Lole Montoya y Alba Molina

13 July 2015 Texto: Rojas Arquelladas. Fotografía: Daniel Perez. Teatro Echegaray.

Teatro Echegaray. Málaga. 4 de Julio

LOLE Y ALBA, SIN MANUEL.

Cante: Lole Montoya y Alba Heredia. Guitarra: Joselito Acedo

La melancolía volvió a llevarme el sábado 4 de Julio al malagueño teatro Echegaray. Hacía pocos meses atrás había disfrutado, en mi Granada adoptiva, de un rato de charla con Manuel Molina. Palabras y frases las que intercambiamos como dos viejos amigos que únicamente habían tratado escasos minutos por teléfono. Ahora, que uno de los maestros del flamenco, del nuevo flamenco o de, simplemente, el arte, ya no está entre nosotros, me gusta asomarme más todavía a todo lo que sea su legado o parte de su biografía. Cerquita de casa podía disfrutar de su hija Alba y de la que fuese, duramente muchos años, pareja artística y sentimental, Lole Montoya. Ambas con repertorios separados pero acompañadas, únicamente, por el toque polivalente y acertado de Joselito Acedo.

 

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Alba, de negro riguroso, rompió fuego con ‘Bésame mucho’. La Molina presentó credenciales de crooner, de artista capaz de dar personalidad propia a temas que otros han hecho eternos. Todo en base a un punto de desgarre flamenco y un recorrido por diferentes tradiciones del folklore sudamericano u otros senderos universales como los del soul o el funk. Tras cinco temas, dos de su propia autoría, cedió el centro del escenario a su madre, Lole. La cantante – cantaora parecía incómoda por alguna enfermedad lumbar que ni siquiera le permitía agacharse a coger un botellín de agua que demandó en dos ocasiones a Acedo. Parte de faltas aparte, brindó un recital breve pero intenso del que sobraron unas alegrías donde guitarrista y cantaora parecieron jugar a cosas diferentes.

 

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Otro tema del repertorio en solitario de Lole, con un pie en lo flamenco y otro en lo andalusí, si engatusó a un público, que, sin duda, había ido a escuchar temas movidos por el recuerdo de Lole y Manuel. De ellos sonaron ‘Érase una vez’, ‘Dime’ y ‘Romero verde’ – dedicado a la memoria de su autor por la Montoya – en un repertorio que se completó con la eterna ‘Todo es de color’ en un bis solicitado mientras se encendían las luces del teatro. Fueron las dos últimas composiciones citadas donde Lole se encontró más cómoda y más flamenca, con esa voz que es capaz de enamorar a los que dicen que no les gusta el flamenco. Aquí nos dio tres apuntes de ‘quejío’ respondidos con ‘oles’ sabios por cierto sector de la afición malagueña. Hay voz y ganas de volver a escucharla.

 

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