CYNTHIA CONNOLLY

8 March 2020 Texto: Pablo Belice. Fotografía: Cynthia Connolly. Retrato de Cynthia por Pablo Belice (Málaga 2018).


DE LA CREACIÓN DE ‘ALGO’ DESDE LA ‘NADA’

Cynthia Connolly empezó a documentar América en 1980. Su punto de partida fue la escena musical de la ciudad que la vio nacer, Los Ángeles, donde encontró en la New Wave una válvula de escape por la que colarse en una comunidad que la vio participar, y a la que disparó sus primeros carretes de 35mm. Tras mudarse a Whashington D.C. el magnetismo del Punk la sedujo, hizo piña con los de Dischord, trabajó con ellos y para ellos, y diseñó la portada más icónica de esa generación rebelde e iconoclasta. Una vez vivida y terminada esa etapa, comisarió y publicó un libro que ya es leyenda. Una especie de cuaderno de bitácora que reúne fotos y anécdotas de lo que significó esa ebullición iconoclasta y rebelde en la era Reagan ‘Banned in DC photos and anecdotes from the DC punk underground (79-85)’  A continuación enlazó esta documentación directa con un conceptualismo fotográfico que la llevó a recorrer América para capturar todo tipo de elementos inanimados que complementaban el paisaje, y que como ella dice, le ayudaron a comprender lo cotidiano. De ahí sus famosas máquinas de hielo, expuestas en la itinerante y mítica Beautiful Losers. Dice empezar sus proyectos fotografiando sin tener del todo claro qué es lo que fotografía ni por qué lo hace. De ahí que asegure que su creación parte de la nada, antes de convertirse en algo. 

Con motivo de su visita a Málaga para participar en el Moments Festival, tuvimos oportunidad de sentarnos con ella y pulsar el botón de rebobinado, con la intención de comprender un poco mejor su visión del mundo, del arte, y de su fotografía. 

 

 

¿Recuerdas tu primer contacto con la fotografía?
A mi hermano, con 7 u 8 años le regalaron una cámara super 8mm. Recuerdo hacer stop motion y trastear con ella. Más tarde en el instituto tuve mi primer contacto con el cuarto oscuro, y estoy segura de que fue ahí donde empezó mi verdadera relación pasional con la fotografía. Poco después, te hablo de 1980, empecé a ir a conciertos de bandas de la New Wave en Los Ángeles, y de ahí son mis primeras fotografías de gente y conciertos.

¿Procedes de una familia con inquietudes artísticas?
No realmente. Mi padre hacía fotos, pero como hobby, y mi madre nunca tuvo mucho interés por el arte. Es curioso como mis hermanos y yo desarrollamos ese interés por el arte viniendo de una familia así.

 

 

¿Y cómo empezaste a desarrollar tu sensibilidad artística?
De cuando nos mudamos a Whashington D.C. en el ‘81. Ahí comencé a documentar la escena Punk de la ciudad, y me di cuenta de lo duro que era plasmar toda esa energía en las imágenes. Mi interés por el arte comenzó ahí.

Echando la vista atrás a ese principio de los ‘80 ¿te arrepientes de no haber documentado/fotografiado algo en particular de esos días?
Retratos. Me gustaría haber hecho muchos más retratos de la gente. Y también me gustaría haber disparado en formato medio. Con una buena lente. Una Hassy o similar (risas).

 

 

Pero, el retrato te ha interesado siempre ¿no?
No del todo. Mis fotos casi nunca muestran a nadie porque sí. Esas imágenes a las que te refieres están enmarcadas en un contexto que describe un tema conceptual que los une como nexo en el proyecto. Por ejemplo la serie de retratos que hice, en primerísimo plano, de toda esa gente, y cuya intención era hablar sobre la edad y el paso del tiempo.

¿Cuanta influencia de Ed Ruscha hay en tus series de máquinas de hielo, cabinas telefónicas, señales…?
Recuerdo un libro de Ruscha, Sunset Strip, solía ir a verlo a una librería en D.C. y me hacía recordar mi infancia, viajando todo el tiempo en coche con mi madre, mirando por la ventanilla. Analizaba el libro y entendía el concepto, y entendía que estaba bien que me gustara ese tipo de expresión, lo había sentido antes. Ruscha tiene ese otro trabajo de las gasolineras, y su fijamiento por las señales de tráfico, carteles. Definitivamente Ruscha fue una grandísima influencia.

 

 

¿Se podría decir que fue tu mayor influencia?
(piensa un momento) Sí, podría decir que sí. Entre otros. Sally Mann también ejerció una grandísima influencia en mi trabajo. Su forma de entender el medio más allá de la documentación directa, manipulando el proceso. Yo solía ser muy meticulosa con la impresión, y Sally Mann tiene ese concepto de dar sentido a través de la manipulación del negativo y en el mismo proceso de imprimir. Al principio no lo veía del mismo modo, porque la manipulación -intencionada o no- me parecía un defecto en el resultado. Pero con la llegada del digital, todo eso que tiene el analógico que pudiera parecer un defecto lo convertía en algo auténtico y bello. Al final acabé abrazando aún con más fuerza todo el proceso analógico.

Volviendo a tus máquinas de hielo ¿como interpretas el arte en la representación banal del objeto, en lo que parece más un catálogo de máquinas, capturadas sin un estilo definido?
Pero para mí sí que hay un estilo. Y hay arte en ello. Hay muchísima edición en ese catálogo. No es solo la máquina, sino el entorno donde esta se encuentra, el tipo de pared en la que se apoya, el enyesado que esa pared tenía. Todo lo que dejas fuera de plano, y todo lo que incluyes. Y lo más importante, el diálogo entre una máquina y otra una vez impresas.

 

 

Tienes ese otra serie de fotos de músicos en sus coches clásicos. Percibo nuevamente ese interés personal tuyo por el objeto ¿Qué conexión había aquí entre esa gente y sus coche?
Todo vino por un fanzine, Speed Kills, sobre música y coches. Me acababa de comprar un Ford del ‘63 y quería escribir un artículo en la publicación. De este modo comencé a contactar con mis amigos músicos, que también se habían comprado un vehículo antiguo y comencé esa serie. Es básicamente una relación entre coches y música. Esa serie me ayudó a aprender a fotografiar a gente. Entender como funciona el retrato y la relación necesaria entre el fotógrafo y el retratado para obtener uno u otro resultado.

¿Y qué hay de ese extraño proyecto, el de las marcas en la carretera? Es como si plantearas en cada imagen dudas sobre una extraña conspiración. Una especie de misterio como leitmotiv.
Sí. Le llamo las “X”. A principio de los ‘90 comencé a fotografiar carreteras, y de repente allí aparecieron las marcas, que por supuesto pasaron a protagonizar la serie. Fui encontrándolas poco a poco, y he de decir que al principio era muy misterioso el no saber qué demonios significaban, y qué sentido tenían.  El caso esa que  al igual que las máquinas de hielo, o las cabinas de teléfono, esas marcas pasaron a convertirse en herramientas que ayudaban a comprender el entorno visual de un determinado paisaje partiendo desde un elemento ordinario. Me gustaría seguir manteniendo el misterio pero finalmente descubrí que no hay nada misterioso en ellas. Son puntos de navegación. Se usan para enlazar puntos en fotografía aérea, para fomento de infraestructura.

 

 

Tu trabajo más famoso es Banned in D.C. ¿verdad?
No sé. Creo que diría que es la portada de la oveja negra de Minor Threat, aunque nadie sabe que es mía (risas). Ahora que recuerdo, las máquinas de hielo fueron publicadas en una publicación en el ‘99 y tuvieron cierta popularidad. Sigo encontrándome gente que me pregunta ¿esas fotos de las máquinas de hielo eran tuyas? En todo caso, Banned in D.C. es posiblemente mi trabajo más conocido.

Y después de casi 30 años desde la primera publicación de Banned in D.C ¿Cual es tu relación con el libro? ¿Crees que te ayudó a desarrollarte como artista?
Cuando Aaron Rose y Christian Strike me llamaron para exponer parte del trabajo de Banned in D.C. en Beautiful Losers me dieron opción de exponer otro proyecto personal de forma complementaria. En un principio pensé en llevar la serie de fotos de músicos con sus coches, pero al tiempo reaccioné y decidí ir con las máquinas de hielo. Pensé “Banned in D.C. es ese libro Punk que hice, pero tengo otras facetas artísticas alejadas de la música que quiero mostrar”. Me di cuenta de que necesitaba diferenciar entre ambas facetas. Era como que necesitaba separar esas dos formas de expresión. Lo musical y animado, y lo inanimado. Recientemente he llegado a la conclusión de que todo es parte de lo mismo. Aunque parezcan expresiones artísticas incongruente, trata de lo mismo. Documentación, sentimiento de comunidad, y como afecta el paso del tiempo en todo ello.

 

 

www.cynthiaconnolly.com

 

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