Glen E. Friedman

23 October 2014 Texto: David Moreu. Fotografía: Glen E. Friedman. excepto "*". Foto portada: Jay Adams en el Dog Bown, Santa Monica, California. 1977.


You know when you are right: Stories behind the camera

Una de las grandes paradojas sobre los mitos de la cultura pop es si el recuerdo de ciertas manifestaciones artísticas o sociales se debe a lo que vivimos en estricto directo o a la representación fotográfica que ha perdurado en el imaginario colectivo con el paso de los años. ¿Sería tan radical el mundo del patín sin el vértigo que desprenden las fotos de los Z-Boys en los años 70? ¿Sería tan salvaje el legado del punk norteamericano sin las fotos movidas de los conciertos de Black Flag y Fugazi en la década de los 80? ¿Habrían llegado al número uno de las listas de ventas los Beastie Boys y Run-DMC sin esas campañas promocionales con fotos que rompían la frontera entre lo alternativo y lo mainstream? Seguramente no hay una única respuesta correcta a tantos dilemas existenciales, pero lo que está claro es que nada de esto habría sucedido sin la pasión y la mirada vanguardista de un fotógrafo como Glen E. Friedman. Muchas veces se dice que la suerte de esta profesión consiste en estar en el lugar adecuado y en el momento oportuno, pero resulta que este icono de la cámara vivía permanentemente en el ojo del huracán y logró retratar estas escenas desde dentro, como un protagonista más de lo que sucedía a su alrededor. No en vano, es amigo de los pioneros del skate de Dogtown, estaba en el backstage en los garitos donde nació el hardcore y se codeaba con Rick Rubin en los inicios del sello Def Jam. Puede que ahora la carrera de Glen E. Friedman haya quedado suspendida en el limbo, pero acaba de presentar un libro titulado “My Rules” en el que revisa su extensa carrera y nos abre las puertas de su archivo personal. Hemos tenido la oportunidad de entrevistarlo para descubrir qué se escondía detrás de su objetivo y cómo vivió aquellos momentos de cambio en los que la cultura alternativa reinó por encima de todo lo demás.

 

Allan "Ollie" Gelfand, Florida 1979.

Allan “Ollie” Gelfand, Florida 1979.

 

Empecemos por el inicio de esta aventura: ¿podrías contarnos de dónde eres y cómo llegaste a California siendo un adolescente?
Nací en Carolina del Norte mientras mi padre estaba en el ejército durante un año y entonces regresamos al sitio donde vivíamos, que se llamaba Englewood y estaba en New Jersey. Estuve allí hasta que me trasladé a California en segundo o tercer curso del colegio con mi madre, eso fue alrededor de 1970. Mis padres se divorciaron en aquella época y apenas recuerdo vivir con ellos juntos. Yo era un niño y me trasladé con mi madre, pero mi padre se quedó en la zona de New York, muy cerca de Manhattan, y siempre lo visitaba cuando tenía vacaciones del colegio.

En varias ocasiones has comentado que en tu vida primero fue el skate y después vino la fotografía. ¿Cómo era la escena del patín en aquella época’?
Sólo tenía 9 o 10 años cuando llegué a California, así que el skate todavía no era tan relevante. Lo más curioso es que me di cuenta de que los chavales eran mucho más libres allí y que no pasaban demasiado tiempo junto a sus padres. Me di cuenta de que fumaban, de que tenían relaciones con el sexo opuesto mucho más pronto y de que estaban más avanzados en ese sentido. Por el contrario, no eran demasiado buenos en el colegio e iban más lentos. Fue un cambio interesante y coincidió que al llegar allí me compraron un skate. Supongo que era algo que los críos hacían habitualmente, como un juego o un juguete que utilizabas de vez en cuando, parecido a la bici. Recuerdo que era un patín rojo que ahora puedes encontrar en eBay. Pero, poco tiempo después, aparecieron las Cadillac Wheels y en 1974 salieron las ruedas blandas y todo empezó a evolucionar. Dejó de ser un juguete y los chavales ya empezaban a ir por la ciudad, bajaban por pendientes o patinaban en los patios de los colegios. Se convirtió en un hobby para ocupar tu tiempo libre y nos aficionamos.

 

Glen E. Friedman por Hugh Holland (*)

Glen E. Friedman por Hugh Holland (*)

¿En qué momento decidiste coger una cámara y empezar a hacer fotos?
Yo me pasaba el día patinando y llegó un momento en el que pensé que la gente con la que iba y lo que hacíamos era extraordinario. Estaba convencido de que algo increíble estaba sucediendo y recuerdo que ya había una revista sobre skate. Algunos de los tíos que conocía aparecían en sus páginas y a otros nunca se lo habían propuesto, aunque hacían cosas más asombrosas y se lo merecían más. Yo estaba en el epicentro de todo eso y decidí empezar a hacer fotos de manera muy rudimentaria con una cámara compacta de plástico. No utilizaba carrete de 35 mm, sino que se conocía como una cámara de formato 110 con una película muy pequeña. Y así empecé porque no tenía nada más a mi alcance. Lo bueno es que podía guardarla en mi mochila y nadie quería robármela. No tenía que preocuparme por nada. Básicamente, empecé a hacer fotos mientras patinaba, aunque después me apunté a clases y aprendí a revelar mis propios negativos y a imprimir mis imágenes. Sin embargo, lo más importante fue que aprendí los conceptos básicos y eso no tiene precio. Me familiaricé con los tipos de ópticas, de películas, la apertura, la profundidad de campo, el foco… a pesar de que no podía hacer nada de eso con mi cámara porque solamente tenía un foco. Entonces no creía que la calidad fuera tan importante, hasta que me di cuenta de que estaba equivocado. Resulta que hacía fotos muy buenas, pero no podían utilizarlas ni retocarlas porque la calidad no era suficientemente buena, no como la de una cámara de 35 mm con su óptica correspondiente.

 

LL Cool J en1986 en el campus universitario de la Universidad de Los Angeles: UCLA

LL Cool J en1986 en el campus universitario de la Universidad de Los Angeles: UCLA

¿Recuerdas la primera vez que publicaste una foto en una revista?
Un día encontré esa piscina vacía y pensé que sería un momento muy especial para mí porque era un descubrimiento mío y, además, podría hacer las fotos que quisiera. Sabía que todo eso que sucedía a mi alrededor interesaba a la gente, así que pedí prestada una cámara y disparé un carrete de 35 mm en color y otro en blanco y negro. Y logré que me publicaran una de esas fotos… entonces tenía 14 años.

Después de leer tu nuevo libro, queda claro que tu carrera puede resumirse en cuatro capítulos muy diferenciados. El primero nos lleva a los años 70 durante la revolución del skate. ¿Cómo conociste realmente a los Z-Boys?
Mi conexión con los Z-Boys empezó porque patinábamos en los mismos sitios. Yo no era un surfista como ellos, pero me crié en esa cultura. Por el hecho de venir de la Costa Este, me sentía un poco como un outsider porque no había crecido en California. Eso era obvio porque tenía el pelo negro rizado y no rubio y liso como la mayoría. Tampoco me gustaba levantarme pronto por la mañana para ir a coger olas como los surfistas. Y tampoco tenía un hermano mayor que me llevara a la playa con la tabla de surf. Nunca me aficioné a ese deporte, pero sí que viví su cultura y siempre acababa bajando a la playa hacia la tarde. Entonces el skate también formaba parte de la cultura de playa. Lo que sucedió es que todos nosotros patinábamos en los dos patios de los colegios más populares y yo iba a ambos, así que conocía a esos tíos de manera cercana. Mucho más que la gente que venían desde Venice o desde Santa Mónica. Me refiero a que yo vivía allí y ellos venía expresamente a patinar a esa zona. Así fue como conocí a los Z-Boys porque simplemente éramos chavales que patinaban y se sentaban en los bancos y hablaban de la gente. Entonces empecé a hacerles fotos, pensaron que eran buenas y nos hicimos grandes amigos.

 

The Make-Up, New York City 1995

The Make-Up, New York City 1995

Las sesiones clandestinas en piscinas vacías se han convertido en leyenda, pero tengo entendido que todo empezó gracias a la sequía estival…
Realmente no había ninguna sequía, sino que pusieron restricciones en el consumo de agua, pero los chavales ya patinaban igualmente en las piscinas. Lo que sucedió fue que resultó aún más sencillo cuando las autoridades dijeron a la gente que no podían llenarlas en verano. Y cada vez había más gente con el skate porque cada vez había más piscinas vacías. Luego hubo algunos que se atrevieron a vacíar sus propias piscinas o que iban por la calle buscando piscinas para vaciarlas cuando los propietarios de la casa estuvieran de vacaciones. Incluso nos metimos en casas que aún se estaban construyendo o en casas de gente que tenían la piscina vacía y sabías que no había nadie, aunque debías vigilar para ver cuando regresaban.

El segundo capítulo de tu carrera ocurre en la década de los 80 con la explosión del hardcore. ¿Cómo te involucraste en aquella escena musical? ¿Estaba conectada con el mundo del patín?
Me gusta hablar de música punk en lugar de hardcore porque, según mi parecer, eso no es un estilo de música. La música que más tarde pasó a llamarse hardcore era muy genérica y no tenía interés para mí, ¿sabes a qué me refiero? No era excitante. Me gusta el punk porque amo la música y en los años 70 también escuchábamos a Jimi Hendrix, Led Zeppelin o incluso Aerosmith. Puede que aún no fuéramos tan originales como para escuchar a The Stooges, pero nos encantaba el rock n’ roll y entonces el punk se presentó como una alternativa excitante, agresiva, rápida y ruidosa. Era algo nuevo, así que empezamos a escucharlo y algunos skaters montaron sus propias bandas. Supongo que estaban aburridos y empezaron a tocar música porque eso les parecía más emociónate. Entonces no había skaters profesionales que llegaran a los 20 años, todos eran adolescentes… solamente había unos cinco pros que superaran los 20 años. En aquellos días todos tenían un trabajo normal, hacían otras cosas con su tiempo y los pros aún no ganaban demasiado dinero con el skate.

 

HR de Bad Brains, New York City 1982.

HR de Bad Brains, New York City 1982.

Dos de las bandas que más fotografiaste fueron Black Flag y Fugazi. ¿Qué era lo que más te atraía de aquel movimiento social y musical?
Lo que más me gustaba de los conciertos de punk era que siempre tenía acceso a la banda. Estaba muy cerca de ellos. Era la primera vez que podía sentarme en el escenario y hacer fotos. Eso era mucho más excitante que cualquier otra cosa que hubiera visto jamás. En el período de tiempo que aprendí a hacer fotos de skate, descubrí la importancia de captar el momento correcto y eso me ha ayudado durante toda mi vida profesional. No en vano, el skate es algo que se mueve muy deprisa, pero captar el ambiente donde sucede la acción también es muy importante para reflejar lo que sucede. De este modo aprendes a componer las imágenes. Entonces me resultó muy sencillo hacer fotos de conciertos porque me salía de manera natural. Era un entusiasta tan grande de la música, que solamente quería compartir esas instantáneas con otra gente. Conocía algunos miembros de las bandas gracias a la revista Skateboarder, así que no tardamos en hacernos amigos. Quería difundir su música y que más gente los conociera, así que era muy feliz haciendo esas fotos. Aunque la mayoría de veces que iba a ver conciertos no hacía fotos porque la luz en los locales era muy pobre. Recuerdo que conocí a Fugazi gracias a Minor Threat y a estos los conocí a través de The Faith… resulta que una vez fui a un concierto donde actuaban Bad Brains y The Faith, y me presentaron a Ian. Sabía que a esos tíos les gustaban mis imágenes de skate, así que acabamos siendo buenos amigos. Son gente muy simpática e Ian acabó siendo uno de mis mejores amigos. Por supuesto, cuando montaron Fugazi, yo estaba allí desde el principio. Ellos me inspiraron mucho con su música y yo sólo intenté difundirla.

 

Black Flag, 1982

Black Flag, 1982

Una de las anécdotas más curiosas que aparecen en tu libro es cuando Rick Rubin afirma que te encargó la sesión de fotos de los Beastie Boys después de ver tus imágenes para Black Flag…
Eso no es cierto, simplemente es cómo él lo recuerda. Conocí a los Beastie Boys cuando todavía eran una banda de punk y hablé con ellos cuando me enteré de que habían grabado un disco de rap. Resulta que querían que les hiciera unas fotos siguiendo el estilo de los paparazzi, con estrellas de cine y mucha gente a su alrededor… ¡realmente querían era que les consiguiera hacer una foto con Madonna! Eso fue lo que me pidieron, el resto fue todo idea mía porque su música me inspiraba. Honestamente, eso no tiene nada que ver con alguien pidiéndome esas fotos como un encargo.

¿Crees que el punk y el hip hop estaban conectados de alguna manera?
Todo estaba relacionado gracias a la actitud, a la energía y, sobre todo, porque entonces era algo que no estaba controlado por ninguna gran empresa o por gente adulta. Se trataba de gente joven que nos llevó a lugares que los mayores no podían entender, predecir o incluso controlar. Eso fue lo que hizo de esos movimientos algo único y especial.

 

Guy Picciotto de Fugazi, New York City, 1994

Guy Picciotto de Fugazi, New York City, 1994

En aquellos días lograste que tus fotos aparecieran en las portadas de álbumes y de singles muy exitosos como “Walk This Way” de Run-DMC, “Check Your Head” de los Beastie Boys y “It Takes a Nation of Millions…” de Public Enemy. ¿Participabas también en el proceso de diseño y de maquetación?
La mayoría de veces hacía fotos porque me encantaban los grupos y quería contribuir a difundir su música. Resulta que yo tenía esas imágenes y las discográficas se ponían en contacto conmigo bastante tiempo después, preguntándome si podían usarlas en sus portadas de discos porque a las bandas les encantaban. Normalmente los sellos no estaban cómodos trabajando conmigo porque yo quiero controlarlo todo: no recurro a un director de arte y lo hago todo yo mismo. Y a las discográficas les gusta controlar todo el proceso por su cuenta.

El tercer capítulo de esta aventura nos lleva a principios de los años 90, cuando la cultura alternativa se volvió mainstream. ¿Cuándo te diste cuenta de que el skate y la música estaban creciendo demasiado?
En los años 90 hubo algunas bandas como Jane’s Addiction y los Red Hot Chili Peppers que no me llamaban la atención. Eran grupos de Los Ángeles, pero siempre tuvieron el sueño de firmar con multinacionales. Es cierto que había buenos músicos, sin embargo, actuaban como si fueran estrellas de rock. No me involucré con ellos porque eran de otra generación. Si habías visto a los Bad Brains, a Black Flag y a Minor Threat, resultaba difícil que te gustaran esas otras bandas, incluso si habías crecido con los Ramones y los Buzzcocks. Eran bandas geniales para los años 90, pero no me impresionaron, así que nunca las fotografié.

 

Sesion de piscina en la zona Oeste de Los Angeles (California), en 1978

Sesion de piscina en la zona Oeste de Los Angeles (California), en 1978

El cuarto y último capítulo se está viviendo en estricto presente y corresponde a las manifestaciones sociales en las calles, puesto que tú participaste en el Occupy Wall Street. ¿Cómo lo viviste desde dentro?
Todo lo que he hecho a lo largo de mi carrera ha tenido una motivación política, pero lo que sucede es que como ahora ya no hago tantas fotos de skate ni de música, es más fácil apreciar la parte politizada. Sin embargo, es algo que forma parte de mi vida. Incluso antes de aficionarme al skate, ya era un crío con motivaciones políticas. Lo que ha ocurrido en los últimos años es que la gente ha salido a la calle con los puños alzados y ha iniciado esta batalla para salvar sus países y el mundo. El problema es que todavía existe un estado militarizado en la mayoría de países alrededor del mundo y son tan fuertes que resulta muy complicado enfrentarte a ellos, hacerte escuchar o incluso protestar porque te ponen detrás de esas barreras. Es algo brutal e intimidan a la gente para que no quieran cambiar las cosas. Lo más curioso es que esos policías no trabajan para el gobierno, sino que protegen a las empresas. Las corporaciones deberían preocuparse más por la gente y no sólo por sus beneficios. Es por este motivo que nos oponemos a toda esta mierda en una época tan dura. Raramente hago fotos en las manifestaciones, creo que ya hay otros allí para hacerlo. No siento la necesidad ni la urgencia de coger mi cámara en esos momentos.

 

Flavor & Chuck D. Public Enemy, 1988

Flavor & Chuck D. Public Enemy, 1988

¿Qué puedes avanzarnos sobre tus proyectos de futuro y qué te gusta hacer cuando no llevas una cámara en la mano?
Me encanta hacer fotos, pero no me gusta llevar la cámara a todos lados. Nunca me ha gustado. Ahora hago fotos de vez en cuando, tengo un hijo de siete años y cada dos meses le saco fotos… y utilizo carretes de verdad, no cámaras digitales. También hice unas fotos a las Pussy Riot en New York y ésas fueron las últimas fotos que incluí en el libro. Solamente fotografío a bandas y skaters si creo que debo hacerlo. Podría hacerlo cada día y conseguir imágenes muy buenas, pero no me apetece. Sólo quiero vivir mi vida y hacer fotos no lo es todo.

Antes de terminar la entrevista me gustaría preguntarte sobre el recientemente fallecido Jay Adams. ¿Cómo describirías su figura como amigo y pionero del skate?
Jay y yo éramos amigos desde que éramos muy jóvenes. En cierto modo, empezamos juntos en este mundo de la cultura underground y nos convertimos en gente conocida. Yo hice algunas de sus fotos más populares e incluso la primera imagen que publiqué era suya. Jay era un año mayor que yo y eso que él era el más joven de los Z-Boys. Teníamos una gran conexión e hicimos muchas locuras juntos cuando éramos críos. No salíamos juntos siempre porque él no era mi mejor amigo, pero eso no quita que estuviera jodidamente loco. ¡No podías estar con el y no meterte en problemas! Hablamos mucho durante los años, me mandaba cartas desde la prisión y, de vez en cuando, me llamaba para saber cómo estaba. Una vez fui a Hawai, pero no logramos encontrarnos. No lo vi en 25 años y eso que publiqué un libro sobre él titulado “Jay-Boy” con la ayuda de su padre. Jay era una caja de sorpresas porque era salvaje, pero también tenía otra faceta más profunda y reflexionaba mucho sobre las cosas.

 

Run-DMC y Beastie Boys, New York City, 1988

Run-DMC y Beastie Boys, New York City, 1988

 

Para más información: www.burningflags.com

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