MARÍA TORRES:
EN EL PLIEGUE SIMBÓLICO DE LA REALIDAD

23 April 2019 Texto: Pedro Rodríguez Ruiz. Fotografía: Archivo María Torres.

Las fronteras y muros son absurdos que los artistas atraviesan. Ven sus cimientos como riachuelos donde tiemblan las piedras. No hay limites. Solo gravitaciones que inducen trivialidad, deshumanización, injusticia, condicionamientos. La vida de un artista no es solo su visión, son los esfuerzos y méritos de su curiosidad, pasión e inteligencia. Desenterrar la vida antes de que la calcifiquen los estratos y sedimentos pesados de nuestra sociedad. La obra artística es continua, pieza a pieza, a experiencia, sueños y estudios. Es una dimensión inmensa. Se pliega sobre la realidad y nosotros, haciéndolo todo más visible. La realidad a través de los ojos de María Torres es sueño, introspección e hiper-realidad. La intimidad se une a la conciencia colectiva para una meditación más grande y universal. Sus temas, su multi disciplinariedad y su sensibilidad interrogativa nos ha ofrecido una de las carreras más pro activas e interesantes de la escena (sin adjetivos o fronteras) artística actual. Un placer conversar con ella y tenerla en la portada de este nuevo número de Staf.

¿Cuando y cómo nace tu interés por el arte?
Mi primeras memorias conectadas al impulso creativo vienen de muy niña, tanto como un elemento del juego y sociabilidad en la interacción con otros como en los momentos de introspección en actividades individuales como el dibujo. La idea de que esta energía creativa se materializara en una forma de vida como adulta, una carrera artística, vino mucho después en la adolescencia cuando descubrí el mundo del cómic. Algunos de los artistas visuales de los cómics que me obsesionaban se convirtieron en referencia como camino. Fue entonces que comprendí que hay personas que transforman la creatividad en trabajo, comida, dinero, y supe con contundencia que era lo que deseaba para mi vida.

 

 

¿Qué artistas y obras forman parte de tus obsesiones o influencias más constantes?
La única constante de mis influencias es el cambio. Mis referencias culturales evolucionan con forme mi desarrollo personal e interés cambia. De niña y adolescente consumía cultura con voracidad, conecté muy fuerte con la literatura de Cortázar, el arte de Milo Manara y Jean Giraud (Moebius), la cosmología de Alan Moore, los retratos crudos de Egon Schiele. Durante mis años en Berlín el foco era mayormente cine y música a través de la comunidad de artistas en la escena alternativa de Kreuzberg y Neulölln. Hoy en día conecto con una visión del arte más expansiva, que cruza desde la mística a lo social y político. Me interesa el trabajo de Jill Soloway, como directora, escritora y pensadora. La vulnerabilidad, honestidad y humor de Lena Dunham. El misticismo gnóstico de la pintora Hilma Af Klint. Estas artistas representan para mí la integración de la voz femenina en la cultura y la vida, actualmente es esta voz la que más me estimula intelectualmente, emocionalmente, creatívamente.

Antes de tu carrera profesional, y antes o durante tu formación ¿has participado o producido creaciones independientes, tipo fanzine, cartelería, etc?
Siempre ha habido gente a mi alrededor en la escena independiente editorial y musical. Cuando comencé a compartir mi trabajo en blogs y redes sociales, las colaboraciones que me llegaban eran siempre de colectivos que se posicionan de manera crítica, con un pie dentro del sistema y otro pie fuera del sistema. He colaborado, aunque no manera intensiva, con publicaciones independientes y cartelería, sobre todo con músicos.

 

 

¿Cómo se desarrolló tu formación académica desde Almería hasta llegar a estudiar en la Kunsthochschule Berlin-Weissensee?
Almería es una ciudad conservadora y se me quedó pequeña en los primeros años de instituto. Sentía atracción por ideologías y formas de vida que no veía representadas en mi contexto, estas ideas me llegaban a través del consumo de cine, cómics, música, literatura y por supuesto, internet. A los 14 años decidí estudiar Bellas Artes y me matriculé en La Escuela de Artes y Oficios para hacer el bachillerato artístico. La experiencia de esta institución me impulsó enormemente. En un contexto vital en el que tus elecciones educativas están directamente asociadas a tu futuro laboral, mi familia fue generosa y no se negó nunca a que siguiera un camino poco convencional.
En Granada comencé la diplomatura de Bellas Artes con pasión pero mi integración en el programa fue desastrosa. No tenía herramientas para positivizar el contexto académico tradicional que definía la universidad durante esos años. Pintar bodegones al óleo y dibujar modelos desnudos me interesaba tanto como caminar descalza sobre fuego. Y a pesar de que había algunos profesores con un ángulo más contemporáneo y estimulante, en mi cuerpo sentía que esa institución no era para mí. Durante los años de Granada fui poco a clase. Me formé en casa con mis amigos. Descubrí el krautrock, el cine europeo, a Iggy Pop y Nick Cave, y me obsesioné con el cine de Win Wenders y literalmente comencé un enamoramiento a distancia con la capital alemana. Sin haber estado allí jamás sentí que Berlín era mi compañera. Cuando decidí mudarme a mi familia casi los mato del susto. Tardé más de un año en aprender el idioma y pasar la prueba de acceso a la universidad de arte. Nunca había tenido que trabajar para mantenerme, nunca había vivido un invierno centro europeo o visto gente de tantos orígenes. La Kunsthochschule era todo lo que yo había imaginado que debía ser una educación artística madura y contemporánea, y más. Berlín ha sido una gran compañera y tendrá siempre un lugar único en mi vida.

 

 

¿Qué disciplinas académicas te llamaban más la atención?
Me apasionaba toda expresión creativa humana, desde la artística a la científica: literatura de ficción, poesía, cine y animación, pintura, música, teatro y artes vivas.

¿Cómo compararías con tu experiencia el ambiente artístico entre Alemania y España?
Me fui de España con 21 años, antes de la crisis, creo que era 2006. Lo que yo dejaba detrás, Granada y Almería, no era un ejemplo relevante de la escena artística en el país. Es ahora, en el presente que estoy descubriendo la escena artística en Madrid y Málaga. Madrid me tiene fascinada y estoy deseando hacer allí una residencia. Espacios como Matadero, La Casa Encendida, colectivos emergentes como El Cuarto de Invitados, Real No Real, están dibujando un paisaje increíble en el vocabulario creativo de la capital. Es buen momento para estar en Madrid. Cuando llegué a Berlín en 2006 la ciudad estaba sin gentrificar. Había muchos locales vacíos, balazos en las fachadas, alquiler barato, calles grises y solitarias. El invierno era profundo y casi intolerable, a mí me encantaba. La ciudad era tan asequible y ofrecía tanto espacio que cualquier grupo tenía oportunidad de montar su proyecto artístico con pocos recursos. La escena alternativa floreció en locales underground ofreciendo muchísima variedad. Todos los colectivos con iniciativa podían montar un espacio para representarse y alimentar su mensaje cultural. En mi caso, yo me he movido principalmente con gente de la escena musical y algunos proyectos de galerías y colectivos independientes, muy poco con artistas visuales.
En perspectiva, diría que Berlín es oscura y arriesgada, se respira un tipo de libertad cultural que invita la diferencia y atrae espíritus exploradores. En España antes veía mucho más presente el peso de lo tradicional y menos voluntad por el riesgo (por eso me fui). Ahora siento que viene una energía distinta a España, las nuevas generaciones traen una potencia increíblemente refrescante. Me siento feliz de regresar a mi país de origen y redescubrirlo como adulta.

 

 

¿Cómo se desarrolló tu carrera una vez terminaste tus estudios de pintura en Berlín?
Al salir de la uni en Berlín sentía un rechazo muy profundo por las instituciones. Abandoné mi producción artística de aquellos años en la universidad porque sencillamente no quería volver al espacio ni para recoger las pinturas. Es una universidad maravillosa pero la institucionalización nunca me ha encantado y estudiar en Alemán y ser extranjera en Berlín requiere tanta inversión energética que estaba agotada. El circuito de la industria artística y las galerías no me atraía así que dejé de pintar y exponer y pasé unos años alrededor de colectivos de la escena musical experimental y con ellos me sentí en casa, revaloricé el trabajo en equipo y la colaboración. Me concentré en el cine con mi entonces compañero que era cineasta, hicimos una peli documental sobre la escena que veíamos florecer a nuestro alrededor, lo pasamos bomba. Bailamos y reímos como para gastar la energía del planeta en una noche. Me mantenía con trabajos de camarera y comisiones en trabajos editoriales y storyboards para anuncios. Fue sólo hace unos 5 años que decidí dejar mi trabajo a media jornada y vivir del arte. Di el salto sin tener un plan, puse mi trabajo en Instagram y comencé a recibir invitaciones interesantes para colaborar, todos los proyectos que llegaban tenían foco en la perspectiva femenina. Mi vida se llenó de mujeres alucinantes, artistas sorprendentes y llenas de talento. Desde entonces voy combinando comisiones y proyectos personales con el desarrollo de la comunidad con mi familia en Almería, donde regresé hace dos años. Me siento muy agradecida de vivir de mi trabajo creativo. El arte me lleva de viaje a lugares que nunca imaginé que visitaría, aprendo de las personas con las que me conecta.

 

 

¿Cuales son tus principales temas y motivaciones como artista?
Los artistas somos el sistema nervioso de la raza. Miramos el mundo, sentimos y comunicamos lo que sentimos para aquellos que están dormidos o lo han olvidado.
Por ejemplo, los trabajadores del distrito financiero de San Francisco caminan diariamente por el barrio del Tenderloin al lado de personas en dinámicas de autodestrucción y adicción, los sin techo. Caminan por este paisaje como si existieran en dimensiones separadas. Al vivir esta escena como observadora, la capacidad de los paseantes para ignorar el sufrimiento de otra persona en un espacio compartido me pareció fascinante. A mí me rompe el corazón ver a la gente expresarse de forma desequilibrada por la adicción y durmiendo en la calle. Por qué a ellos no? O sencillamente no lo expresan?
En la “Serie de La Sangre” el foco temático son experiencias casi inherentes a la feminidad pero ignoradas en nuestra cultura. El trauma físico y psicológico que sentí después de mi aborto voluntario en Berlín no encontró fuentes de apoyo. Descubrí la enorme ignorancia tanto de los profesionales, como de mi familia amigos y pareja. Nadie tenía conocimientos y herramientas para aliviar la complejidad de la experiencia. El motivo por el que rendericé esa experiencia en una imagen medio loca – medio divertida, la obra “Push!”, fue generar conversación sobre ese tema.

Personalmente pienso que cuando se habla en tu obra de feminismo, humor negro y naturaleza, son ideas que van cogidas de la mano y fluyen una dentro de otras. El feminismo es la igualdad que es la naturaleza y el equilibrio. El humor negro es la fuerza incesante de critica y reflexión sobre las perturbaciones en dicha naturaleza. Has comentado sobre tu obra la importancia de estimular el pensamiento critico, la reflexión, el dialogo. En tus obras hay surrealismo que a la vez es critico o irónico y profundo e introspectivo. Cuando abordas en tu obra los enrevesados y complejos temas de nuestra cultura, ¿cómo trabajas esa fina linea entre lo critico y lo personal, lo interior?
Mi idea del equilibrio y la armonía está relacionado directamente con la naturaleza, así como la vida más allá de lo humano y lo material.
La psyche humana es maravillosa, pero también puede complicar la realidad inmensamente. La contemplación activa de la naturaleza desvela sistemas y ofrece claridad. También nos enseña hasta dónde llega nuestra capacidad de conocimiento y dónde empieza el misterio, lo inexplicable. Por eso el uso de la naturaleza como elemento simbólico en mi obra tiene también que ver con el misticismo, la búsqueda de la verdad y lo divino.
El feminismo para mí es potenciar un mundo más justo e igualitario, activamente, cada día. El humor en las imágenes es una herramienta para despertar el pensamiento crítico. Exagerando la información y rompiendo la realidad, se potencia una idea. A veces un mensaje potente hace daño, despierta dolores antiguos. Por ejemplo, hay mujeres que se sienten incómodas con la Serie de la Sangre. No me sorprende, estamos sanando dolor colectivo acumulado y eso requiere tiempo. En China ni me dejaron exponerlas.
Lo crítico y lo personal forman parte del mismo sistema. ¿Cómo podría separarse la identidad de nuestra visión del mundo? Todo lo vivimos a través del filtro de la identidad. La visión crítica en mi caso proviene de la experiencia y el estudio.

 

 

Otro equilibrio atractivamente perturbador en tu obra son escenas que parecen muy naturales pero donde ocurre la locura. Es como una naturalización de la perturbación, y de ese modo se potencian muy intensamente ambos elementos. ¿Cómo has desarrollado estos temas en tu trabajo y cómo se te ocurren estos temas a partir de la visión del “mundo cotidiano”?
Mi impulso creativo es emocionalmente abstracto y aunque las ideas suelen venir de forma muy clara / definida, las obras no están conceptualizadas antes de su ejecución. Es durante el proceso que descubro realmente la narrativa conceptual de la obra, siempre está relacionado con un elemento presente y relevante en mi vida. Mi vocabulario visual son literalmente objetos, paisajes y personajes de mi vida diaria consciente e inconsciente. Al usarlos de manera simbólica, la identidad del objeto pasa a ser el valor que mi mente y mi experiencia le otorga. Ahí ya se ha roto el vínculo objetivo con la realidad para ser una cosmología personal.

Has participado en exposiciones colectivas con bases conceptuales muy explorativas e introspectivas, como The Seekers, en Berlin. Utilizasteis la meditación, estados alterados de percepción, simbolismo ritual… para crear y recrear objetos ante una experiencia estética quizás más subconsciente. Tú misma eres además profesora de yoga… ¿Qué puedes contarnos sobre el origen y desarrollo de aquel proyecto? ¿Qué puedes contarnos también sobre la experiencia creativa artística introspectiva y meditativa?
The Seekers es una colaboración con la artista y académica australiana Jai Mckenzie. Jai y yo exploramos la idea de trascendencia a través de la práctica creativa y decidimos conectar con artistas de distintas disciplinas que conectaran en este punto pero lo desarrollaran de forma diferente. De ahí surgió la idea de la exposición.
Cuando comencé a meditar, de forma natural se colaron prácticas de atención y regulación sensorial en mis ejercicios artísticos. La meditación entrena la capacidad de foco y naturalmente me interesó aplicar mis descubrimientos al proceso creativo.

 

 

Colaboras habitualmente en Curated by Girls, Tribe the Mama y Sabat Magazine. Hablanos por favor de ellas, en qué consisten, cómo funcionan y cómo llegaste a colaborar en ellas.
Los colectivos que mencionas llegaron a mi vida a través de redes sociales y blogs. Aunque cada uno de estos proyectos es diferente y único, tienen en común que están ideados y dirigidos por mujeres y que sus contenidos tienen foco en un ángulo femenino.

Haces ilustración y pintura, pero también trabajas medios audiovisuales. ¿Cómo es tu día a día de trabajo? ¿Qué técnicas y métodos de trabajo usas habitualmente? ¿Y qué otros medios y técnicas te llaman fuertemente a probar y experimentar?
Mi vida y mi trabajo son muy orgánicos. Cambio de medio, técnica y estética en relación al proyecto. Prefiero no pasar demasiado tiempo trabajando de la misma manera y buscar un reto nuevo, un vocabulario fresco y estimulante. Me encantaría trabajar en 3D, realidad virtual y hacer música.

 

 

Has convivido con tribus nómadas de Mongolia y te has sumergido en su cultura. Esto te ha inspirado una serie de obras recientes. ¿Puedes hablarnos por favor de esas experiencias y cómo las has comunicado con tu obra?
Mongolia es un país fascinante y salvaje. El tiempo que pasamos allí me movió de manera tan profunda que a pesar de que han pasado dos años sigo procesando material, fotos y memorias. Hay pocos espacios en el planeta donde se conserven trozos de naturaleza sin editar por la mano humana, es muy impactante. La austeridad y la brutalidad de la vida en la Mongolia nómada me hizo sentir extrañamente en casa, a pesar de que no tiene nada que ver con mis orígenes.

¿Qué puedes decirnos de tus próximos proyectos? ¿Qué se ve en el horizonte?
En otoño de 2018 comencé una relación de residencias con VARDA Artists Residency en San Francisco y aquí estoy desarrollando una serie de paisajes donde reciclo experiencias de los lugares geográficos que han sido relevantes en mi vida para contextualizar escenas imposibles y terminar historias que quedaron a medias. El próximo año será de producción, residencias y búsqueda de financiación para poder desarrollar este proyecto y ver dónde me lleva. Espero poder comenzar a exponer la obra en la primavera del 2020.

 

www.mariatorres.net

 

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