Menche & Mamiffer “Crater”

3 marzo 2016 Texto: Pedro Rodriguez. Fotografía: Archivo.

Los bosques del Pacífico Noroeste están considerados de los más extensos y tupidos de Estados Unidos. Sus abundantes lluvias y veranos templados junto con dos de las especies de árboles más altos (Coast Douglas y secoyas) ha creado unos paisajes de bosques frondosos que suben y bajan las múltiples cordilleras montañosas de la región como si fondeáramos las simas abismales de un enorme océano verde, donde la luz entra tenue y lenta.
Este escenario ha sido el templo de inspiración donde durante cuatro años se han encontrado Daniel Menche y el dúo Mamiffer formado por Aaron Turner y Faith Coloccia. Su trabajo, 6 temas de drone elevado a la catarsis religiosa presentados como “Crater” (Sige records, 2015).
La presencia de las herramientas y hábitos comunes de cada uno de los miembros del proyecto son reconocibles (especialmente las hermosas melodías de teclado de Faith). Pero al igual que la materia prima del escenario es parte del sonido, la misma idea de exploración geográfica es la que va presentando su mapa sonoro.
Calyx (la envoltura más externa de una flor).
Husk (la cobertura verde o membranosa que cubre algunas frutas o semillas).
Alluvial (terreno formado a partir de materiales arrastrados y depositados por corrientes de agua).
Breccia (un tipo de roca compuesta de fragmentos rotos de minerales).
Exuviae (cutículas o cubiertas abandonadas durante la muda por insectos o crustáceos).
Maar (un cráter volcánico originado por una explosión cuyo interior a quedado cubierto de agua).
Elementos naturales comunes en un basto paisaje. Abstracción musical donde aislar lo humano y situarse en el polo opuesto de la conciencia individual. Vibraciones frías y ocres que acerquen la humedad de la piedra y la lentitud del clima al oído. Tres artistas que han comulgado música muy cerca de la sencillez del silencio, y han sacado mucha belleza de un entorno casi infinito, donde las almas pueden perderse fácilmente al ser tan minúsculas, de modo que parece que los músicos, como monjes budistas, han aniquilado su subjetividad y se han vaciado para captar más y mejor. No hay ansiedad, no hay rabia, no hay brutalidad ni locura. Solo la atemporalidad de la montaña y sus bosques, aquello que es casi eterno y vivo y no necesita ni es nada humano. (8)

Sige

 

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