THE LIBYAN CROSSROADS
Pasaje Mortal a Europa 2011-2020

6 April 2021 Texto: Pablo Belice. Foto portada: Reparto de alimentos en un centro de detención exclusivo para hombres en Milita, cerca de Zauiya.


Entrevista con Ricardo Garcia Vilanova 

{english below}: The Libyan Crossroads es una inmersión fotográfica a través de las impactantes imágenes del fotorreportero Ricardo Garcia Vilanova en las historias humanas de personas refugiadas y migrantes cautivas en un país, Libia, convertido en un violento rompecabezas político, y punto de partida de un viaje, a menudo mortal, hacia Europa.
Plasma con dureza el sufrimiento y la resistencia de las personas en ese periplo migratorio: desde su situación extrema en un país devastado por las tres guerras desde 2011 y sus centros de detención hasta su travesía en el Mediterráneo central en embarcaciones muy precarias, y posterior rescate, por barcos humanitarios europeos.

 

Samir, de ocho años, de Somalia, mira por la ventana del buque de rescate Astral de la ONG Open Arms, mientras que otros refugiados y migrantes descansan en su ruta hacia Lampedusa durante una tormenta con vientos de hasta 65 km/hora, que sin duda hubiera significado la muerte de todos ellos. Libia, con sus 1770 kilómetros (1100 millas) de costa sumida en el caos, se ha convertido en un centro de inmigración ilegal hacia Europa. Los migrantes se dirigen en desvencijados botes en travesías imposibles hacia Lampedusa, a unos 300 kilómetros de la costa.

 

Refugiados y migrantes en el interior de un autobús en un centro de deportación de Trípoli, de la Anti-Illegal Immigration Agency, dependiente del Gobierno de la capital

 

¿Qué responsabilidad, en su opinión, tiene Europa en esta crisis de refugiados que parten de Libia?
Tiene la responsabilidad inicial porque ha pagado justamente por evitar ese problema, está transfiriendo un problema que es propiamente nuestro (porque al final esas personas tratan de llegar a Europa) y lo que ha conseguido o se está consiguiendo con esa política es convertir el Mediterráneo en el cementerio de miles de personas; lamentablemente, eso sigue siendo a día de hoy la tónica que marca la política que está tomando Europa en relación con toda esta problemática, a pesar de la COVID-19 y de muchas otras circunstancias. Los Estados de la Unión Europea se lavan las manos y así condenan a los migrantes a vivir sin derechos. Parecía que el impacto de la COVID-19 iba a frenar el flujo migratorio irregular, pero no ha sido así. De hecho, bajo pretextos tales como falta de infraestructura, logística e incluso razones sanitarias, se toman decisiones, en nombre de la pandemia, que coartan la libertad individual, no solo en cuanto a los migrantes y refugiados, sino a todos los niveles. Hemos sido testigos de ello, por ejemplo, durante la primera ola de la COVID-19, en la que se denegó el acceso de los medios informativos a los hospitales, alegando motivos de seguridad. Lamentablemente, creo que se trata de un camino sin retorno.

¿Dónde cree que reside la solución a este problema, en el acogimiento de refugiados sin límite, o luchando contra las mafias que trafican en origen?
Creo que la solución reside básicamente en dos puntos principales; el primero, trabajar en países de origen, es decir, estudiar, sobre todo, y desarrollar esas políticas que permitan en esos países de origen contar con unas condiciones de vida mejores justamente para que estas personas no tengan la necesidad de escapar de conflictos, hambrunas o situaciones económicas precarias en las cuales se encuentran y que no les permiten sobrevivir; el segundo sería desarrollar una economía circular, que permitiera generar oportunidades económicas y proporcionar beneficios, de manera que esas personas pudieran trabajar y viajar libremente a Europa y así, de esa forma, reinvertir sus ganancias en proyectos, negocios propios o en sus propias familias.

 

Hospital de Kario en Darfur, de la ONG Médicos Sin Fronteras. En la imagen pesan a un niño de Sudán del Sur para su control médico (Sudán)

 

Sirios en el campo de refugiados de Al Hawl, procedentes de la ciudad de Deir ez-Zor, de donde tuvieron que huir por los combates que asolaron la ciudad durante varios años (Siria)

 

Ha mostrado en varias ocasiones su pesimismo en relación con el futuro de la profesión de fotorreportero en conflicto bélico. ¿Como imagina que será el perfil de este profesional de aquí a 10/20 años?  
Creo que dejará de existir como tal; el gran problema, en mi opinión, es que la sociedad ya no está interesada en ese tipo de información porque obviamente cada vez menos se quiere pagar por tener acceso a ella, básicamente se nutre de las redes sociales y sobre todo porque no exige esa veracidad, esa confirmación de fuentes que antes existía por la responsabilidad que tenían los propios medios al enviar a sus corresponsales y crear sus propias noticias. Ahora todo funciona por agencias, justamente por ese motivo, para evitar costes de producción o posproducción; lo que está sucediendo es que solo tres o cuatro medios tienen la capacidad económica para hacer ese tipo de coberturas a nivel internacional. Eso para mí es un gran peligro, porque al final el mensaje estará controlado por los medios, es decir, toda la política internacional que exista o la información que al final genera o se supone que tiene que generar un cambio, sobre todo en los gobiernos de los países que están involucrados en esa problemática, estarán controlados por los propios medios porque la información que ellos faciliten o expongan será la que será considerada como buena, porque no existirán más fuentes para contrastarlo. Vamos camino de una monopolización de esa información y eso, insisto, lo veo un gran peligro.

 

Una de las hijas del palestino Yahya Hasanat, de 37 años, llora su muerte causada por disparos de las tropas israelíes durante las protestas de la Gran Marcha del Retorno en la valla con Israel, que exigen su derecho a regresar a las casas y a la tierra de las que fueron expulsadas sus familias hace 70 años. Más de 254 palestinos murieron y 23 600 resultaron heridos según los informes de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Gaza)

 

En 2020 ganó el 3er premio en el Word Press Photo en la categoría General News. ¿Le llaman para ofrecerle más trabajo desde entonces?
No solamente no me llaman para ofrecerme más trabajo, sino que, como saben, esa imagen ni siquiera fue publicada en su momento. Los premios realmente dan prestigio, por supuesto que sí, porque World Press Photo es uno de los premios de fotografía más reconocidos del mundo, pero eso no se traduce en absolutamente nada. Creo que también hay una gran problemática en lo que respecta a la crisis que ha sufrido el periodismo y el hecho de que justamente los medios ya no invierten; antes, las coberturas existían justamente porque un determinado medio invertía en esas coberturas y la gente quería pagar por ellas. La gran problemática hoy en día es que todas esas coberturas han desaparecido, solamente grandes medios, y en realidad uno solo, se dedica a realizar coberturas de este tipo, que es The New York Times. Que yo sepa ya no existe otro medio de prensa escrito que se dedique a hacer ese tipo de reportajes; a veces sí se hacen pequeños assignments de una semana, de diez días, pero es algo muy puntual, sobre todo si son medios anglosajones, por lo que, insisto, es un gran problema, porque al final toda la base de la información la controlan los medios que tienen acceso a ella. Antes trabajaba mucho para medios anglosajones, pero a partir de 2011 se produjo un punto de inflexión, en el que cambió todo el equilibrio del mundo del fotoperiodismo freelance, tras la muerte de dos fotoperiodistas en Misrata, y a partir de este suceso, los medios dejan de vincularse con los fotoperiodistas en terreno y, paralelamente, nace lo que es el fotoperiodismo ciudadano, las cámaras se globalizan a nivel digital y ello, junto al hecho, vuelvo a insistir, de que la sociedad ya no demanda ese tipo de información, hace estallar la crisis y da lugar a esta situación.
Otro gran problema es que los medios están influenciados por factores religiosos, económicos o políticos, y si al final el que manda o el que publicita o anuncia un producto de lujo en un medio determinado, y en las páginas siguientes aparece una crisis de hambruna, difícilmente podrá vender ese producto.
Creo que muchas veces son decisiones políticas y, por supuesto, la responsabilidad nuestra como sociedad de no exigir esta información, que hace que en un momento determinado sea uno de los factores principales por el que los propios medios nos infravaloran y piensan que ya no queremos ese tipo de información. Recuerdo, hace muchos años, a uno de los editores de las revistas más importantes que existían, o que existen, que me hablaba ya entonces de que su revista, de referencia internacional, ya no tenía el objetivo por la cual había sido creada, periodístico e informativo, sino que ahora básicamente se estaba convirtiendo en algo más superficial, sobre conceptos de moda, gastronómicos, de viajes, de turismo, todo ello enmarcado dentro de la línea editorial nueva que seguía la tendencia de los estudios de mercado. Y eso ocurrió hace años, así que imaginemos cómo está ahora la situación.

 

Bebés en tratamiento en el área de maternidad del hospital de la ONG Médicos Sin Fronteras en Kario, región de Darfur (Sudán)

 

¿Recuerda la primera fotografía (o fotógrafo) que le hizo reflexionar sobre aspectos más allá de la propia fotografía?
Paolo Pellegrin o Gueorgui Pinkhassov son fotógrafos que en un momento determinado marcan un concepto mucho más allá de lo que es el propio documentalismo; la esencia de una fotografía, de una imagen, es que contenga información, que transmita un momento emocional y el tercer factor determinante para mí es la composición, que hace que destaque por encima del resto de imágenes que estamos acostumbrados a ver de forma diaria como espectadores. Ese el objetivo del fotoperiodismo, que esa imagen quede impregnada, grabada, en la retina del espectador. Entonces, estos fotógrafos, al igual que muchos otros, tenían un estilo propio que hacía precisamente que esa imagen destacara. Si al final todo el mundo se dedica a hacer exactamente lo mismo desde un plano muy objetivo, no hay diferencia, pero si tú haces o innovas, o aportas algo más allá de eso, aparte evidentemente de la información y del punto emocional, el resultado es que esa imagen destaca, y si lo hace, al final, nuestro objetivo principal es pasar esa información, somos transmisores de historias, lo que significa que nuestro trabajo básicamente radica en eso. Creo que lo difícil en la fotografía, sobre todo documental, es encontrar ese estilo, es justamente ver una imagen, una fotografía, y saber que es de esa persona, eso es lo verdaderamente difícil.

 

portada de The Libyan Crossroads. Pasaje mortal a Europa, publicado por BLUME

 

Decenas de refugiados y migrantes subsaharianos son asistidos por un equipo de cooperantes de la ONG española Open Arms y miembros de la ONG Emergency, donde médicos con EPIS toman la temperatura para el triaje de coronavirus en la primera misión COVID de esta ONG.

 

Miembros de la tripulación del Open Arms (izquierda y derecha de la imagen) con refugiados y migrantes en la proa del barco, rumbo a Italia

 

Soldados disparan contra yihadistas del ISIS durante los combates en Sirte (2016)

 

 

English:

THE LIBYAN CROSSROADS.
Deadly Passage to Europe 2011-2020

Interview with Ricardo García Vilanova 

The Libyan Crossroads is, through the powerful images captured by Ricardo Garcia Vilanova, a photographic immersion into the human stories of refugees and migrants trapped in a country, Libya, that has become a violent political conundrum, in addition to being the departure point of an often-deadly journey to Europe. 
The photographs offer an unflinching look at the suffering and fortitude of the people on this migratory odyssey: from their dire situation in a country devastated by three wars since 2011 and the detention centres where they are held, to their crossing of the central Mediterranean in flimsy boats and their subsequent rescue by European humanitarian vessels.

What responsibility, in your opinion, does Europe have in this crisis involving refugees departing from Libya?
It has the initial responsibility because it has paid precisely for wanting to avoid this problem. It is shirking responsibility for a problem which is our own (because, ultimately, these people are trying to reach Europe). What Europe has achieved, or is achieving, with this is policy is turning the Mediterranean Sea into a graveyard for thousands of people. Sadly, this is still the attitude that Europe is taking in response to the entirety of this problem, despite COVID and despite many other things. The European Union Member States wash their hands of it and as a result condemn the migrants to live without rights. It looked like the impact of COVID-19 was going to stem the flow of irregular migrants, but this has not been the case. In fact, under such pretexts as lack of infrastructure, logistics and even health reasons, decisions are made in the name of the pandemic that limit individual freedom not only with respect to migrants and refugees but at all levels. We were witnesses to this, for example, during the first wave of COVID-19, when the news media were denied access to hospitals, ostensibly on the grounds of safety. Sadly, I believe this is a road of no return.

What do you think is the solution to this problem? An unrestricted open-door policy or fighting the mafia trafficking at the point of origin? 
I think the solution resides basically in two main points. The first is working in the countries of origin, that is, studying and developing policies that will enable these countries to offer better living conditions so that these people won´t need to flee conflicts, famines, or the vulnerable economic situations they find themselves in, and which are an obstacle to their survival. The second point is to develop a circular economy – one that can create economic opportunities and benefits in such a way that these people can work and travel freely to Europe and, later, reinvest their earnings in projects, their own businesses, and their families.

On various occasions you have expressed pessimism regarding the future of photojournalists in armed conflicts. How do you envision the role of these professionals 10-20 years from now?
I believe it will cease to exist as we know it. The main problem, in my opinion, is that society is no longer interested in this type of information because, obviously, it is less and less willing to pay for it. Basically, it nourishes itself on social networks and, above all, does not demand truthfulness, the confirmation of sources which existed in the past through the responsibility that media outlets assumed when sending their correspondents out and creating their own news. Now everything goes through agencies, precisely for that reason, to avoid production or post-production costs. What is happening is that only three or four media outlets have the financial means to pay for this type of international coverage. This, to me, is extremely dangerous, because, in the end, the media will control the message. In other words, all international policy or the information which, ultimately, generates or is supposed to generate change, especially inside the governments of the countries caught in this web of problems, will be controlled by the media, since the information the media provides or disseminates will be considered valid because there won´t be any other sources to contradict it. We are heading towards a monopolisation of this information, and this, again, I see as being extremely dangerous.

In 2020, you won 3rd prize in the World Press Photo contest, in the General News category. Have you been called and offered more work since then?
No. Not only have I not been offered more work but, as you know, that image was not even published at the time. Awards really do bring prestige. Undoubtedly. World Press Photo is one of the most recognised photography awards in the world. But, in the end, it amounts to absolutely nothing. I also believe that there is a major problem regarding the crisis that journalism finds itself in, and the fact that media companies no longer invest in it. In the past, coverage existed precisely because a certain media outlet invested in it, and people wanted to pay for it. The big problem today is that all this coverage has disappeared. Only major media outlets, and in fact just one, still engages in this type of coverage, and that is The New York Times. As far as I know, no other print media outlet does this kind of reporting. Occasionally, small assignments come up that last a week, ten days, but this is very infrequent, especially if we are talking about Anglo-Saxon media. Which is why, I insist, this is a big problem, because, at the end of the day, the media outlets that have access to it control all the sources of information. I used to work a lot for Anglo-Saxon media outlets. But starting in 2011, there was an inflection point. The entire balance of the freelance photojournalism world shifted, after the death of two photojournalists in Misrata. After that, the media stopped associating itself with photojournalists on the ground. Meanwhile, citizen photojournalism emerged, cameras became globalised at the digital level, and this, along with the fact, again, that society no longer demands this type of information, sparked the crisis and gave rise to the current situation.
Another big problem is the media are influenced by religious, economic and political factors. And if, ultimately, a publisher places or publicises or advertises a luxury product in a specific medium where in the next pages, a report on a famine appears, that media outlet is going to have a hard time selling that product.
I believe that very often these are political decisions. And, of course, our failure as a society to demand this information becomes, at certain point, one of the main reasons why the media underestimate us and think we do not want this information anymore. I remember, many years ago, an editor at one of the most important magazines at the time, or even today, told me that the purpose of his magazine, an international reference, was no longer the journalistic and informative one for which it had been created. He said, in essence, it was becoming something more superficial, concerned with fashion, food, travel and tourism topics, all in keeping with the new publishing line that followed the studies of market trends. And this was years ago – so we can only imagine what the situation is like now.

Do you remember the first photograph (or photographer) that made you think about issues beyond photography?
Paolo Pellegrin and Gueorgui Pinkhassov are photographers who, at a certain time, delineated a concept that reaches far beyond what is documentary per se. The essence of a photograph, of an image, is that it contains information, that it communicates an emotional instant. And the third determining factor, for me, is composition, which allows a photograph to stand out above the other images we are accustomed to seeing every day. This is the goal of photojournalism, that the image permeates and is etched onto the viewer’s retina. At the time, these photographers, like many others, cultivated their own style, and this made their images stand out. If we all end up doing the same thing from a very objective vantage point, there is no difference. But if you distinguish yourself, if you innovate or contribute something more than this, apart, obviously, from the information and emotional perspective, the image will stand out. And if this occurs, ultimately, our main goal is to share this information. We are conduits of stories. That is what our work is about. I think what is difficult about photography, in particular documentary photography, is discovering this style. It is simply seeing an image, a photograph, and knowing that it was taken by that person. That is what is truly difficult.

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