
Entre tanto diseño gráfico aséptico y tanta ilustración vectorial, cuando voy a los grandes museos siempre me pregunto lo mismo ¿Dónde están los Van Goghs y los Rembrandts de hoy día? ¿Existen? ¿Por qué no son tan reconocidos como el último modernito ilustrador de moda? La eterna pregunta sigue presente, pero se me ha contestado en una microparte con esta chica, Korin Faught. Natural de Los Ángeles, Korin y sus chicas a medio sumergir nos muestran el equilibrio perfecto entre lo antiguo y lo nuevo.
Con ropa diseñada por ella misma en algunas ocasiones, sus modelos posan en una sesión fotográfica inicial de la que obtiene varias instantáneas que, tras ser seleccionadas, sirven de referencia mientras va creando y clonando a sus enigmáticas protagonistas a través del pincel. Este proceso sigue unos pasos religiosamente estudiados, como si de un rito espiritual se tratase, y da como resultado íntimo y melancólico escenas frágiles bañadas con blancos impuros y luces rotas. Imposible no dejarse llevar directamente hasta la trágica Ofelia de John Everett Millais. Imposible.
Me llamo Korin Faught, tengo 29 años y vivo en Los Ángeles, California. Mi trabajo está compuesto, en gran parte, por retratos y pinturas en los que el óleo es el punto en común.
Comencé mis andadas en este mundo matriculándome en la Escuela de Arte y Diseño de Pasadena, donde estudié durante un tiempo. Desde entonces, el arte ha sido lo que me ha cambiado la vida y es maravilloso porque la sensación de hacer lo que te gusta es indescriptible.
Y es que me encanta lo que hago. La pintura es una disciplina muy importante debido a lo que es capaz de suponer para otras personas ¡El arte visual puede llegar a ser tan poderoso! Es una verdad innegable en todo esto. Aún así, no suelo tener una intención predeterminada cuando trabajo. Mis pinturas no tienen ningún contenido revolucionario, pero espero que alguien las use alguna vez con fines positivos, no me gustaría jamás ver que han sido usadas para cometer algún delito. El arte debe estar (y está) en todas partes, pero de forma positiva. ¡Estemos orgullosos de nuestras peculiaridades y mostrémoslas al mundo!
Recuerdo una ocasión en la que tuve que pintar un cuadro de 5 metros de alto por 1,2 de alto. Claramente, fue una prueba de resistencia, tanto física como mentalmente. Es de lo más fuera de lo normal que he hecho nunca.
No soy una persona que necesite grandes cosas para inspirarse y trabajar. Intento en todo momento mantener una buena perspectiva, una mirada positiva sobre mí y sobre mi entorno, me ayuda mucho. La mayoría de las veces pienso en lo afortunada que soy por la intimidad y la complicidad que tengo con mis amigos y con mi familia. Eso es algo que no tiene precio. Además, tengo una selección de jazz abstracto adecuado a todos mis estados de ánimo que me sirve bastante. Lo que no me ayuda de ninguno de los casos es pensar en los isópodos.
Los isópodos son esos crustáceos parásitos que viven en la boca de los peces. Es demasiado inquietante.












