Tecla Lumbreras

1 August 2019 Texto: Marta Álvarez Howard. Fotografía: indicadas de cada autor; Violeta Niebla (* y cabecera), Pepe Ponce (**) y Archivo familiar (***).


“Me gustaría poder ayudar, a través de la cultura, a la gente que está jodida, por ejemplo con migrantes... O gente de Palma Palmilla…”

Con un día de terral propio del verano en Málaga, Tecla nos recibe en su casa. Sale sonriente por la ventana y nos dice: “estoy en lo arto de una escalera buscando un cuaderno”, se prevé una tarde sugerente. Seguidamente nos invita a subir y el tiempo se para. Su hogar es acogedor, pero también es museo, donde alberga todo tipo de objetos curiosos y obras de arte de artistas como Joaquín de Molina, García Alix, Chema Lumbreras y de Elmyr de Hory.

Malagueña de nacimiento, se crió en esta ciudad, frente a la antigua Clínica del Pilar, en en el seno de una familia de intelectuales de Alemania y País Vasco, siendo la sexta de 8 hermanos.

MODERNA con mayúsculas y referente de la cultura en Málaga, Tecla ha sido niña rebelde, adolescente de alma libre y adelantada a su tiempo, de ahí que coincida con una amiga cuando la definió como “un poco hombre”, como nos contaba mientras relataba algunas de sus batallas personales.

“Siempre he sido una persona entregada, es que no parabamos, estábamos todo el día inventando… En los bares, en todos lados, porque la creatividad está en la calle, con la gente y ahí te enterabas de todo lo que se estaba gestando en la ciudad”.

“Yo por primera vez metí la moda y la fotografía en una galería (Galería de Arquitectos de Málaga)… También en el año 84 metí un bar de Torremolinos, me lo traje todo, desde el dueño hasta la clientela… Y no es ponerme moños, pero el Reina Sofía lo hizo más tarde”.

 

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Quien conoce a Tecla sabe que las conversaciones con ella son distendidas, te atrapan, tiene mucho que contar. Nos habla orgullosa de sus antepasados: “Bueno, está toda la historia de mi tío abuelo, que fue fundador de las Juventudes Socialistas en el País Vasco, Tomás Meabe. Mi hermano Chema ha hecho una expo que está ahora rulando por Andalucía sobre él. Ha sido un gran descubrimiento para la familia, una historia increíble”.

No es la primera vez que tengo la oportunidad de charlar con ella, pero esta vez hemos profundizado, es curioso encontrar ciertos matices en común en nuestra crianza e historia de vida. El Contenedor Cultural ha sido punto de encuentro canalizador y espacio en común de disfrute. Hasta entonces su nombre lo leía en periódicos y lo oía entre amigos e idas y venidas de cada lunes a las clases de teatro.

 

***

 

Tecla, háblanos de tu infancia, sabemos que fue muy distinta a lo que los niños y niñas de Málaga viven hoy, pero ¿Cómo la recuerdas tú?
Recuerdo que cuando éramos niños vivíamos más libres, estábamos todo el día en la calle y en el paseo marítimo. Mis padres eran muy permisivos, no nos ponían hora, como a mis amigas, al principio no lo entendía, pero pronto le cogí el rollo, me gustaba.

Hace poco hablábamos de tus padres, una vez me contaste que tu padre fue un personaje muy peculiar, ¿Le llamaban el “Jesucristo”?.
Sí, así es… (mientras muestra una foto de él). Mi padre era muy guapo, elegante y muy buena persona. Un día iba en el autobús y una mujer me dijo que en el puerto, se relacionaba con los trabajadores y que tenía mucha sensibilidad y empatía, con los estibadores y a lo mejor los veía hechos polvo o mal vestidos y entonces para ayudarles les decía “que chaqueta más bonita llevas, te la cambio por la mía” para que no se sintiera humillado ¿no?
Por otro lado, mi madre, que era alemana, era una mujer muy moderna, por ejemplo, para la época se casó tarde y fue campeona de Andalucía de tenis, entre otras cosas.

¿Y sobre ti Tecla? Háblanos de tu viaje a Francia .
Yo me fui a París con mi novio, nada más terminar la facultad, que por aquella época no había Erasmus ni nada de eso. Nos fuimos a visitar a una amiga que estaba allí haciendo la tesis doctoral de Maurice Merleau-Pont y me fui al principio para 15 días de vacaciones, pero llamé a mi madre y le dije que me quedaba… y me quedé dos años.

 

*

 

¿Fue ahí donde decidiste dedicarte al arte?
Hombre, yo estudié historia del arte y en mi casa mi padre pintaba, mi hermana pintaba… pero, sí, fue la mejor universidad informal que he tenido, París. Vivíamos primero limpiando casas. Recuerdo que la primera casa fue en los Campos Elíseos, en casa de Madame Escapini. Luego, estuve con otra familia, que eran encantadores, les recordaba a su hija, que estaba de Au Pair en EE.UU y me cuidaban mucho…. después descubrimos que limpiar oficinas era mucho mejor, porque no había nadie.
También limpiábamos una casa de subastas y una productora de películas de serie B, hasta que José Miguel probó lo de tocar en el metro y entonces él tocaba y yo pasaba el platillo “pour la musique” (sonríe pensativa). A los franceses les encantaba el “Romance anónimo”. Un día una mujer jóven que nos vió nos invitó a su casa a tocar en cenas, y claro, yo iba. A raíz de ahí también salió para tocar en bellas artes, después también dimos clases de español…. ¡Nos teníamos que haber quedado! Estuvimos a punto de irnos a EE.UU, pero al final nos vinimos a España, aunque ahí nos llevábamos los libros de las oposiciones. Yo no las saqué.

¿Tú te imaginabas con esa edad que ibas a acabar siendo Vicerrectora de Cultura de la UMA?
Yo, qué va. Para nada, aunque la gente crea otra cosa… Nunca en mi vida he pensado en el futuro, siempre me he perdido por el camino, pero es verdad que siempre he tenido una pasión por el mundo del arte y la cultura en general, siempre me he entregado.

Claro, me imagino que ha ocurrido lo mismo que en todos los espacios que has gestionado ¿no?
Sí. Una amiga me ofreció trabajar en un taller de grabados, acepté. Dejé la academia en la que estaba dando clases y me puse a trabajar en el “7 de 10”. Un día en una inauguración, vinieron del Colegio de Arquitectos y me ofrecieron llevar su galería, que no existía, es decir, crearla y por supuesto que dije que sí. Allí estuve desde el 84 al 93, entregada, trabajaba mañana, tarde y noche. Fueron unos años maravillosos (nos muestra muchas fotos de esos años). Después vino la crisis y lo primero que cortaron fue en cultura.

 

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¿No se ha vuelto a retomar?
No, aquello se cortó. Estando en el Colegio de Arquitectos me llamaron de una listas de profes, a Ronda y dije que no, pero mis padres me insistieron y me fui a probar, una baja de 15 días. Los chicos estaban alucinados, en aquella época yo tenía el pelo verde y vivía en un hostal, con viajantes, representantes, pero aquello era muy solitario, muy triste. Después me pidieron que me quedara más y me fui a la Delegación y renuncié… Ahora sería funcionaria.
Yo siempre seguí trabajando en lo que me gustaba y cuando nos echaron del Colegio de Arquitectos, estuve 3 meses en el paro, hasta que me llamaron del Hotel Larios que se inauguraba y preparamos un fiestón. Invitamos a famosos, María Barranco, Banderas (que vivían en Madrid)… hicimos pases de modelos, conciertos, presentaciones de libros y luego monté una galería: “La Buena Estrella”.

¿Cómo fue esa experiencia?
La monté con Inmaculada Jabato, en el año 97, en el Centro Comercial Málaga Plaza. Era un espacio de 700 metros cuadrados. Al principio no pagábamos alquiler, pero luego empezaron a llegar las tiendas, que pagaban una pasta por el alquiler de ese local y en fin, tuvimos que cerrar…. Entonces me enteré de una plaza en la facultad y me presenté y la saqué. Pero de pronto me llaman de la Diputación, para llevar la dirección del Área de Cultura y yo en lugar de seguir en la facultad de profe, me fui y estuve 4 años… En la Diputación tuve una experiencia increíble, fuimos a Arco con un stand, teníamos la Sala Alameda y muchas cosas más…
Después de esto, me fui a la Universidad y monté la “Galería Central”, aquello fue alucinante, porque no era ni Filosofía y Letras ni Historia del Arte, ¡Era Ciencias de la Comunicación!… y bueno, al final acabé de profe (mientras se ríe).

 

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¿Cómo surge este proyecto? ¿En qué momento viste que eso era una galería?
A mí siempre me ha gustado la relación con la gente jóven y un día vinieron unos estudiantes en la semana de cultura y me dijeron que querían montar una exposición de fotos y me pareció increíble… Estuvimos mirando por la facultad, de pronto vimos el ensanchamiento del pasillo, lo acondicionamos y montamos esa expo, que iba a ser solo una. El nombre se le ocurrió a un chaval y a mí que el sitio porque me parecía muy soviético, pues eso me gustaba… Al verlo dijimos, lo que hay que hacer es seguir, y sin habérnoslo propuesto estuvimos 10 años y al final se reconoció como proyecto de innovación educativa. Fue muy bonito, porque los chavales trabajaban gratis, sin esperar créditos… Muchos de ellos han desarrollado su profesión y su vocación a raíz de eso.

Me imagino que ahora es todo muy distinto con el Contenedor Cultural, cómo se gestiona, cómo se organiza… ¿Puede que antes fuera más improvisado?
Bueno, improvisado tampoco… Que nos los currábamos mucho. El cómo surge sí, porque no había tanto protocolo ni nada como ahora, pero lo que hacíamos no… Yo siempre he sido una persona entregada, en ese aspecto me recuerdo a Alessandra (Alessandra García)… Y es que no parábamos, estábamos todo el día inventando… En los bares, en todos lados, porque la creatividad está en la calle, con la gente, ahí te enterabas de todo lo que se estaba gestando en Málaga y en el mundo.

 

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Después de todo esto que nos has contado, ¿Qué te queda a ti por hacer Tecla? ¿Tienes algún proyecto en mente? Si te apetece compartir, claro…
Sí, aunque puede quedar un poco… Me gustaría poder ayudar, a través de la cultura, a la gente que está jodida, por ejemplo con migrantes, que no sabemos quiénes eran en su país y parece que no son nadie, que no son personas, pero ahí hay artistas, profes, ingenieros… Y yo estoy convencida que son gente creativa… O gente de Palma Palmilla…
Por ejemplo, cuando me jubile, en este barrio que en principio es un barrio de bien, pues hacer algo, un centro cultural… Pero no sé aún. Yo siempre he trabajado en el mundo de la cultura y es lo que se hacer, pero a veces parece (y lo que se vende en los medios)  que los artistas y los que nos dedicamos a esto, no comemos o no tenemos que pagar pisos y bien sabemos que no es así.
En un país como este, apenas se habla de cultura en los medios y nosotros lo que tenemos para ofrecer es patrimonio, no industria. Y por eso se debería cuidar más y darle más valor, porque somos ricos en cultura y patrimonio.

¿Qué consejos das tú a los agentes culturales?
Que si tenéis una pasión, que luchéis, que no tengáis miedo, que si creéis lo que hacéis que tiréis palante, que ahora vivimos tiempos políticamente más correctos. Nosotros no pedíamos permisos para nada y ocurrían cosas y ahora se tiene más miedo. Hombre, hay que ser creativos y luchar con pasión, porque cuando uno se entrega las cosas salen.

 

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