manera los 10 años de Pajaro Sunrise y había un montón de grabaciones inéditas que me gustaban mucho y no quería perder- y la otra mitad son canciones escritas en distintos momentos entre 2014 y abril de 2016.

Muchas de estas canciones no eran fáciles de conseguir. ¿Eso te ha motivado a sacarlas juntas o ha sido más bien idea de Lovemonk?
En Lovemonk me lo pusieron muy fácil para editarlo, pero del mismo modo que en su momento decidí no publicar esas canciones porque no sabía cómo encajarlas en los discos que les hubiesen correspondido, reunirlas todas en un álbum y dar otra versión de la historia fue cosa mía. Por algún motivo siento ese disco tan coherente como los demás; no es un disco de descartes; simplemente cuenta una historia que no había podido o no había querido contar antes.

Por cierto y ya que hablamos del sello. ¿Estarás contento con las ediciones tan chulas que hacen en vinilo y sus contactos internacionales?
Sí, claro. Y sobre todo estoy contento de que después de once años haciendo cosas juntos sigamos entendiéndonos tan bien. Aunque un día la relación discográfica termine, es gente a la que quiero mucho y eso es lo que más importa.

¿Por otro lado supongo que será un orgullo compartir sello con Chip Wickham, Gecko Turner, Bart Davenport y semejantes monstruos? ¿Alguno de ellos está entre tus favoritos actuales?
Conocí Lovemonk gracias a Gecko: me gustaba mucho Perroflauta, su anterior grupo, y sabía de la existencia de Lovemonk porque publicaron su primer disco en solitario. Por otro lado, soy fan de Bart Davenport desde antes de que existiese Pajaro Sunrise. Muy fan. En mi lista de músicos infravalorados hasta el absurdo Eef Barzelay y Bart Davenport están en la parte alta. He tenido la suerte de grabar algunas cosas con Chip y, aunque estilísticamente estemos lejos, me parece un tipo excepcional y un músico increíble que se acaba de marcar un discazo muy serio. Más que un orgullo, es una suerte teneros ahí cerca a los tres.

 

 

En este punto también quería preguntarte si conoces a David Kitt o a The Tallest Man On Earth. Oyendo estas canciones me he acordado algo de ambos. Kitt en los temas con más electrónica y el sueco en los más desnudos y orientados al folk?
Recuerdo escuchar el Shallow Grave de The Tallest Man on Earth en 2008 o 2009, pero no nunca llegó a engancharme, quizá porque desde la adolescencia no he vuelto a escuchar mucho folk y probablemente no me pilló en el momento más receptivo. A David Kitt me temo que lo conozco sólo de nombre, pero me lo apunto.

Supongo que el Boss también te mola mucho. Creo que hiciste versión de su “Hungry heart” y este “I’m on Fire” suena realmente cálido…
Durante muchos años tuve una relación de amor-odio con Springsteen (y mientras escribo esto, casualmente suena su parte en Street Hassle de Lou Reed). Sus discos fueron la razón por la que empecé a escribir canciones, pero con el tiempo me fui alejando y, de paso, construyendo un muro de prejuicios entre su música y la música que pensaba que debía escuchar y hacer. Hungry Heart era probablemente la canción que menos me decía de sus primeros discos hasta que un día, con 29 años, entendí de golpe de qué hablaba la letra y el dolor que había ahí concentrado; creo que hasta ese momento había vivido demasiado poco como para ser capaz de darle un contenido. Desde entonces he intentado reconciliarme con él, con su música y con todo lo que le debo. I’m on Fire es una canción terrible sobre la angustia, no sólo sexual; no hubiese sido capaz de escribir nada que describiese con tanta precisión ese sentimiento y sólo hacía falta darle el enfoque musical de pesadilla que ya está implícito en la letra.

Te atreves también con Johnny Cash, The Beatles, tu lado más soul con Bill Withers y otros con menos renombre como The Penguins. Pero me ha encantado “Swingin’ Party” de The Replacements. ¿Qué opinas de ellos y un poco en general en qué te fijas a la hora de versionar artistas o canciones?
Cada versión suele responder a obsesiones del momento, a canciones que encajan perfectamente con algo que siento. El caso de Guess Things Happen that Way es parecido al de I’m on Fire: es una letra terrible y creo que quitarle el barniz country la deja completamente al descubierto y le da un peso nuevo: hay una resignación muy dolorosa ahí. Swingin’ Party es en realidad una versión de una versión: la de Kindness en su primer disco y es posible que simplemente la grabase con el teléfono mientras me la aprendía. Earth Angel me gusta muchísimo desde que era un crío, como casi toda la música de los ’50 -la primera versión que grabé en mi vida fue Domino, de Roy Orbison-; Girl fue un encargo para un disco homenaje por el aniversario del White Album; Just the Two of Us también es mi manera de darle otro sentido a una muy buena letra que puede quedar un poco escondida en un envoltorio amable. Como te digo, cada una tiene sus motivos.

No conocía y me ha encantado “Tiny hearts make big plans”. En este y algunos otros temas me da por pensar que los R.E.M. también pueden ser un grupo relativamente importante para ti…
Lo cierto es que no, al menos conscientemente. De adolescente escuché bastante Monster, pero creo que de buscarle referencias, están más bien en Tom Petty y en el alt-country de finales de los ’90 (Jack Ingram, Steve Earle, Owen Temple, Pat Green…) que en R.E.M. Creo que los primeros años con coche marcaron mucho una forma de escribir canciones que por lo general evito, precisamente porque no me cuesta, y Tiny Hearts está dentro de ese grupo.

La mayoría de los temas están grabados en solitario si no me equivoco. ¿Por qué has recuperado estos temas y no otros y por qué trabajas tanto en solitario?
Repito esto todo el tiempo, pero para mí grabar música tiene algo parecido a jugar solo con juegos de construcción de niño. Por supuesto que me gusta tocar con otros músicos, pero cuando grabo busco algo que no necesariamente tiene que ser lo más bonito ni lo más perfecto ni lo mejor tocado y la mayoría de las veces no sé bien qué es hasta que no lo escucho. Tiene mucho de reto personal, de buscar un lenguaje propio, y hacer música con otros tiene muchas ventajas, pero en ese sentido se vuelve más complicado. El motivo de recuperar estas canciones está, sobre todo, en que en su momento no se quedaron fuera porque las considerase peores, sino porque narrativamente no sentía que encajasen en los discos que les correspondían. Extrañamente, me parece que en Oh My si encajan todas juntas, quizá porque la historia que cuenta el disco es precisamente una que abarca un espacio de tiempo mucho más amplio. No sé si la imagen es pertinente, pero si cada disco uno de los otros discos es un océano, diría que Oh My está hecho de ríos.

 

 

En “Filthy Paycheck” te ayudo Pepe López. ¿Fue él también el que te empujó a utilizar más a menudo la electrónica o fue también por necesidad al no poder contar a menudo con todos los músicos que quisieras?
Pepe y yo empezamos Pajaro Sunrise como un dúo de música electrónica. Creo que ése era nuestro terreno común y donde mejor nos entendíamos, pero no pienso que ninguno empujase al otro. Es probable que aunque la escribiésemos juntos, Pepe grabase todos los instrumentos de Filthy Paycheck -es un músico increíble, infinitamente más hábil que yo- y yo me encargase de las voces y de los efectos extraños en las mezclas. Pero esa canción se quedó fuera del primer disco donde sí estaba Rosesgrow, que también es completamente electrónica y en la que yo grabé casi todo. Siempre he tenido la suerte de encontrar gente dispuesta a grabar conmigo cuando me ha hecho falta, así que no puedo culpar a la necesidad. A pesar de que no puedo negar que a veces es más cómodo, el principal motivo para usar instrumentos electrónicos es que el sonido en sí me interesa tanto como la música -ni siquiera veo mucho sentido a diferenciar una cosa de la otra- y la electrónica permite un grado de experimentación al que es difícil de llegar cuando la mayoría de lo que haces está grabado en una habitación minúscula de un piso normal.

Por cierto, y antes de hablar ya de “The Collapse”, ahora dos discos dobles, “Done / Undone” también lo fue. ¿Te motiva mucho este tipo de formato? ¿Qué discos dobles te han marcado más en la creación de tu rico y variado background musical? Supongo que “The River” o “Blonde On Blonde” pueden ser algunos de ellos…
Cuando cumplí doce años me regalaron The River y The Wall, dos discos dobles que me marcaron -sobre todo The River-, y siempre he pensado que tiene que haber alguna relación entre una cosa y la otra. Pero creo que sobre todo se debe a que durante ciertas temporadas escribo muchas canciones y que hay algo en mí que tiende a buscar siempre las dos caras de cualquier historia. En todo caso, cada álbum reclama su propio enfoque y tanto el primero como Old Goodbyes son dos discos bastante cortos con más canciones descartadas que incluidas, así que diría que depende del momento.

Con “The Collapse” es inevitable hablar de Bart Davenport. Preséntanoslo un poco tanto como productor, como, sobre todo, como músico.
Como te decía antes, soy muy fan de Bart desde su primer disco. Además de una enciclopedia andante del pop, como compositor y como guitarrista en sencillamente prodigioso. Siempre ha sido un misterio para mí por qué no tiene mucho más reconocimiento, pero estoy convencido de que si todavía hay justicia en este mundo tarde o temprano le llegará.

Además de Bart, el trabajo de Charlie Bautista, sobre todo con un montón de teclados y sintetizadores es para quitarse el sombrero. ¿Cómo consigues implicar así a un músico de su categoría?
Charlie ha estado presente en prácticamente todos los discos de Pajaro Sunrise desde Done/Undone, muchas veces buscando huecos inverosímiles para poder venir al estudio y grabar un hammond increíble o el arpegio de banjo preciso que faltaba para que una canción estuviese completa; incluso intentamos hacer un EP/LP juntos hace unos años (Laura May viene de aquellas sesiones) para el que nos faltó tiempo material. Habría que preguntarle a él por qué lo hace, pero me siento afortunado de que sea así y sólo puedo expresarle mi agradecimiento infinito por tenerle ahí haciendo su magia. En The Collapse nos repartimos el trabajo de sintes, pero los buenos son suyos, claramente.

Me gustaría analizar tema por tema, pero sería muy largo y aburrido. Me han encantado temas como ese precioso folk del siglo XXI para empezar titulado “Into The Sunset”. ¿Estaba totalmente pensado que fuera el inicio del disco?
Grabamos Into the Sunset en directo el único día que coincidimos todos en el estudio de Punta Paloma y para mí condensa el espíritu de aquellos días. Una vez que la historia del disco empezó a tomar forma en mi cabeza, tuve claro que Into the Sunset iba a ser la primera o la última canción: habla de una situación límite, de despedidas que se posponen demasiado tiempo y de la necesidad de empezar algo nuevo y ésa es la rendija por la que entra la luz en el resto del álbum, al menos temáticamente, y también una de las claves de interpretación.

 

 

En “This is not now” la melodía tiene algo de Galaxie 500. El folk de “Way Too Far” viaja de Simon & Garfunkel a Bon Iver. El pop de “Baby Talk” o “The Comeback” puede encantar a los fans de Fleetwood Mac. ¿A lo mejor el doble “Tusk” también es otro de esos dobles que te han podido gustar mucho?
Los discos de Galaxie 500 y Simon & Garfunkel están entre los más importantes de mi vida, pero aunque sí llegué a Rumours -muy tarde-, de Fleetwood Mac me marcaron los discos con Peter Green y aquello era un grupo completamente distinto. Supongo que la influencia de Fleetwood Mac, si me ha llegado, ha sido indirectamente a través de grupos similares de los ’70 o la hornada de grupos de Los Angeles de los últimos seis o siete años (una de las facetas de Ariel Pink, por ejemplo). Sin olvidar, claro, el peso que tienen en Baby Talk las guitarras de Bart Davenport y el tono que le dan. The Comeback en origen era una canción electrónica, en algún punto entre Arthur Russell y Paul McCartney en los ’70, que acabó bastante transformada en el estudio.

La final “Eurohop” tiene aromas al blue eyed soul de Stevie Winwood o Hall & Oates. Parece que el soul también te gusta en toda su amplitud…
Quizá haya un poco de eso, sí. Creo que he escuchado mucha más música negra que blue eyed soul y, en el caso de Eurohop, sé que el origen está entre William Onyeabor -aunque no lo parezca-, y el eurodance de los ’90 que me gusta con locura. Eso sumado a las guitarras de Bart y a cierto terreno común de yacht rock acaba llevándolo a otro sitio completamente distinto. Supongo que ésa es la ventaja de no saber imitar, que todo se mezcla y da exactamente igual lo que pretendas hacer, acaba sonando a otra cosa.

Perdona mi abuso de excesivas referencias. Por otro lado quiero constatar tu personalidad cada vez más propia en melodías ya marca de la casa como las estupendas “Man’s the only bird who has no feathers” o “Schiphol”. ¿También muy buen trabajo de guitarras en ellas?
Entiendo la búsqueda de referencias porque yo también lo hago continuamente; es inevitable comparar lo que escuchas con los discos que ya conoces y buscar relaciones. Al fin y al cabo el pop tiene mucho de tomar unos pocos elementos y barajarlos una y otra vez: lo fantástico es que no deje de producir cosas nuevas. Las guitarras en esas dos canciones son combinaciones de Bart, Shawn Lee, Charlie Bautista y alguna mía; lo sorprendente -y lo bueno, supongo- es que sigan siendo coherentes a pesar de la mezcla de músicos.

Por cierto tus letras también están muy cuidadas y quizás por ello están impresas en el libreto del disco. ¿Sobre qué tratan, un poco en general, las de “The Collapse”?
Creo, sobre todo una vez que ha ido pasando el tiempo y empiezo a verlo en perspectiva, que el disco entero habla del desarrollo de una ruptura en todos los aspectos: sentimental, vital, laboral… Del derrumbamiento de un orden y de un proyecto de vida y de la incertidumbre del futuro. De perderlo todo y tomar conciencia de la necesidad de volver a empezar sin ninguna idea de cómo ni por dónde; del dolor de la pérdida y de la búsqueda de una luz en algún sitio que indique el camino que seguir. De agotamiento, en fin, y de la necesidad de aceptar y seguir adelante.

Me sorprendió mucho el disco “Resiliente” de Hovik Keuchkerian. ¿Creo que te implicaste a fondo en él? ¿Habrá algún otro disco con él?
Hovik es un tipo increíble y sus textos también lo son. Ponerles música ha sido, en cuanto a grabaciones, lo más difícil que he hecho en mi vida: por la extensión, por el peso de sus palabras, por la responsabilidad de no estropear con elementos innecesarios unos poemas que me gustan horrores y por la necesidad de aportar algo que le diese sentido a la presencia de la música cuando con su voz se basta y se sobra para conmover a cualquiera. Creo que Resiliente fue -como todos los discos pero un poco más incluso- hijo del momento y no puedo decir que no volvamos a hacer algo así, pero por ahora lo veo como el punto loquísimo en el que nuestras vidas se cruzaron antes de seguir sus propios caminos.

¿Qué otros trabajos me recomendarías entre tus últimas producciones y colaboraciones?
Sólo he colaborado en una canción pero V.I.C.T.O.R., de Golden Bug, me parece un disco fantástico que merece atención.

Ya para acabar. ¿Cómo está el asunto en cuanto a conciertos? ¿Tienes movimiento a la vista o en qué andas ahora metido tú que nunca paras?
Desde el pasado otoño hemos estado tocando casi de continuo, sobre todo en formato pequeño (Javier Jiménez y un servidor); en abril y mayo llegarán los últimos conciertos con banda (Donosti, Zaragoza, Barcelona, Madrid, Santander y León) y, si no cambia nada, ése será el final de The Collapse. No tenemos oficina de contratación y estamos fuera de los festivales, así que cuando llegue el verano será el momento de comenzar a preparar algo nuevo o de tomarme un descanso o de lo que quiera que me pida el cuerpo para entonces. El colapso ha terminado, pero la incertidumbre sigue ahí…

 

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