Roberto Sánchez “Lulen”

4 August 2016 Texto: Eduardo Illarregui Gárate. Fotografía: Eduardo Illarregui Gárate. Excepto las fotos de tablas y bocetos, por Roberto Sánchez.


El shaper errante

Piedra que rueda no cría musgo. Esta frase define perfectamente al surfista y shaper Roberto Sánchez, ‘Lulen’ (Santander. 1971). Si parafraseando a Jorge Manrique “nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar”, la vida de Lulen se asemejaría al Guadiana, porque aparece y desaparece. Una trayectoria aparentemente errante que responde a su ansia incansable de buscar respuestas, con las que ampliar su caudal de conocimiento. California y México son sólo algunos de los destinos donde Lulen ha entrado en contacto con otros shapers, con otros talleres, con los que ha compartido y adquirido saber y experiencia que más tarde ha volcado en cada una de las tablas que salen de su taller bautizado como Ahau Surfboards. Tablas únicas, irrepetibles, como la vida de su autor, concebidas con un concepto más propio de las obras de arte que de la artesanía; y diametralmente opuesto al de un mercado que, con el pretexto de la demanda, se ha empeñado en aplicar al shape los mismos procesos productivos tayloristas y fordistas que las grandes multinacionales aplican a la ropa. Charlar con Lulen es un viaje directo en clase business al corazón del surfing, a su esencia, libre de adulteraciones y sucedáneos. Un recordatorio para propios y extraños de que el surfing es más que una foto colgada en una red social y que hay surfistas que por estar en la cresta de la ola están dispuestos a arriesgarlo todo.

Orígenes. Nadie me hacía las tablas que yo quería. También era una época en la que era muy difícil acceder a ellas. Con lo cual me puse a hacerlas yo.

 

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Influencias. Mi primera experiencia en el mundo del shaping vino de la mano de Geoff Rashe, actual shaper de M10 en Santa Cruz, California. No ha sido una influencia a nivel creativo, pero me enseñó el proceso básico para el desarrollo del diseño y posterior construcción de una tabla de surf. Nos fuimos a Francia de vacaciones, tenía que hacer un par de tablas, y yo me colé como ayudante. A partir de ahí, mis influencias se pueden resumir en un intento de volver a las tablas antiguas. Mis primeras influencias fueron las Xpeedin’, Jerónimo, Santa Marina, alguna Gordon&Smith de la época, de los primeros setenta. Tablas cortas 6’0” de los ochenta con sus canales. Yo me acuerdo de una tabla 4 quillas, que no sé quién shapearía, Pukas que me impactó mucho. Ese tipo de trabajos fueron los que me cautivaron y como no eran piezas fáciles de conseguir, pues todo el mundo estaba en el boom de los tri-fin, decidí empezar a trabajar sobre ese tipo de curvas. Singles fin de los setenta, la transición entre los sesenta y setenta, el mundo de los bonzers, Campbell Bros ha sido una figura muy importante en mi desarrollo creativo. Yo estudié Artes y la manera que tengo de plantear una serie de trabajo es artística. Trabajo por series y, entre serie y serie, necesito llenarme con lo que voy a trabajar en la siguiente serie. A veces desaparezco y lo que estoy es en un proceso de creación para luego poder pasar a uno más productivo. Ahora estoy influenciado por Derek Hynd, un gurú del surfing sin quillas. Todos los chavales que hay en California sin miedo a hacer lo que les dé la gana al margen del WQS y todo lo que es el mundo institucionalizado del surfing y de la competición, los sponsors… Un surfista de calidad no tiene reparos a meterse con una puerta a surfear o tirarse un año surfeando con un tipo de tablas que no le va a llevar a superar ninguna meta a nivel competitivo o económico. Estamos volviendo a la libertad, a disfrutar… El surfing no es solamente ser el número uno o entrenar a tu hijo para que lo sea y a los 16 años tengas un hijo ‘traumao’ porque no ha llegado siquiera a tercero del barrio. Tablas desenfadadas, imaginativas, comprometidas con una idea de llegar más allá, para lo cual hay que cometer locuras y cosas que a nivel estético puedan resultar esperpénticas. Todo aquello que no he visto antes para mí puede ser una influencia. Igual que espero que mucha gente algún día diga: “Mmm, esa tabla de Ahau, voy a ver si cojo esto, lo mezclo con la tabla de este otro, y hago una nueva creación”.

 

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Ahau: Es un compromiso con el deslizamiento, a nivel educacional con la escuela, a nivel creativo con las tablas de surf, a nivel divulgativo con charlas, con conferencias. Este invierno voy a dar una en Las Palmas de Gran Canaria sobre sostenibilidad y técnicas de desarrollo para deslizadores acuáticos. Ahau es salir del estándar.

Trayectoria. Nunca me he ido del todo. Me he ido del país, pero yo he seguido haciendo tablas a mi ritmo, en otros lugares del mundo donde he estado viviendo. Mis tablas tienen un poco de cada lugar, de cada ola donde yo he estado en temporadas largas de mi vida. Esto me ha hecho no ser tan constante como otros productores que se han quedado produciendo, produciendo, mientras yo decidí salir un poquitín a fuera.

Esencia. Un surfista es el repertorio de maniobras que tiene, la profundidad del surfing que tiene o no tiene… Su quiver. Poca gente auténtica queda en el agua, que estudia, que sigue trabajando duro, que se levanta por la mañana y lo primero que ve es la boya. Hay mucha gente que es para la foto, para el día de sol, para ese momento que va estar todo el mundo mirando. Y hay poca gente que se tira entre dos acantilados, el día de lluvia, con solamente tres o cuatro amigos mirando para ver si pasa algo o no pasa. Cada vez hay menos gente comprometida. Si tú juegas al golf, necesitas al menos ocho palos; si no, no puedes… Sí puedes, pero entonces ni es golf ni es surfing. Si tú quieres practicar surfing vas a necesitar tablas para olas con masa de agua, para olas de fondo de arena, para reef, para un metro, dos, cinco, para días que estoy contento, para días que estoy triste y tengo una lesión. Yo tengo 20 tablas operativas, me gustaría tener 10 más. De esas veinte, uso dos o tres el 80% de mi surfing, pero necesito esas otras para completar mi surfing. ¿Hablamos de surfing o hablamos de que yo solo hago esto? (pone sus dedos pulgar e índice marcando una medida ínfima). De esta actividad solo desarrollo una parte. También es una realidad. Es algo que respeto y que con mis palabras no intento ni mucho menos desprestigiar. Hay gente que sólo se mete en verano y con chaquetilla; pero claro, dime qué tienes en tu quiver y te diré qué tipo de surfer eres. Yo hablo de gente comprometida, qué tiene el máximo número de tablas, discute con su mujer por ello, por madrugar e ir a la playa. Tiene el veneno dentro y se juega muchas cosas cada vez que se mete en el agua. Es como el que todas las semanas se mete 250 kilómetros en bicicleta y el que sale a pasear o dar una vuelta los domingos. El primero es ciclista. Está informado, se documenta, hará entrenamiento complementario, tendrá sus dos o tres bicicletas, sus cuatro o cinco juegos de maillots, su ropa de verano, de invierno, de lluvia, ruedas para días de viento…

 

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La gente. Cada vez que le pides un descuento a tu shaper local, Dios mata a un cachorro (Risas). La gente se tendría que dar cuenta que las tablas hechas a mano, fuera de una producción, con una plantilla, llevan mucho trabajo. Cada vez tengo más clientes que llegan y dicen: “Roberto, una tabla para estas olas… ¡Libertad!” Y eso me gusta más… Ese tipo de confianza. Y cada vez tengo más clientes de esos, porque me vienen al día siguiente de probar la tabla y me dicen: “Macho, gracias, es la tabla que estaba necesitando”.

Supervivencia. Es una apuesta 100% personal y enfocada a un colectivo muy determinado con ciertas inquietudes. Consigo llevar el taller adelante con una flexibilidad, cambiando de un tipo de tablas a otras, de unas actividades a otras; fabrico ventanas, restauro tablas, las arreglo. Por un lado, eso no me permite centrarme en la investigación, pero me permite seguir sobreviviendo, haciendo lo que me gusta.

¿Thruster sí o thruster no? Yo ahora mismo no tengo ningún tri-fin. Tuve una temporada que dije: “necesito uno para cierto tipo de olas”, pero logré suplirlo con los four- fins, que me dan un surfing más de estilo, no tan exigente. El thruster es una tabla muy sencilla de manejar, te permite hacer muchas cosas que no son políticamente correctas dentro de una ola. Por eso, considero que ha hecho mucho daño al surfing. Cuando tú te enfrentas a una ola con cuatro, dos o una quilla te exige una trazada, un tipo de surfing muy determinado que no es tan sencillo de conseguir. Sin embargo, con el tri-fin, puedes saltarte a la torera ciertas reglas, a nivel de trazada, de navegación… Si sabes surfear, perfecto; pero si no eres buen surfista, el thruster lo único que va a hacer es acrecentar todos tus vicios, nunca te va a llevar a hacer una trazada como Dios manda, como te va a exigir un four fins. Puedes llegar a hacer barbaridades, pensando en realidad que estás siendo el mejor surfista del mundo.

 

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El gran error. A partir del desarrollo del thruster con Simon Anderson, de toda la tecnificación de la élite del surf, cuando el surfista pasó de ser el ligón de la playa a convertirse en un atleta, ahí comenzó la equivocación. La gente cuando se inicia en el surfing sólo está viendo esa vertiente: la competición, la alta competición. No son tablas para divertirse, no son tablas relajadas, el máximo estrés… Ha creado una tendencia y toda la gente, que está instalada en esta incultura, ¿qué elige? Lo que más brilla.

Pasado. Hace 20 o 30 años, cuando querías una tabla, ibas donde un shaper y le decías que querías la tabla igual que el que era el mejor en ese momento. Todo el mundo quería ser el mejor y creía que esa tabla le iba a permitir llevar su surfing a esas cotas. Luego llegas a tu madurez, y llegas a la conclusión de que no todo el mundo tienen el nivel ni la forma física para llevar la misma tabla ni conducir el mismo coche que Fernando Alonso… Si esto te lo explican con 16 años, en vez de descubrirlo por tu cuenta con 30, te hubieses ahorrado quebraderos de cabeza y a buen seguro tu surfing sería mejor.

Las Escuelas. Nadie se compra una bicicleta de 3000 euros, se pone un maillot y se piensa que es Perico o Indurain. En el surf, en cambio, la gente se pone un wetsuit, se mira en el espejo, y ya le brilla el ojo de una manera… La gente a veces está muy equivocada y la labor de enseñarles es de las escuelas de surf, pero éstas muchas veces no están a educar, sino a crear un show, una actividad recreativa muy lejos de lo que es la enseñanza de un deporte. Buscan mantener contenta a la gente por una semana. En realidad, se están vendiendo fotos de Instagram de 0,2 segundos de pie sobre una tabla, la fiesta de la noche y a ver si ligas. La gente quiere salir en la foto, remar lo menos posible, ponerse de pie sin ni siquiera intentarlo y luego salir del agua con la tabla y pillar con una chavalita; pero la vida y el surf no son así.

 

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Cultura surf. La masa del surf ya no proviene exclusivamente de los lugares donde hay olas. Sólo un 30% de los que surfean hoy en día en España provienen de un lugar con una tradición de surfing de 30 o 40 años, toda esa gente era la que antes quería la tabla de Kelly Slater, Tom Curren… Y se ha dado cuenta que Slater, Curren, Machado, Rastovich se cansaron de la alta competición, de tener que llevar tablas muy determinadas, y optaron por otras más relajadas. Todo esto ha hecho mella. Ha habido una especie de ‘reculturización’ de toda esa gente que empezó eligiendo ‘lo que más brilla’ y han tenido que ir amarrando ‘lo que más flota’. El 70% restante, que proviene de lugares que no hay surfing, todo el tiempo que no hace surf, lo emplea para documentarse. Vas a lugares del Mediterráneo y conoces a gente que tiene unos niveles de cultura del surf en el plano histórico a unos niveles propios de gente que sabe de historia del arte o de la música… Fechas, datos, personas, puntos de inflexión, modelos concretos de tablas de surf que han marcado un antes y un después. Esto ha propiciado que ahora mismo haya más cultura del surf que hace diez años.

Futuro del shape. Seguimos surfeando con tablas del siglo pasado y tenemos la tecnología y la aspiración de cosas del siglo que viene. Se van a producir grandes cambios a nivel formas y materiales. Es necesario. La última gran revolución fueron las tuflite, la producción en masa de tablas. Pero a nivel materiales seguimos trabajando con una mierda de materiales, super tóxicos, que perjudican el medio ambiente y al trabajador. El gurú que está haciendo las tablas se está muriendo cada vez que hace una tabla. Es algo que debería cambiar. La gente tiene que ser consciente de ello. Tal vez si cada vez que alguien encarga una tabla, se le entrega junto una bolsa de basura con todos los residuos que genera y se le dice: “¡venga, deshazte de esto!”… Hay nuevos materiales en el mercado, y los antiguos que se adaptan y se vuelven a usar. La madera, los materiales naturales yo creo que van a volver al surf. Sus características técnicas son buenas, son fáciles de conseguir, dan menos residuos y más fáciles de tratar…

 

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¿Y del surfing? El surf es muy espectacular y le queda mucho tiempo de estar de moda, porque lo harán olímpico, harán piscinas… Pero llegará el momento que el surf sea un fútbol más y la gente vea a los que hacen surf como nosotros vemos ahora a los forofos del fútbol, gente a la que sólo le preocupa la ola. El surf dejará de ser un deporte exótico. Yo estoy deseando que llenen la península ibérica de piscinas. La gente va a aprender a hacer surf, no va a tener que gastar dinero en combustible. Con el surf va a pasar como con la escalada, va a ver surfistas de interior (de rocódromo), surfistas de escuela en outdoor y luego surfistas de alta montaña.

¿Y el tuyo? Yo shapearé toda mi vida, porque yo no voy a encargarle a otro mis tablas… A no ser que tenga un problema y no pueda transmitir mis ideas a mis manos… Sí que podría tener trabajos de otros shapers… Yo me veo haciendo mis propios deslizadores hasta el día que me muera. Es difícil predecir el futuro, porque la vida da tantas vueltas… Mañana me toca la lotería y yo mi taller no lo cierro, pero me dedicaría a hacer mis tablas, mis experimentos, ya no habría esa necesidad de supervivencia, y me recrearía en mis creaciones, en lugar de tener ese freno de los clientes: “no te pases, no la quiero tan asimétrica”…

A la mayoría de los mortales si nos tocase la lotería lo primero que haríamos sería dejar nuestros trabajos. Lulen seguiría trabajando, porque a Lulen, en cierta forma, ya le han tocado los Euromillones y es multimillonario. Hace lo que quiere. Hace tablas.

 

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