Gary Taxali:
la narración de viejos ecos

6 July 2018 Texto: Pedro Rodríguez. Traducción: Javi Durán. Fotografía: Archivo.

{english below} Observo las obras de Gary Taxali y a través de unas suaves corrientes de aire llegan sonidos de banjos y guitarras a través de un gramófono. Mis parpadeos parecen más lentos y las figuras se  mueven saltando por el espacio. Hay hilos serpenteantes ante mis ojos, y manchas de iluminación. Me apoyo en la pared y el tacto es de cartón poroso y las esquinas tienen un recorte estampado como los sellos. Agarra mi mano un pequeño mono con un viejo birrete en la cabeza. Hay muchas cosas que mi cerebro no entiende. Pero mi boca sonríe con un pasado que no es el mio. Experimento un pasado de juegos pretéritos con sus propias leyes físicas. Gary Taxali tiene puertas a ese mundo. Gary Taxali te comunica con la emoción.

En este número de STAF hablamos con Gary Taxali de significados e incógnitas, de pasados universales y muchas cosas más. Y tenemos el honor de tener en portada su arte y una ventana a su mundo. Bienvenidos…

Tu obra evoca un pasado mítico del cartoon que no está al alcance de los primeros recuerdos de nuestra generación. Por ello me gustaría hacerte una pregunta doble sobre tus orígenes: ¿qué primeras cosas de la cultura popular marcaron tu infancia, en tv, cómics o música?
Cuando era niño, mi padre solía llevarme a la biblioteca a menudo. Fue ahí donde encontré un libro sobre los hermanos Fleischer e indagué sobre su mundo de Betty Boop, Felix el Gato, Koko el Payaso, etc. Me enganché inmediatamente. A mi padre y a mí también nos encantaba ver pelis de Laurel y Hardy juntos. Me convertí en un fan de los dibujos animados de los años 30, así como de la comedia, la imaginería e incluso la música de la época. Más tarde, compró unos tomos recopilatorios de la revista MAD y me hice fan automáticamente de la obra de Bill Elder. Hasta la fecha, me encanta rellenar espacios con pequeños personajes y garabatos, que es algo que vi mucho hacer a Elder. 

 

 

Y luego, cuando ya uno busca y desentierra a conciencia sus propios gustos y pasiones, ¿cuándo y cómo cultivaste tu amor por la cultura retro?
En el instituto, me enamoré del trabajo de Andy Warhol. Fue también por esta época en que empecé con las serigrafías. La imagen producida en masa (o que aparente serlo) me atrajo para explorar mis propias ideas sobre el pop-art y la ilustración. El medio se entrelaza con el mensaje de una manera hermosamente homogénea.

En 1991 te gradúas en la Ontario College of Art & Design Univeristy (OCAD) ¿Cuándo empezaste a dibujar y ver el arte como tu vocación? ¿Cómo empezó a definirse tu propia identidad artística?
He estado dibujando toda mi vida, pero nunca lo vi como posibilidad de que fuera una vocación cuando fui a la escuela de arte. Tuve suerte de tener compañeros de clase de talento notable que me inspiraron. Fui igualmente afortunado de tener unos profesores fantásticos que no solo me enseñaron a dibujar y pintar mejor, sino a encontrar mi propio estilo. Uno de ellos fue un ilustrador polaco llamado Jerzy Kolacz. En su clase el concepto lo era todo; fue allí donde aprendí las herramientas que se necesitan para expresar mi propio estilo e ideas.

 

 

En apenas 10 años, empezaste a exponer en galerías de todo el mundo y en museos como el Andy Warhol Museum, el Whitney Museum of American Art de New York o el Contemporary Art Museum de Roma. Los estilos y personalidades de categorías artísticas como el pop surrealism o el lowbrow/highbrow,  son muy diversos y enriquecidos. Con tus viajes y experiencias ¿cómo ves personalmente este momento de la cultura y el arte del que estas formando parte?
Creo que están sucediendo grandes cosas en la cultura y el arte por todo el mundo. Aunque cada vez que creo haberme hecho una idea, me sorprendo ante nuevas cosas que florecen y otras que permanecen estancadas. Por ejemplo, aunque Warhol quería hacer las cosas más fáciles para los artistas pop como yo, es una pena que todavía existan esas barreras que él intentaba superar. Todavía hay una percepción negativa de las obras de ilustración en el mundo de las bellas artes. Creo que eso es de ser corto de vista. Hay muchos artistas que han difuminado las líneas entre ambas, y me gusta pensar que soy uno de ellos. Publicaciones como The New Yorker y el New York Times me ofrecen un foro para decir lo que pienso, así como la pared de una galería. Eso es algo que creo que Warhol predispuso y redefinió el mundo de las artes, pero no completamente. Ya que el medio está tradicionalmente enfocado a la producción en masa de imágenes, algunas personas asumen de forma incorrecta que esto también se aplica a una obra serigrafiada original. Hago saber a muchas galerías y coleccionistas que la plantilla original de éstas fue destruida, y su propósito era la ejecución de una obra original y única, a menos que estemos hablando de una edición impresa limitada. También es que vivo en un país interesante. Canadá es un lugar todavía inseguro, hablando artísticamente y necesita mirarse a sí mismo más de lo que mira al exterior. Tenemos un talento inmenso en este país. Sin embrgo, ese viejo tópico de alguien que triunfa en Canadá solo porque ha triunfado fuera antes (especialmente en los Estados Unidos) sigue siendo un hecho. A pesar de eso, los artistas de mi país siguen nadando en contra de esa corriente de pensamiento y siguen prosperando.

¿Cómo es tu método habitual de trabajo?
Voy saltando entre mis dos métodos de trabajo favorito: serigrafía y pintura. Dibujo todo el tiempo, y a veces hago collage, trabajos en 3D e incluso he diseñado carteles de neón. En cuanto al proceso, a veces tengo una idea preconcebida y otras veces, dejo la mano libre y las ideas surgen solas.

 

 

Personalmente pienso que parte de este arte contemporáneo reivindica su propia memoria cultural, su background personal son sus propios mitos, como para el renacimiento fue la cultura grecolatina… Han descrito tu obra varias veces como “una reinvención del pop art”. Pero decir solo eso creo que es ahondar más en la forma que en el contenido. Tus personajes tienen una belleza y simpatía melancólica, pero a la vez parecen fantasmas con colores desgastados y fondos agrietados, oxidados… Hay mucha ironía. Parece que en vez de venir de un pasado más sencillo y simple, nos pueden traer respuestas más gamberras y anárquicas a los problemas de hoy. ¿Qué opinión te merece cómo se interpreta tu estilo y tus temas? Y por otro lado, actualmente se juzga y se pretende censurar (con exceso de moralismo) cierta imaginería del pasado, como personajes étnicos caricaturizados… Parece que respondemos al pasado de un modo muy dualista, como si todo fuera blanco y negro ¿Qué opinión te merece esta problemática?
Nunca he visto mi obra como algo que ofrezca respuestas a preguntas, pero quizás sí para hacerse las preguntas correctas y motivar un debate. De hecho, no creo que ningún artista deba responder preguntas, porque no solo es hipócrita, sino que además es un fallo. Nosotros no sabemos cosas, solo podemos responder a ellas. Creo que es importante tener opiniones y expresarlas, pero también creo que la implicación (que con suerte aparece en la imagen que se representa) debería ser “esto es lo que creo”, y no “esto es lo que es”. Das en el clavo cuando hablas de melancolía, porque eso es lo que me fascina. La condición humana (y, dentro de esa condición, podemos ver que las relaciones tanto interpersonales como intrapersonales, suponen una lucha constante) son una especie de flujo y reflujo de felicidad y tristeza, belleza y fealdad, realización y decepción. La reconciliación entre ambos estados y cómo los superamos es eso que llamamos vida. Me gusta usar la nostalgia como una herramienta para evocar eso. Pero no creo que necesite confinarse única y exclusivamente a nuestras vidas, porque también está bien echar de menos la máquina de vapor o el Blues del Delta del Missisippi aunque no hubieras nacido cuando se hicieron, o si no vivías en esa parte del mundo. Estas cosas son parte de la historia de la humanidad y se nos quedan dentro de muchas maneras. También creo que es catárquico dibujarlas. Me gusta sugerir narrativas cuando ninguno de nosotros existía aún, pero no creo que eso importe. Después de todo, cuando oyes un fragmento de una conversación, no conoces la historia entera. Espero que la gente vea así mi trabajo, como fragmentos de conversaciones. Creo que en esos momentos tu sacas tus propias conclusiones. Eso también está bien. Quizá la vida sea más facil de ver como momentos sacados de cortos animados y escenarios. Una temática común en mi trabajo (que también presta atención a esa dualidad que mencionas) es la inquietud. He hecho un buen número de obras que manifiestan angustia. Para mí, esa expresión es un medio para invitar al espectador a adentrarse y ofrecer su propio punto de vista. Quizás es también un modo de iniciar un debate. O de pasar la patata caliente.

 

 

Los derechos de autor son un tema fundamental de nuestro tiempo. En el pasado muchos autores y creadores de la cultura popular eran anónimos, se perdían en su propia vergüenza de un medio que no era “serio” o como simple mano de obra artística en una cadena industrial. Como apasionado del arte retro ¿qué autores clásicos nos puedes recomendar para una justa reivindicación? ¿Qué opinas sobre las viejas licencias que ya han o deberían de expirar? Y ¿qué avances consideras aun necesarios en pro de los derechos de autor?
Como artista, estoy naturalmente inclinado en favor del copyright porque es una medida de protección que uno necesita para sobrevivir. La verdad es que no sé de quién son las obras que van a pasar a dominio público en un período de tiempo reciente, cuando se haya cumplido el quincuagésimo (o septuagéismo, si vives en los Estados Unidos) aniversario de la muerte del autor, más allá del tipo que creó al famoso ratón ese. También creo que el copyright es importante para conservar y proteger herencias, y así, a los seres queridos. Si las familias pueden sobrevivir licenciando las obras, deberían poder hacerlo. El autor ha fallecido y el trabajo está hecho. Ya no tengo una enorme fascinación por mirar a otros artistas, más que nada porque tengo mucho que decir por mí mismo. ¡Tampoco quiero que entren cosas en mi cabeza! 

Además de ganar cientos de premios como ilustrador y diseñador,  tienes una nominación a los Grammy por el arte del álbum de Aimee Mann “@#%&*! Smilers” (2008). ¿Cómo salió este encargo? (He de admitir que las onomatopeyas del título parecen muy tuyas).
Aimee vio mi trabajo en la galería La Luz de Jesús en L.A. Le gustó un montón y contactó conmigo a través de su directora artística, Gail Marowitz, para encargarme trabajar en el apartado artístico de la portada y el interior de su álbum. Aimee y yo conectamos en seguida. Me envió sus canciones, y le mandé bocetos e ideas.Fue un gran proyecto que derivó en una amistad incluso mayor. Aimee y yo nos hicimos buenos amigos y hemos colaborado en otros proyectos, como camisetas y posters, y haciendo comics a cuatro manos mientras comemos burritos y estamos sentados en su piscina.

 

 

Has publicado en revistas como GQ, Esquire, New York Times, The New Yorker, Rolling Stones… ¿Hay mucha diferencia al final entre realizar tu propia obra y este tipo de encargos? ¿Te has encontrado alguna vez con especificaciones muy concretas a la hora de realizar algún proyecto?
El proceso es a menudo el mismo, pero por supuesto, el contexto es diferente. A veces los clientes me dan libertad creativa, lo que es siempre genial. Cuando creé la monedas de edición limitada de 6 copias para la Casa Real de Moneda y Timbre Canadiense, tuve libertad creativa total. Fue una sorpresa. Me impactó bastante pensar que una entidad tan grande pudiera tener unas miras tan amplias ante tanta libertad de expresión artística. Al mismo tiempo, no me importa que me corrijan. Implica forzar un punto de vista que de otro modo ni siquiera habría apreciado. Es una forma de activación y sorpresa que hace que mi trabajo sea muy divertido.

La cultura del Toy ha crecido a pasos de gigante dentro del arte contemporáneo.  E n 2005 sacaste tu primer juguete de vinilo, The Toy Monkey. Y hoy por hoy, has montado tu propia compañía: Chump Toys. ¿Qué puedes contarnos sobre Chump Toys y cómo ves el futuro de este campo artístico, entre la escultura, el diseño y el merchandising?
Chump Toys es el resultado de un servidor haciendo juguetes para mostrarlos al público, y para mí mismo. Todo empezó cuando se me acercó Tom Hazelmyer (que dirige Amphetamine Reptile Rock y, en ese momento, la galería Ox Op) y me pidió que estuviera en una exhibición para pintar muñecos Qee en blanco. La exhibición tenía lugar en el estudio de Shepard Fairey en L.A., llamado Subliminal Projects. Fue un éxito y me llevó a fabricar un Tom Monkey de vinilo por mi cuenta, que estaba basado en una pintura mía con el mismo nombre. El Museo Whithney de arte americano quería regalárselo a sus mecenas, así que hice una edición especial para ellos junto con un trabajo impreso. Después de eso, decidí crear Chump Toys. He trabajado con Kid Robot y Chapters Indigo, aquí en Canadá y una producción a gran escala de muñecos Qee. ¡Hacer figuras de vinilo es divertido!

 

 

Ejerces también de profesor asociado en la facultad de diseño de la OCAD, y ocasionalmente también das charlas(el SKAD de Hong Kong, el Istituto Europeo Di Design en Roma, Dankmarks Designskole de Estocolmo…) ¿Qué tal la experiencia de educador? ¿Cómo ves lo que nos deparan las nuevas generaciones?
Ser educador me hace mejor artista. Aparte de hacerme mejorar a la hora de expresar mis pensamientos, me da un mayor dominio de la brevedad y la comunicación. Como artista, me esfuerzo en lograr comunicación con el público. Darle voz a mi trabajo y a la disciplina impartida (a mis estudiantes) es un componente vital de eso. Creo que la nueva generación de ilustradores entiende esto muy bien, y también usan las redes sociales como vehículo para hacer que esto sea así. 

En 2010 sacas con Scholastic Press tu primer libro infantil, “This is Silly!” ¿Cómo nace esta idea? ¿Qué tal fue hacerlo, especialmente escribirlo?
Cuando era pequeño, mi profesor me decía constantemente que dejara de hacer el tonto. Sin embargo, en casa, mi madre animaba mis tonterías y se reía con mis dibujos. El libro nació de la idea de dar a los niños alas para hacer el tonto sin miedo o recriminación, y como homenaje a mi madre. Fue también una manera de dar voz a mi desprecio hacia un sistema educativo disfuncional que no sabe cómo enseñar a pequeños artistas. El vicepresidente y director creativo de Scholastic, David Saylor, se me acercó con la idea de que ilustrara libros para niños. Le hablé de mi idea para un libro que había estado desarrollando e inmediatamente le gustó. El texto vino después de los dibujos, pero esto se iría afinando durante el proceso. Estoy muy orgulloso de mi libro y espero escribir e ilustrar otro algún día.

¿Qué puedes contarnos sobre tus futuros proyectos?
Estoy trabajando en algunas exhibiciones grupales y en la próxima en solitario. Trabajo con Jonathan Levine Projects, que ahora se encuentra en Mana Contemporary, en Nueva Jersey. Tengo pendientes montones de encargos de particulares, incluyendo trabajos en bronze y en 2D para el Museo Nacional de Pastime (¡dedicado exclusivamente al béisbol!), que hizo que me enamorara de ese deporte.

 

 

 

 

English:

GARY TAXALI: THE NARRATION OF OLD ECHOES

I watch the works of Gary Taxali and through some gentle currents of air, sounds of banjos and guitars come through a gramophone. My blinks seem slower and the figures move by jumping through space. There are serpentine threads before my eyes, and spots of illumination. I support myself on the wall and the touch is made of porous cardboard and the corners have a stamped cut like seals. Grab my hand a little monkey with an old mortarboard on his head. There are many things that my brain does not understand. But my mouth smiles with a past that is not mine. I experience a past of old games with their own physical laws. Gary Taxali has doors to that world. Gary Taxali communicates with emotion.

In this issue of STAF we spoke with Gary Taxali about meanings and unknowns, about universal past and many other things. And we have the honor of having your art on the cover and a window to your world. Welcome…

Your work evokes a mythical past of the cartoon that is not within reach of the first memories of our generation. For this reason I would like to ask you a double question about your origins: what first things of popular culture marked your childhood, on TV, comics, music…?
When I was a child, my father would take me to the library often.  It’s there I found a book on the Fleischer Brothers and delved into their world of Betty Boop, Felix the Cat, Koko the Clown, etc.  I was instantly hooked.  My father and I also loved watching Laurel and Hardy movies together.  I became a fan of 1930’s era cartoons, comedy, graphics, and even the music.  Later on, he bought MAD Magazine compilation paperbacks and I instantly became a big fan of Bill Elder’s work.  To this day, I love to fill spaces with small characters and doodles, which was something I saw Elder do a lot.

And then, when one searches and unearths their own tastes and passions, when and how did you cultivate your love for retro culture?
In high school, I fell in love with the work of Andy Warhol.  It was also at this time that I started screen printing.  The mass-produced image (or what appeared to be) attracted me to explore my own ideas about pop art and illustration.  The medium correlates with the message in such a beautiful harmonized way. 

In 1991, you graduated from the Ontario College of Art & Design University (OCAD). When did you start to draw and see the art as your vocation? How did you begin to define your own artistic identity?
I have been drawing my whole life but never saw it as a possibility for a vocation until I went to art school.  I was fortunate to have remarkable student peers in my classes who had amazing talents and inspired me.  I was equally fortunate to have fantastic instructors who not only taught me how to draw and paint better, but to find my personal voice.  One such teacher was a Polish illustrator Jerzy Kolacz.  In his class, concept was everything, and it was there that I learned the tools required to express my own style and ideas.

In just 10 years, you started exhibiting in galleries around the world and in museums such as the Andy Warhol Museum, the Whitney Museum of American Art in New York or the Contemporary Art Museum in Rome. The styles and personalities of artistic categories such as pop surrealism or lowbrow / highbrow, are very diverse and enriched. With your travels and experiences, how do you personally see this moment of culture and art that you are part of?
I think great things are happening in culture and art all over the world.  Although every time I think I have it figured out, I get surprised by new things that blossom and others that remain stunted.  For example, as much as Warhol did to make things easier for pop artists like me, it’s a shame that the struggles he attempted to overcome still exist.  There is still a negative perception of illustrative works in the fine art world.  I think that is short-sighted.  There are a lot of artists who have blurred the lines between the two, and I’d like to think I’m one of them.  Publications like The New Yorker and The New York Times offer me the forum to say what I think as much as a gallery wall.  I also think there still exists stigma around the medium of screen printing.  This is something that I also presumed Warhol sorted out and redefined to the art world, but not entirely.  Since the medium is traditionally used for mass-production of images, some people incorrectly assume this also applies for a one-off original screen printed work.  I let many galleries and collectors know that the screen was destroyed, and its purpose was the singular execution of an original – unless it’s clear that it’s a limited edition print series.  I also live in a very interesting country.  Canada is still artistically insecure and needs to look in more than it looks out.  We have immense talent in this country yet the old adage of someone making it in Canada only because they’ve made it outside the country (especially the United States), is still a fact.  Despite this, artists in my country continue to rail against that way of thinking and still thrive.

How is your usual method of work?
I jump between my two favourite methods of working: screen printing and painting. I draw all the time and sometimes do collage, 3D works, and have even designed neon signs.  As for process, sometimes I have a preconceived idea in place and other times, I let the hand do its thing and the ideas surface on their own.

Personally I think part of this contemporary art claims its own cultural memory, its personal background are its own myths, as for the Renaissance was the Greco-Roman culture … They have described your work several times as “a reinvention of pop art”. But to say only that I think it is to delve more into the form than into the content. Your characters have a melancholy beauty and sympathy, but at the same time they look like ghosts with worn colors and cracked, rusted backgrounds … There’s a lot of irony. It seems that instead of coming from a simpler past, they can bring us more hooligan and anarchic answers to today’s problems. What opinion do you deserve how your style and your themes are interpreted? And on the other hand, it is currently judged and intended to censor (with excess of moralism sometimes) certain past imagery, as caricatured ethnic characters … It seems that we respond to the past in a very dualistic way, as if everything were black and white. What do you think about this problem?
I never saw my work as offering answers to questions, but maybe asking the right questions to steer dialogue.  In fact, I don’t think any artist should answer questions because it’s not only disingenuous, it’s also just plain wrong.  We don’t know things, we only can respond to things.  I think it’s important to have opinions and state them, but I think the implication (which is hopefully in the image) should be “this is what I think” not “that’s the way it is”.  You hit the nail on the head regarding “melancholy”, because that’s what fascinates me.  The human condition (and the relationship struggles within that condition, both with ourselves and others) are an ebb and flow of happiness and sadness, beauty and ugliness, and fulfillment and dissatisfaction.   The reconciliation of those two states are how we get through this thing called life.  I like to use nostalgia as a tool to evoke that.  But I don’t think that needs to be confined to our own lifetimes because it’s okay to miss the steam engine or Mississippi Delta Blues if you weren’t alive when it was made, or from that part of the world.  They’re all part of human history and things get inside us in all kinds of ways.   I also think it’s cathartic to draw that stuff.  I like to suggest narratives when none exist, but I don’t think that matters.  After all, when you overhear a snippet of a conversation, you don’t know the whole story.  I hope that’s how people see my work, as snippets of conversations.  I think in those moments, you draw your own conclusions too.  And that’s also okay.  Maybe life is just easier to see as moments of gag cartoons and scenarios.  A common theme in my work (which also hearkens to the duality you mention) is unease.  There’s a significant number of works I’ve made which portray angst. For me, that expression is a means to invite the viewer in and offer a comment of their own.  Maybe it’s also a way to start a dialogue.  Or pass the hot potato.

Copyright is a fundamental issue of our time. In the past many authors and creators of popular culture were anonymous, lost in their own shame of a medium that was not “serious” or as a mere artistic workforce in an industrial chain. As a lover of retro art, what classic authors can you recommend for a just vindication? What do you think about the old licenses that have already or should expire? And what steps do you consider still necessary in favor of copyright?
As an artist, I naturally am in favour of copyright because it’s a measure of protection that one needs to survive.  I don’t really know whose works are going to be public domain soon on the 50th (or 70th, if they’re American) anniversary of their deaths, beyond the guy who made that famous mouse.  I also think copyright is important to preserve and protect estates, and thus, loved ones.  If the families can survive off licensing the works, they can and should.  The author is deceased and the work is done.  I don’t have a huge fascination anymore for looking at other artists simply because I have too much to say for myself.  I also don’t want things getting in my head!

In addition to winning hundreds of awards as an illustrator and designer, you have a Grammy nomination for the art of the Aimee Mann album “@ #% & *! Smilers “(2008). How did this assignment come about? (I have to admit that the onomatopoeia of the title seems very yours).
Aimee saw my work at La Luz de Jesus gallery in LA.  She liked it a lot and contacted me through her art director, Gail Marowitz, to commission me for her album cover/inside art.  Aimee and I connected right away.  She sent me her songs, and I sent sketches and ideas.  It was a great project that resulted in an even greater friendship.  Aimee and I became good friends and have collaborated on other projects such as t-shirts and show posters, and doing comic jams as we eat burritos and sit by her pool.

You have published in magazines like GQ, Esquire, New York Times, The New Yorker, Rolling Stones … Is there much difference in the end between doing your own work and this type of commissions? Have you ever encountered very specific specifications when carrying out a project?
The process is often the same, but of course, the context is different.  Sometimes commercial clients will give me creative reign, which is always great.  When I created the 6 limited edition coins for the Royal Canadian Mint, I had complete creative freedom.  That was a surprise.  It made me ecstatic to think that such a grand assignment could be coupled with so much free artistic expression. At the same time, I don’t mind direction.  It evokes putting forth a point of view that I otherwise would not have stated.  That’s also a form of excitement and self-surprise which makes my job a lot of fun.

The Toy culture has grown by giant steps in contemporary art. In 2005 you released your first vinyl toy, The Toy Monkey. And today, you have set up your own company: Chump Toys. What can you tell us about Chump Toys and how do you see the future of this artistic field, between sculpture, design and merchandising?
Chump Toys was the result of me making toys for show, and for myself.  It all started when I was approached by Tom Hazelmyer (who runs Amphetamine Reptile rock label and at the time, OX OP Gallery) who asked me to be in a show to paint on blank Qee dolls.  The show was at Shepard Fairey’s studio in LA called Subliminal Projects.  It was a huge hit and led me to making a vinyl Toy Monkey on my own, which was based on my painting of the same name.  The Whitney Museum of American Art wanted to give it to their donors, so I did a special edition for them along with a print.  After that, I decided to create Chump Toys.  I have done work with Kid Robot, Chapters Indigo here in Canada, and a mass production Qee doll.  Making vinyl figures is fun!

You also work as a Professor at the OCAD faculty of design, and occasionally you also give talks (the SKAD of Hong Kong, the Istituto Europeo Di Design in Rome, Dankmarks Designskole of Stockholm …) How about the experience of the educator? How do you see what the new generations bring us?
Being an educator makes me a better artist.  In addition to becoming better at articulating my thoughts, it’s given me a greater scope of brevity and communication.  As an artist, I strive to achieve communication to the audience.  Vocalizing my craft and the discipline it imparts (to students) is a vital component of that.  I think the new generation of illustrators have a great understanding of that, and also use social media as a vehicle to make that happen.

In 2010 you take your first children’s book, “This is Silly!” With Scholastic Press. How was this idea born? How was it done, especially writing it?
When I was a small child, I was constantly being told by my teacher to stop acting silly.  Yet at home, my mother would encourage my silliness and laugh at my drawings.  The book was borne from the notion of giving kids the license to act silly without fear of recrimination, and as homage to my mother. It was also a way to voice my disdain for the dysfunctional education system that doesn’t know how to teach little artists. Scholastic’s VP and Creative Director, David Saylor, approached me about illustrating kids books.  I told him my idea for a book I had been developing and he immediately liked it.  The writing came after the pictures, but this was fine-tuned during the process.  I am very proud of my book and hope to one day write and illustrate another.

What can you tell us about your future projects?
I’m working on some group shows and my next solo show.  I show with Jonathan LeVine Projects which is now located at Mana Contemporary in NJ.  Lots of private commissions are in the works, including bronze and 2D works for The National Pastime Museum (devoted solely to baseball!) which has made me fall in love with the game.

 

www.garytaxali.com

 

 

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