Carrete de Málaga. 60 años bailando

5 July 2015 Texto: Rojas Arquelladas. Fotografía: Daniel Pérez. Teatro Echegaray.

Teatro Echegaray. Málaga. 1 de julio

Baile: José Losada ‘Carrete de Málaga’. Cuadro de baile: Luisa Chicano, Laura Triviño y Ana Fernández. Cante: Amparo Heredia ‘La Repompa’ y Chelo Soto. Guitarra solista: Joaquín Losada. Guitarras: Antonio Soto y Luis Santiago. Percusión: Antonio Heredia ‘Yaya’.

 

 

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Carrete superstar.

He dejado pasar unas horas desde que vi bailar por tercera vez a Carrete. En esta ocasión era en su tierra, que aunque algunas veces se me olvida, también es la mía. Tanta ternura y tanta verdad percibí en su espectáculo que no pude hacer otra cosa que emocionarme. Cuando conoces su vida, todo se magnifica, todo crece a mejor, aunque lo expuesto en el teatro Echegaray fue notablemente meritorio por sí mismo. En José Losada algunos únicamente ven a un cómico con arte, un pícaro del baile flamenco que da sus últimos coletazos sobre los escenarios. Error. Carrete es un bailaor que lleva en su arte todo lo vivido, desde las miserias de su infancia hasta el cariño de sus vecinos de Torremolinos, esos que lo saludan a diario cuando pasea a su perro Gazpachuelo. Quizás por eso sea tan sincero este ’60 años bailando’, al menos cuando su protagonista toma la escena por completo o sobre un tablón de apenas un metro cuadrado. Así empieza el espectáculo, bailando a la crudeza de la toná y la seguirilla, interpretando la seriedad de los palos con todos los poros de su cuerpo y haciendo propias cada una de las letras que Amparo ‘La Repompa’ cantaba para él. Sin duda fue Amparo uno de los componentes más acertados de un cuadro donde, especialmente chirrió la interpretación clásica al toque de Joaquín Losada, hijo de Carrete.

 

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Quizás por los nervios o por la emoción, o quizás por estar fuera de un contexto tan íntimo como personal. Pero volvamos a nuestro hombre y unos méritos que levantaron al público en cada una de sus coreografías. Bailó como quiso y lo que quiso, casi sin guión, improvisando hasta cuando uno de los cordones de sus zapatos blancos se desató. El arte no entiende de edades y así lo vimos en un hombre que más cerca de los ochenta que de los setenta, hace ejercicios de pies propios de jóvenes que quieren lucirse por alegrías o es capaz de acercarse al lenguaje de silla y bastón de su más cercano Manolete. Se sentía a gusto y, hasta en la sobriedad, del taranto, tuvo que sonreír. Era su noche y estaba arropado por algunas de sus alumnas al baile; todas sobradamente cumplidoras pero destacando por flamencura y sensualidad Luisa Chicano, una de las firmes promesas del baile femenino malagueño. Atrás Chelo Soto tuvo algunos apuntes ‘jondos’ aunque le faltó rematar tercios en diferentes ocasiones para cuajar una mejor velada. Se notó que estábamos ante un estreno de un espectáculo que merece la pena que ruede por el bien de un hombre que igualmente merece ya un gran homenaje en su Torremolinos, con Gazpachuelo incluido y ese meneo de caderas que sacó para cerrar velada por rumbas mientras lo paseaba. Si de joven su ídolo era Fred Astaire, a su edad, artistas como Chayanne o Ricky Martin podían aprender mucho de su contoneo ¡Cómo le vean conquista América!

 

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