CHARLIE MUSSELWHITE

4 March 2017 Texto: David Moreu. Fotografía: David Moreu.

Jamboree Jazz Club. Barcelona. 9 de marzo de 2017

Barcelona está saturada de festivales de música (y también de apartamentos buscando licencia turística), por este motivo es excepcional cuando una leyenda del blues de Chicago decide hacer una residencia de dos noches seguidas en un pequeño club como el Jamboree antes de dejarse tentar por los eventos masivos del género que cada vez ocupan más escenarios de la ciudad. Sólo por esto, la visita de Charlie Musselwhite ya era una noticia que los amantes de la música de raíces afroamericanas tenían marcada en la agenda desde hacía meses. Aunque nadie podía imaginar que la velada superaría con creces todas las expectativas puestas en el veterano maestro de la armónica.

La segunda noche empezó lentamente, mientras el sótano de la Plaza Real se iba llenando de caras conocidas de la escena más negra y de otros tantos extranjeros que aprovecharon su paso por Barcelona para comprar entradas en el último minuto. Incluso algunos músicos habituales de la ciudad se mezclaron entre el público para disfrutar de un espectáculo que no todos los días recala en la Ciudad Condal. Y, como aperitivo, los más avispados prestaron atención a la maleta de armónicas del artista norteamericano, estratégicamente colocada al lado del pie de micrófono y que estaba decorada con decenas de pegatinas de los Hell Angels y de Clarksdale (el pueblo de Mississippi donde supuestamente nació el blues). Un detalle que ya desprendía aroma de autenticidad y de savoir-faire, incluso antes de haber tocado una sola nota.

 

Prescindiendo de formalismos y de gestos impostados, la banda al completo apareció al escenario cinco minutos pasadas las 20:00. Enchufaron los instrumentos, Charlie Musselwhite eligió su primera armónica de la noche entre aplausos y atacaron el primer tema con un sonido apoteósico. Desde el fondo de la sala, los riffs de guitarra llegaban nítidos y crudos (siempre menos es más en este género), el bajo retumbaba con clase, la batería era una apisonadora que marcaba el trote al ritmo de Chicago y la armónica se asemejaba a una locomotora que transita una vía mil veces recorrida, pero que todavía encuentra diversión en cada nota que escupe. Pero si hubo una cosa que llamó realmente la atención por inesperada, fue la voz del legendario bluesman. De todos es conocida su habilidad en la armónica, pero teníamos olvidada su capacidad de aprovechar sus registros vocales para transmitir veracidad. Al fin y al cabo, lo más importante de un género tan narrativo y pasional como es el blues.

Curtido en los clubes de Chicago en los años 60 y en las salas de conciertos de San Francisco en los años 70 con los hippies a su pies, Charlie Musselwhite sabe dosificar perfectamente las emociones a lo largo del espectáculo para no caer en la monotonía de tantos compañeros de generación que siguen en activo. A esto contribuyó de manera espléndida una banda formada por tres jóvenes que aún no habían nacido cuando el bluesman nacido en Kosciusko (Mississippi) empezó a soplar la armónica en 1962, pero que se notaba que habían mamado esta tradición y sabían llevarla a otro nivel. Durante una hora y quince minutos fueron LA banda de blues y Charlie Musselwhite pudo jugar con su estatus de estrella, dar un paso atrás para disfrutar de los solos de guitarra y tener todo el espacio necesario para volar con su solos de armónica.

 

¿Y qué podemos contar del repertorio? Como no podía ser de otro modo, clásicos propios, clásicos ajenos (“Bad Boy” de Eddie Taylor y “Gone Too Long” de Billy Boy Arnold), versiones espectaculares (con guiño a Stax Records incluido) y un bis memorable con “Cristo Redentor” que tomó proporciones épicas gracias al trabajo de armónica y a la complicidad de la banda.

Una noche mágica de blues que logró convertir el Jamboree en un auténtico juke joint de Mississippi durante poco más de una hora y sorprendió hasta los más escépticos que no creían en el estado de forma de esta leyenda. Charlie Musselwhite está en plena forma, su armónica suena como nunca y él conoce perfectamente su legado, aunque tiene la mirada puesta en el futuro. Por este motivo esperamos con muchas ganas otra gira por estas latitudes y el nuevo álbum que ha grabado junto a Ben Harper (seguramente para el año próximo).

 

 

 

 

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