Manuel Ibañez

10 February 2020 Texto: Pablo Belice .


“Me interesa más la mirada de quién cuenta una historia, que la historia en sí.”

Manuel Ibañez. Sevillano de nacimiento. Se mudó a Jaén por motivos laborales. Más tarde, también por motivos laborales; o más bien por la falta de ellos, regresa a Sevilla y redescubre la ciudad. Su ciudad. La que creía conocer, pero que entonces, desde esta nueva coyuntura, reconoció descontextualizada, desnuda de clichés. Esos que el visitante suele otorgarle. Evidentemente, tal y como él mismo reconoce, no fue sólo la ciudad la que había cambiado sino el propio autor quien, en esta nueva etapa de transición vital, marcada por la pérdida de empleo, y ahora apoyado en el medio fotográfico, la encontraría distinta.

Reverso es un diario personal de fotografía callejera que disecciona una ciudad profundamente conectada al autor. Un libro de fotografía que no sería lo mismo sin el protagonismo del diseño editorial que lo viste. Un trabajo arriesgado y actual que reta al observador a salir del formato editorial convencional. Un ejercicio de inmersión dentro de un concepto de foto libro alejado de formalismos.   

Aprovechando la visita de Manuel Ibañez a Málaga donde esa misma tarde presentaría en la escuela Apertura “Reverso” (Ediciones Anómalas & CICUS), quedé con él en una cafetería para charlar sobre su libro, sobre él y sobre cuanto se nos fuera ocurriendo.

 

 

¿Cómo nace Reverso?
Por el regreso a mi ciudad, Sevilla. Un regreso traumático motivado por la pérdida de mi empleo. Nace por el aburrimiento de ver pasar los días y no encontrar trabajo, lo que me motiva a coger una cámara y empezar a fotografiar.  

Pero tú ya hacías fotos, no?
No. Bueno, yo hacía fotografía de humedades, grietas y otros problemas relacionados con mi trabajo para informes periciales; lo que en arquitectura llamamos “patologías constructivas”, pero ni hacía fotos más allá de eso ni me interesaba la fotografía. Puede parecer una decisión cobarde, pero la verdad es que empecé a hacer fotos para evadirme de la situación que estaba viviendo, no como algo terapéutico.

 

 

¿Y como fue el proceso?
Tras apuntarme a un par de cursos de fin de semana, me fui a la playa con mi familia con la intención de hacer fotografías. Esas fotos las veo ahora, y aunque reconozco que no son buenas, ya detecto algo en ellas. Hay varias que incluso consideraría para un próximo trabajo. Mantuve el interés en la fotografía porque desde el primer momento me hacía feliz y esta circunstancia fue determinante. Cada día saliendo a fotografiar era una aventura, y eso que siempre hacía el mismo recorrido. Pero ocurría que cada día encontraba nuevos personajes, nuevas situaciones de luz, y los motivos eran inagotables. Con el tiempo te vas dando cuenta del valor de trabajar en tu entorno más cercano. Teniendo un trabajo tan cercano a lo que vives a diario es como puedes ser más auténtico, y siendo así puedes convertir lo local en universal.

 

 

Enfrentando esas fotos con tu material actual ¿percibes una clara evolución?
De las cosas más fascinantes de trabajar con la fotografía es el proceso de crecimiento que experimentas a la vez que haces más y más fotos, experimentas con el lenguaje y vas conociendo el trabajo de mucha gente. Siempre sumas, nada sustituye a lo anterior sino que lo enriquece. Me enamoré de la fotografía contemplando a los clásicos americanos de la segunda mitad del siglo XX, William Egglestone, Joel Meyerowitz, Robert Frank, Saul Leiter, Lorca DiCorcia y tantos otros. Luego descubres a otros gigantes anteriores a ellos como August Sander y Walker Evans, y es entonces cuando ya te quedas atrapado. Lo que me sigue interesando de esas primeras fotos que hacía; viéndolas ahora, es cierto interés que tenía en fotografiar algo distinto a lo que podemos denominar el instante decisivo, era mirar de otra manera donde intentaba ver algo más de lo que ocurría. Si bien tenían menor carácter narrativo, si intentaban contar algo sobre el lugar donde resido, algo que no fuera fácil de ver a simple vista y que no fuera sólo un ejercicio estético. Quizás también ahora me interese menos el instante decisivo, porque comprendes mejor el tiempo en la fotografía que al principio. Ahora me interesa menos el caos, quizás porque encuentro menos interés fotográfico en el, como lenguaje.

 

 

¿Hacia donde detectas que se dirige tu interés fotográfico?
Me interesa  mucho cómo Alec Soth inventa historias basadas en personajes reales pero sin ser éstas el leit motiv de su trabajo. Es como un escritor de novelas de ficción, un creador de atmósferas. Cada vez me interesa más el retrato. De una persona, de una ciudad, de un grupo. Me interesa mucho el retrato que hace Mark Steinmetz de los suburbios de Los Angeles. Me quedé fascinado con el trabajo de Bryan Schutmaat en “Grays the mountain sends”. Me interesa el concepto de como crear un documento visual de un territorio sin recurrir a la fotografía documental tal y como la conocemos. Es un acto fotográfico total de evocación, poesía, fuerza, de parar el tiempo, controlar el espacio… El trabajo de Matthew Genitempo en “Jasper” es también increíblemente evocador. Sin descartar el aspecto visual de cada una de sus fotografías todas ellas funcionan a un nivel narrativo muy alto. La conclusión principal que concluyo, desde que empecé, es que al principio solo tenía en mente el aspecto visual, la composición, y ahora le doy mucha más importancia a la atmósfera. Me interesa más la mirada de quién cuenta una historia, que la historia en sí.

 

 

¿No crees que el medio analógico ayudaría en esa motivación de búsqueda de la evocación poética en fotografía?
Reconozco que respecto a la controversia digital/analógico vivo en una permanente contradicción. Hoy podemos conseguir cientos de fotografías técnicamente de gran calidad en pocos minutos y ver el resultado al mismo tiempo que las hacemos. Esto es una ventaja enorme cuando sales a la calle a la aventura. Estoy seguro de que Winogrand dispararía hoy en digital. Sin embargo, los autores que hoy más me interesan trabajan en analógico, en formato medio y en gran formato. Quizás porque las historias que cuentan requieren esa atmósfera en la imagen que aporta la película y esa manera más pausada de acercarse al motivo. Por lo tanto, algo tendrá trabajar en película para que muchas de las mejores fotografías que me emocionan estén hechas así. 

 

 

Volvamos a tu libro: ¿Por qué el título “Reverso”?
Reverso tiene dos acepciones: uno conocido por todos, el referido a la otra cara de algo, y otra acepción, menos conocida, relacionada con un nuevo comienzo. Esa acepción, más ambigua,  me gustó mucho para el título del libro. Tiene que ver con el momento en que comienzo a realizar fotos cuando regreso a mi ciudad y con la intensidad con la que se vive cuando estás en modo mirada fotográfica. Es como si vivieras dos veces. De hecho, cuando haces fotos, tiempo después recuerdas, no solo el momento exacto de la fotografía, sino los instantes anteriores y posteriores. La fotografía, además de evocar el momento, tiene una capacidad de memoria muy potente. 

 

 

Veo que pasas de puntillas por los aspectos más estereotipados en la documentación de las tradiciones en tu ciudad. Me gusta eso.
Desde el comienzo, Nunca me ha interesado documentar lo que hacían la mayoría de fotógrafos, incluido algunos de los grandes maestros de la fotografía. Todo el mundo ha hecho, por ejemplo, “capirotes y pasos”, en relación a la Semana Santa. Personalmente no me interesa fotografiar el tipismo de una zona. Utilizo las fiestas tradicionales como telón de fondo, como una gran escena efímera. Me interesa más lo que subyace tras esto, que es la liturgia social, la educación de los niños en las tradiciones, el rol de la mujer, cómo se estructura toda una sociedad, o parte de ella, en torno a unas tradiciones centenarias, etc.

 

 

¿Describe la sensación que produce una buena fotografía?
Emoción. Que por encima de tu bagaje técnico, teórico, y cultural, asome esa emoción, y te pida que pares, y que estudies esa imagen. Y si no es tuya, envidia. Muchas veces me pasa. Veo una foto y digo “esa foto, o aquel trabajo me hubiera gustado hacerlo yo”. 

En un mundo saturado de imágenes ¿donde y cómo miras para evitar la repetición?
No soy pesimista en relación a eso. Existe saturación de imágenes y repetición infinita de clichés fotográficos en las redes sociales, pero si sabes convivir con ello, no hay problema. Es más, es una fuente inagotable para pensar sobre la imagen y muchos creadores lo hacen. El problema es que hay muy poca gente que sabe leer imágenes. Y lo que nos espera es un mundo de gente que lea y produzca imágenes. En el futuro será analfabeto el que no sepa leer una imagen.

 

 

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