El Rio “Decrepit Park”

25 November 2013 Texto: Francisco Daniel Medina. Fotografía: Edu Lester.


Jóvenes ocultos en el cauce seco de un río

Opino que la mítica frase Skateboarding is not a crime sigue estando más vigente que nunca. Sinceramente, pensé que algún día no sería necesario esgrimir esa máxima para poder patinar tranquilamente en una ciudad cualquiera, pero no sólo no ha sido así –se ve que no tengo dotes de visionario- sino que cada vez resulta más difícil que los skaters puedan practicar el deporte que les apasiona sin ser víctimas de lo que podríamos calificar como una caza de brujas. De esto que acabo de decir saben mucho Álvaro y Paco, dos de los máximos responsables de que en Málaga, a día de hoy, siga habiendo un subterfugio para los amantes del patín, un lugar casi clandestino y ubicado en tierra de nadie en el que se puede patinar tranquilamente: hablamos del Decrepit Park, ubicado en el cauce seco del río Guadalmedina. El enclave resulta poético y metafórico cuanto menos.

Álvaro recuerda que hace no tanto se podía patinar en la calle, en la PLN (Plaza Nueva), el paseo marítimo nuevo, aunque el spot por excelencia era la Plaza de la Marina: “A raíz de la apertura de la oficina de turismo en la misma plaza empezaron a llamar a la policía a cada momento hasta que al final prohibieron patinar allí. Curioso que por culpa de una oficina de turismo prohíban cosas en Málaga que la “descatetizan” un poco, que buena falta le hace, sin entrar en que, gracias al patín, en Málaga se ha generado un turismo muy especifico, de gente que viene de todo el mundo a patinar aquí. Marcas con sus riders de tour, gente del norte de Europa que viene a pasar los inviernos huyendo del frío, etcétera”. 

 

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Álvaro nos cuenta que pronto esa prohibición de patinar en la calle se extendió a toda la ciudad y, como en Málaga nunca había pasado esto, los skaters rara vez se habían quejado pidiendo skateparks porque les gustaba patinar en la calle. Pero ahora que se les negaba este espacio, su hábitat por antonomasia, tenían que buscar una alternativa. Entonces decidieron meterse en el cauce seco del río a limpiar, y empezar poco a poco con su propio esfuerzo y dinero a construir módulos. Al comienzo del artículo decía que el espacio me parecía poético y metafórico, poético porque la simple imagen del cauce seco de un río se me antoja poética, y metafórico porque es la mejor manera que se me ocurre de esconder a los chavales: de tratar de ahogarlos en las profundidades de unas aguas invisibles. Paco tiene alguna anécdota con respecto a este momento: “No teníamos donde patinar y estábamos hartos de que la policía nos llamara la atención. Como podrás comprobar, yo ya tengo unos añitos y no me hacía mucha ilusión que, policías mucho más jóvenes que yo, tuviesen que venir a cada rato a llamarme la atención por hacer algo que llevaba haciendo toda mi vida. Y a los polis les pasaba lo mismo; en el fondo, tampoco les apetecía venir a fastidiarnos cuando sabían que había problemas mucho mayores. Entonces empezamos a construir los primeros módulos. La policía vino y nos confesaron que entendían nuestras reivindicaciones y nuestros argumentos pero que tenían que cumplir órdenes. Y la prueba de que era cierto lo que decían, es que hasta nos dieron algún que otro consejo legal para conseguir quedarnos allí patinando y construir nuestro skatepark: nos dijeron que sí trabajábamos durante la noche y si los módulos no superaban una determinada altura, no nos podrían decir nada al día siguiente y no podrían destruir nuestro trabajo. De alguna manera, todos salíamos ganando”.

Álvaro y Paco dudan cuando se les pregunta acerca del futuro del skatepark en el río. Para ellos sería genial que el Ayuntamiento se diese cuenta de que existe un sitio donde los chicos van a patinar sin molestar a nadie, e incluso les echaran una mano. Los comienzos de este spot no fueron fáciles. Paco lo recuerda ya casi con cierta nostalgia: “Urgía tener nuestro sitio en el centro de la ciudad, quedábamos, aportábamos lo que buenamente podíamos, comprábamos materiales, y nos poníamos manos a la obra; básicamente limpiar y construir, un curro en toda regla’. Álvaro también recuerda estos comienzos: ‘En principio todo nos lo costeábamos entre los cuatro skaters que íbamos allí, pero viendo que allí venia todo el mundo a patinar y sólo nos partíamos el lomo unos pocos, decidimos hacer un evento en Facebook para pedir a todos los skaters que vinieran al río que se pasaran por Griptape y dejaran algo de dinero, lo que pudieran, desde un euro hasta mil. Cualquier ayuda nos vendría de lujo. Le mandé el evento a todos mis contactos que son miles, y al final a casi todos les pareció bien la iniciativa y empezaron a llegarse y a mandar dinero desde todas las partes del país, incluso desde fuera de España. Tampoco recaudamos una locura pero a raíz de ahí no nos volvió a costar el dinero. Desde aquí se lo agradezco a todos los que desinteresadamente echaron una mano: los patinadores, a Dani de Vans, a la marca DC y a Álex de Now que lleva REAL, ANTIHERO, SPITFIRE y algunas marcas más. ¡Gracias!”.

 

Felix. Blunt

Felix. Blunt

Paco, al igual que Álvaro, lleva toda una vida patinando y ha conocido muchos spots. Por eso me interesaba preguntarle cómo es una jornada de patinaje en el río: “Patinar allí es como patinar en cualquier otro spot; la esencia es llegar allí y encontrarte con amigos, echar unas risas, probar trucos y disfrutar, lo mismo que haces en cualquier otro spot pero en el rio. Yo solamente te puedo decir cosas positivas ya que es la experiencia que he tenido allí desde el principio”. Por el momento, los problemas con las autoridades parecen haberse parado y los skaters en el río disfrutan de una especie de tregua. Esto, como nos cuenta Álvaro, no es porque a las autoridades les parezca bien que los chicos patinen allí o porque haya cambiado de repente la imagen que tienen de los skaters: “Desde que decidimos irnos allí no hemos tenido ningún problema con la policía. Creo que se debe a que los ríos y las costas y todo eso, aunque estén en la ciudad, pertenecen a la Confederación Hidrográfica del Sur que es de la Junta y no del Ayuntamiento. Entonces hacen la vista gorda porque no molestamos a nadie, encima tenemos la zona más o menos limpia y si te asomas resulta hasta atractivo (al menos a mi me lo parece: mucho mejor ver a niños, algunos no tan niños, jugando con sus monopatines que un río seco y lleno de mierda). Así que, en principio, ningún problema siempre que no nos pillen construyendo allí con las manos en la masa”.

De todos modos, y a pesar de estas ventajas, el hecho de que este spot sea clandestino y no cuente con el beneplácito ni el apoyo público, también tiene sus inconvenientes. Álvaro nos relata alguno: “A mí me molaría poder hacer algún campeonato o alguna movida para que venga peña de fuera, pero como es un spot un poco clandestino y que no es de nadie no te dan permisos para organizar nada. Ya intenté una vez ir al Ayuntamiento a pedir un permiso pero me hicieron dar un par de viajes para nada. Me imagino que como es el cauce de un río y tampoco el sitio es de nadie, se lavan la manos y no te dejan hacer nada”.

 

Pillo. Ollie 360

Pillo. Ollie 360

Lo curioso es que este sitio, tal y como comenta Paco, se está convirtiendo en una especie de referente o spot de culto para los amantes del patín: “Málaga siempre ha sido un referente en el patín en España y últimamente lo estaba siendo a nivel mundial. Todos los que han visitado el río se han ido alucinados”. Cuando se habla de un spot casi siempre me viene a la cabeza el asunto del localismo. Tanto Álvaro como Paco coinciden en que allí no hay localismo y que, desde el primer momento que empezaron a reunirse allí, siempre han querido hacerlo con la intención de que haya un sitio donde patinar en Málaga, y no para ir ellos a patinar solos. “El río es para todos los skaters sin importar de dónde vengan”, apostilla Álvaro.

Con respecto a cómo afectará la construcción del nuevo skatepark al spot del río, Álvaro tiene su propia teoría: “Evidentemente afectará, entre otras cosas porque en la calle no te dejan patinar, así que todo el mundo irá allí y me imagino que se convertirá en el punto de encuentro. Eso no quiere decir que la gente vaya a dejar de patinar en la calle porque al final lo que mola del patín es eso. Con la cantidad de spots increíbles que hay en Málaga, no creo que desaparezca el furtiveo callejero, pero si es verdad que será mucho más tranquilo porque el groso de la gente estará en el skatepark, y al no estar siempre en la Plaza de la Marina cesará un poco la persecución a la que estamos siendo sometidos ahora por las autoridades, o al menos eso espero”.

 

Mele. Footplant

Mele. Footplant

Finalmente, le pregunté a Álvaro por Griptape y le pedí que me contara qué significaba esta tienda en su vida y si, tal y como yo pensaba, Griptape era mucho más que una tienda: algo así como una especie de plataforma gracias a la cual podía hacer sus sueños realidad y transmitir a las nuevas generaciones su particular -y casi me atrevería a decir purista en el mejor sentido posible del término-, visión del skate: “Está claro que es raro pensar en Álvaro y no relacionarlo con Griptape. Es mi vida. Vivo para que Griptape siga funcionando y por supuesto también la escena de patín. Mantener un contacto tan directo con todo este mundillo es lo que más me gusta porque llevo toda la vida patinando (yo estuve en Juvensur hace 25 años; muy pocos de los que aún patinan pueden decir eso) y gracias a ello puedo hacer y deshacer cosas que si no tuviera la tienda, simplemente, no pasarían en Málaga. La filosofía de Griptape siempre ha sido muy pura. Amamos el patín aunque a veces estemos muy de acuerdo con nuestro amigo Bibi cuando dice: ¡El patín apesta!, frase que resume muy a grandes rasgos como está cambiando todo, como se están perdiendo las marcas de patín que suelen ser marcas de peña a la que le apasiona este mundo, y están siendo desbancadas por marcas que no tienen nada que ver con esto. Y es que cuando el poderoso don dinero se encapricha con algo arrasa con todo lo demás. Y lo que desde aquí nos da coraje e intentamos enseñar a la peña es que llevar una cami de Sk8mafia mola, llevar una de Spitfire mola, llevar una cami de Thunder o de Real o de Antihero también. Y no sólo eso, sino que nos hace especiales porque son marcas de una movida especifica: nuestra movida. O así es como nos gustaría que fuera. Llevar una camiseta o unas zapatillas de alguna marca que no es de patín no mola tanto. O igual si mola pero no debería molarle tanto a los skaters. Tenemos que apoyar lo nuestro porque no somos Paul Rodriguez ni Eric Koston. La escena de patín la crean la gente que patina en tu barrio, en tu skatepark, en tu spot, ésa es la escena real, no la de los multimillonarios que han vendido el culo por un puñado de dólares, y gracias a ellos y el marketing brutal que le están haciendo a una marca que está forrada de pasta pero que no tiene nada que ver con esto, están consiguiendo que las marcas de patín de verdad estén o vayan camino de la quiebra. Griptape or die, bitch! Support the scene!”.

 

Jaime. Front Shove it

Jaime. Front Shove it

Después de este manifiesto o declaración de principios de Álvaro pensé que no sería conveniente ni necesario escribir mucho más. Solamente darles las gracias a estos dos veteranos del patín que llevan toda una vida dejándose el pellejo por el patín en esta ciudad. Estos tipos morirán patinando y ojalá no sea necesario recordar sus trayectorias vitales con un epitafio reivindicativo del tipo: Skateboarding is not a crime. Eso significará, nada más ni nada menos, que las nuevas generaciones de skaters podrán patinar libremente por las ciudades futuras sin ser perseguidos como delincuentes. Y ello será posible, en gran medida, gracias a la actitud y el coraje de gente como Álvaro y Paco.

 

Juanpe. Blunt

Juanpe. Blunt

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