Guadalupe Plata

28 junio 2015

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¡Estos cabrones no cambian nada y ni puta falta que hacen! De momento su fórmula mágica tiene resultados reconfortantes porque, aunque no inventen la rueda, entregan buenas canciones con historias concisas pero que se adentran en tu interior. Sí, siguen haciendo blues arcaico y rudimentario, pero suena a siglo XXI y por eso han logrado (merecidamente) una gran cantidad de público juvenil. Además siguen siendo poseedores de uno de los mejores directos que se pueden escuchar en la actualidad.
Su nuevo y tercer disco sin título de nuevo, ya se conoce como “Guadalupe Plata III” (Everlasting Records / PopStock!) y estará en todas las listas con lo mejor del 2015 seguro. Sus claros, sencillos y, a veces, contundentes mensajes se apoderan de cualquiera con un mínimo de sensibilidad. Y solo hablan de serpientes, gatitos, malas mujeres, ratas, perros o del diablo más malvado.
Como siempre, en su caso y en Everlasting Records, hay guapa edición en vinilo donde apreciar mejor esa ilustración, sencilla como su música, basada en la tumba de T-Model Ford, uno de los últimos bluesmen auténticos que quedaban. Arrancan el nuevo disco con su “Tormenta” particular con formas inquietantes y buscando pelea con ecos en su tornado sonoro. Siguen con guapo piano y aires al más agresivo Howlin’ Wolf o John Lee Hooker en “Huele a rata” y clavándote su puñal con olor a rata. Suenan más acelerados con aires Cramps en “Calle 24” y en la que nos cantan como “Una vieja mata un gato con la punta del zapato en la Calle 24”. Ya ves, sencilla pero efectivas rimas.. También saben sonar más insinuantes y calmados, pero siempre amenazantes con sus “Serpientes negras” mordedoras. Tenemos más animales en “Hoy como perro” en la que añaden que mañana también. Tienen tiempo para oscuros instrumentales como “Filo de navaja” para cerrar la cara A. La cara B se abre con algo más de psychobilly titulado “Mecha corta”. Se sumergen en un panto realmente sucio lleno de “Agua turbia” y con gran misterio en la instrumentación. En “Hueso de gato negro” nos azoran contándonos “La maté en agosto, me afectaba el calor, 1500 balas sin compasión”. Pero, al igual que en sus actuaciones, se guardan lo mejor para el final. “Tengo el diablo en el cuerpo” es un aterrador final con esos quejíos tan propios entre el blues vetusto y el flamenco que rezan así. “Hoy tengo el diablo en el cuerpo, hoy me atormenta el deseo”. ¡Es difícil sacarse el diablo del cuerpo al escucharlos, así como es difícil que no te atormente el deseo de volver a disfrutarlos en sus especiales y auténticos conciertos! ¡Grandísimos!

Txema Mañeru

 

 

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