THE GRANT GREEN STORY

11 February 2018 Texto: David Moreu. Fotografía: Sharony Green & Archivo.


CUANDO EL JAZZ REPRESENTA LA VIDA

Los nombres más famosos de la era dorada del jazz siguen envueltos en un halo de leyenda, aunque mucha gente sólo los relaciona con su música y apenas conocen detalles verídicos de su vida personal. En una época en la que las redes sociales han transformado por completo la manera que tienen los artistas de relacionarse con sus seguidores, las estrellas de antaño todavía dependen de que algún director se atreva a rodar un documental sobre su vida y aclare todos los interrogantes que se han convertido en tabú durante años. El caso de “The Grant Green Story” va mucho más allá del simple biopic de un guitarrista que cambió para siempre la concepción que se tenía de este instrumento de seis cuerdas en el jazz porque se transforma en la búsqueda de un padre por parte de un hijo, en el retrato de una relación de pareja poco antes de quebrarse y pone el foco en el descubrimiento de algunos secretos que han permanecido ocultos incluso para los familiares del músico. Hemos entrevistado a la realizadora y guionista Sharony Green para conocer los entresijos de un proyecto que ha tardado dos décadas en ver la luz y que se ha convertido en una pequeña obra de culto para los amantes de este género tan emblemático.

 

 

Hace varios años publicaste un libro apasionante sobre Grant Green. ¿En qué momento tuviste claro que aquella historia musical podía convertirse en un buen documental cinematográfico?
Cuando estaba casada con el hijo de Grant Green en el siglo pasado (que curioso que podamos decirlo de esta manera), nos mudamos a Detroit y me di cuenta de que era una ciudad muy musical. Entonces mucha gente se emocionaba al escuchar el nombre de Grant Green. Esto fue a principios de los años 90 y mi marido nunca me había contado demasiado sobre el legado de su padre. Pero como yo trabajaba en el mundo de la prensa, siempre he sentido atracción por las buenas historias y quería saber más detalles. Así fue cómo empecé a investigar sobre su vida y el libro acabó saliendo antes, aunque el proyecto principal era el documental. El problema fue que se demoró porque éramos novatos y suponía mucho trabajo. Luego perdimos control sobre la obra durante dos décadas y no fue hasta que nos separamos que yo fui capaz de retomarlo. De eso hace sólo tres años. Además, conté con el apoyo de mis alumnos de la Universidad de Alabama, donde ahora trabajo como profesora de historia.

Uno de los aspectos que más me han gustado es que no se trata de un biopic convencional, sino que también es el viaje de un hijo en busca de su padre. ¿Estaba planeado así desde el principio?
Mirando hacia atrás, creo que todo pasa por algún motivo porque no me di cuenta de la gran historia que se escondía detrás de todo el material rodado. Pensaba que, simplemente, era un documental sobre un icono musical como Grant Green, aunque después tuve claro que era una película acerca de un padre y un hijo. En 2012, mi padre murió y la historia se volvió mucho más clara. La gente que ha hecho obras audiovisuales sabe qué significa hacer algo y, de repente, encontrar otra posibilidad narrativa frente a tus ojos. Lo más curioso es que apareciera de esa manera porque él y yo ya no estamos casados, aunque hemos mantenido el contacto para cerrar este proyecto. Me alegro de que ya haya terminado.

 

 

Es evidente que recorristeis varias ciudades y pasasteis bastante tiempo haciendo entrevistas. ¿Podrías explicarnos cómo fue el rodaje?
Entonces teníamos trabajos a jornada completa y no podíamos ausentarnos mucho tiempo para dedicarnos al documental. Además, hice los trámites para acceder a una subvención y tuvimos que esperar a la resolución. Ten en cuenta que eso fue antes de que existieran los smartphones. También tuvimos que montar un equipo de colaboradores y ajustarnos a su disponibilidad. Tengo muy buenos recuerdos del rodaje en el Watts Club Mozambique de Detroit, donde Grant Green acostumbraba a actuar. Por eso la gente de allí lo conocía tanto. Estaba situado en la parte oeste de la ciudad, muy cerca de la casa que compró a principios de los años 70. En aquella época él se hizo cargo de tres de sus cuatro hijos (que estaban en Jamaica con su madre y su nuevo marido) y vivieron en aquella casa de la calle Greenlawn durante varios años.

Muchos profesionales afirman que los documentales cobran forma en la sala de edición. ¿Cómo afrontaste esa fase tan laboriosa?
La primera vez que me senté a montar el documental, tuve que afrontar el hecho de habernos separado. Tenía que llamarlo para decirle que estaba trabajando en el proyecto y eso me obligó a reconectar con él y con el pasado. Las primeras versiones no eran buenas y me alegro de que nadie las viera. Puede que haya gente a quien no le guste la película porque no pudimos obtener los derechos de la música que Grant Green grabó para el sello Blue Note. Por ese motivo tuve que trabajar con lo que tenía y dejar que fluyera de esa manera. Pensé que ése era el destino y que ya encontraría a su público… y lo he logrado. Como sucede con muchas películas no americanas, el argumento no es literal y hay fragmentos que requieren cierta reflexión para entenderlos. Al final me alegré por no haber distraído a los espectadores con grandes cantidades de música y que vieran el dolor que sentía este hijo en relación a su padre. Hay gente que todavía no lo ha entendido porque sólo quieren ver la parte musical y tampoco se interesan por la historia que rodea a un músico afroamericano en aquella época.

 

 

Se trata de un documental de música, pero también aborda temas como la familia, la vida, el arte, la fama y la muerte. ¿Descubriste algún aspecto de Grant Green que te impresionara?
Descubrí muchas cosas sobre Grant Green, el músico. Era una persona que se tomaba muy en serio su trabajo y tuvo paciencia con un sistema que estaba diseñado para que la gente tuviera que luchar con fuerza con el objetivo de lograr sus sueños. Su fuerza me dio fuerza porque se trata de un relato de carácter universal. Cuando deseas algo, debes luchar por ello. Me acordé bastante de cuando dio un giro hacia la música comercial hacia el final de su carrera o lo que mucha gente entonces consideraba música comercial. Por ejemplo, grabó una versión del tema “I Don’t Want Nobody To Give Me Nothing (Open the Door and I’ll Get It Myself)” de James Brown. Los directores y escritores tenemos el privilegio de contar historias para que encuentren a su público. Sin embargo, al final, esa habilidad no es lo más importante. Lo que realmente cuenta es la historia y la posibilidad de extraer algo valioso de ella.

La mayor parte del metraje sucede en Detroit. ¿Cómo recuerdas la ciudad y por qué crees que tiene una vinculación tan fuerte con la escena musical?
No he vuelto a Detroit desde que me divorcié del hijo de Grant Green en 1998, aunque he oído que ha cambiado mucho. Vivimos una temporada en Greektown, un distrito que actualmente está muy gentrificado, como el resto del downtown. Como puedes imaginar, tengo sentimientos entrecruzados sobre este proceso. Por lo que se refiere a la leyenda musical, el motivo principal es el éxito de Motown, un sello fundado por Berry Gordy, que venía de una familia afroamericana que sabía gestionar muy bien sus recursos. Era un genio del marketing y vendió su música a la “América joven” en lugar de a la “América negra”. He contado esto muchas veces a mis alumnos y, todavía hoy, se sorprenden al descubrir que Motown fue una herramienta de lucha que permitió que gente humilde alcanzara una situación mejor. Puede que hayas visto el documental “Muscle Shoals” y recuerdes el momento en el que cuentan que los indígenas de Alabama pensaban que el Río Tennessee era un río “que cantaba”. Por ese motivo en Muscle Shoals se grabaron tantas canciones geniales. Detroit puede que también tuviera unas “aguas muy musicales” que hicieron que Grant Green floreciera de allí, igual que sucedió con los artistas de Motown. Sin duda es un lugar mágico. Fue la primera ciudad donde viví al independizarme y siento que allí es donde crecí.

 

 

El documental está rodado en blanco y negro, con una estética visual muy cercana al cine alternativo de los años 90. ¿Cómo conseguiste el presupuesto? ¿Se ha proyectado en festivales?
Conseguimos el presupuesto necesario gracias a dos subvenciones, a pesar de que nunca llegamos a recibir todo el importe porque perdimos la propiedad del metraje y no pudimos terminar el trabajo en aquella época. Siempre quise rodarlo en blanco y negro con un ligero tono azulado en homenaje a Blue Note Records. Creo que tiene esa estética por influencia de las películas independientes, pero, sobre todo, por todas las películas que vi en el Detroit Institute of the Arts. Iba muy a menudo a las proyecciones que organizaban y vi títulos muy buenos. “The Grant Green Story” se ha proyectado en el Harlem International Film Festival y fue muy emotivo porque él murió en ese barrio en 1979.

Las entrevistas más especiales son las de George Benson y Rudy Van Gelder. Parece que ambos tenían ganas de hablar sobre su relación con Grant Green y su legado musical…
La primera vez que hablé con George fue para el libro y luego volvimos a encontrarnos en Nueva York para la entrevista del documental. Y nos recibió con las puertas abiertas, con mucha generosidad. La misma que había tenido con Grant Green porque incluso lo había ayudado cuando tuvo dificultades económicas. El jazz pasó por una época complicada a finales de los 60 y principios de los 70. Grant Green tenía problemas para pagar sus facturas, perdió su coche y George Benson ayudó a que se recuperara. Es todo corazón. Y Rudy fue encantador. Una vez terminamos el rodaje, conseguí una residencia artística en Villa Montalvo en Saratoga Springs (California) y el hijo de Grant y yo cruzamos el país en coche hasta allí. Cuando llegamos, teníamos una carta a nuestro nombre esperándonos. Rudy había tomado una foto de nuestra claqueta y nos la mandó. Él era fotógrafo y nos “documentó” mientras nosotros lo “documentábamos” a él. ¡Una gran persona con mucha alma!

 

 

Otro personaje adorable es la bailarina Lottie (The Body) Graves porque parece que sabe muchas más cosas de las que cuenta a cámara. ¿Cómo la conociste realmente?
Todo el mundo adora a Lottie después de verla en la pantalla. El documental podría haber sido su historia personal. Me encantaría hacer otro montaje y dejarla hablar sin prisas. Nos conocimos gracias a varios contactos de Detroit y es una persona que juega en una liga propia. Me gustaría verla de nuevo y, por ese emotivo, me aseguré de que su testimonio apareciera porque fue una dosis de realidad. Y tuve claro desde el principio que el documental debía terminar con la frase: “Grant Green está en el cielo hablando con Sarah Vaughn diciéndole que no lo pasaron nada mal”. Entonces es el público quien decide qué pensar. Una mujer que conocí me comentó que la película era inconexa y solemne. Me lo tomé como que no le había gustado. Mucha gente quiere salir contenta de las experiencias cinematográficas.

Para terminar, ¿qué puedes contarnos sobre tus próximos proyectos literarios y audiovisuales?
Si tuviera dinero, volvería a coger las entrevistas que hice a la viuda de Alfred Lion, el cofundador del sello Blue Note. La segunda vez que crucé el país en coche lo hice para pasar un invierno entero en su casa porque quería que escribiera sus memorias. Fue bastante duro porque ambas estábamos muy unidas al tema del jazz: ella a su marido y yo a Grant Green debido a mi relación con su hijo y al documental. Ella falleció hace unos años, pero todavía guardo esas conversaciones donde me contaba lo que había visto y la gente que había conocido, incluido Duke Ellington. Me permitió entrar en su vida y me hizo sentirme parte de todo eso. Después regresé a Nueva York y continué con mi vida. Hice un doctorado como ella. Ahora estoy escribiendo un libro sobre políticas raciales y espacio en el sur de Florida. La investigación se centra en la migración de gente como mi abuelo hacia ese estado. Todo mi trabajo se basa en cómo las personas se mueven por el espacio y descubren las dificultades del mundo que los rodea. Grant Green viajó mucho y su música cuenta historias sobre todo lo que experimentó.

 

 

 

www.grantgreenabluenote.com

 

 

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