CHIQUITO DE LA CALZADA

1 January 2017 Texto: Francisco Daniel Medina. Fotografía: Staf Magazine.


EL PICASSO DEL HUMOR

Me cité con D. Gregorio Esteban Sánchez Fernández (Chiquito de La Calzada) en el céntrico y mítico Restaurante “El Chinitas”. Debo confesar que, conforme iba llegando al lugar de nuestro encuentro, me iba poniendo un poco nervioso y es que Chiquito es un artista al que admiro mucho y que marcó una etapa de mi vida y de la de mis amigos. Y es que este artista del humor hizo algo muy grande, algo que ni tan siquiera literatos que han ganado el Nobel o han ocupado un asiento en la Real Academia de la Lengua Española, han conseguido hacer que es, nada más y nada menos, que cambiar la forma de hablar de un país. Hubo un tiempo en el que todos hablábamos como él y no parábamos de imitarle. La entrevista tuvo momentos memorables, algunos de los cuales me ha sido imposible transferir al papel. Hablamos durante más de una hora, mediando entre nosotros una grabadora y un par de cafés, y lo que os disponéis a leer a continuación es un resumen con lo más destacado de esa charla en la que hicimos un repaso a lo largo de su vida y de su trayectoria artística, ambas facetas inseparables. Gregorio, desde que nació, no ha hecho otra cosa que dedicarse al mundo del espectáculo, pero no ‘espectáculo’ entendido en el sentido más moderno del término, sino más bien como un medio de supervivencia que poco tenía que ver con el ego ni la insaciable búsqueda del dinero y los aplausos. Eran otros tiempos y Gregorio cantaba para comer aunque, a veces, no le diese ni para eso. Y luego, tardíamente, a los 62 años, le llegó el éxito y empezó a recoger los frutos de toda una vida dedicada a subirse a todo tipo de escenarios: algunos de los cuales tan improvisados como la mesa de un bar o el arcén de una carretera. La entrevista que sigue está salpicada de anécdotas agridulces y divertidas, que transcurrieron en lugares tan dispares como Torremolinos, Marbella, Japón o Madrid. De cantar en la cuneta de una carretera nuestro hombre pasó a hacer más de ciento sesenta galas en un año. Todo lo que diga es poco. Os invito a colaros con nosotros en el Restaurante “El Chinitas” y a disfrutar como lo hice yo de una charla con un artista de los grandes, de esos que son capaces de revolucionar su campo cuando parecía que ya no se podía hacer nada nuevo porque todo estaba inventado. Eso, dentro de cualquier disciplina artística, solamente está reservado a unos pocos que terminan ocupando un lugar privilegiado en el Olimpo del arte y D. Gregorio, acá Chiquito de La Calzada, en mi modesta opinión, es uno de ellos.

Staf: Gregorio, para empezar, nos vamos a ir al principio del todo…
Chiquito: No, de aquí no nos vamos a ir, no es hora de irse a ninguna parte con el calor que hace.

Staf: (Risas). No te preocupes, Gregorio, físicamente no nos vamos a mover del sitio. Vamos a hacer un viaje en el tiempo.
Chiquito: En el tiempo sí.

Staf: Aunque supongo que todo el mundo conoce tus comienzos en el mundo del espectáculo, vamos a hablar un poco del tema. Tú empezaste siendo muy niño cantando flamenco. De hecho, tu nombre artístico, Chiquito de la Calzada, viene de esa época.
Chiquito: Mi nombre es Chiquito de la Calzada porque yo nací en un barrio malagueño llamado Calzada de la Trinidad que es adonde estaba el cuartel de la Guardia Civil, no sé si habrás conocido tú eso porque eres muy joven, pero hablo del Barrio de la Trinidad que es donde sale El Cautivo ahora, ahí nací yo.

Staf: ¿Y cómo te introdujiste tú en el flamenco? ¿Había en tu familia algún antecedente?
Chiquito: No, yo cantaba desde chico y se me daba muy bien. Le rompía los corazones a todo el mundo, yo cantaba que era un fenómeno. Era una época muy mala, no había trabajo ninguno, teníamos que ir a los pueblos para que te escucharan de cantar. Pero en mi familia no había nadie cantaor.

Staf: ¿Y como surgió lo del grupo los Capullitos Malagueños?
Chiquito: Ese grupo lo creó el director de televisión española que era D. Luis Pérez de León. Juntó a diferentes artistas de Málaga e íbamos por toda España pero sobre todo íbamos por los pueblos de Málaga. Yo tenía ocho o nueve años, era un crío.

Staf: ¿Y no te ponían impedimento en tu familia para salir por ahí a cantar?
Chiquito: Nada, eran tiempos muy malos, pásabamos mucha hambre y nosotros estábamos como locos porque saliera algo para poder salir a ganar algunas perras. Pero te pagaban con un pan. Yo he visto a la gente debajo de los escenarios llorando, estábamos con la guerra, yo he visto eso, yo tengo 84 años y he vivido tiempos muy malos, yo sé lo que es eso.

 

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Staf: ¿Y en aquella época en Málaga dónde se reunía la gente a la que le gustaba el flamenco?
Chiquito: Había tablaos como El Chinitas, La Taberna Gitana, Peña Juan Breva, venía la gente de los pueblos a escuchar flamenco. Y en esos tablaos han cantao Vallejo, Jose Cepero, Chacón. Siendo un niño, gané el I Premio del Conservatorio de Música de Málaga. Se presentaron cuarenta o cincuenta artistas. Yo no tenía chaqueta y se la tenía que pedir a otro niño. Le decía: ‘Déjame la chaquetita que yo no te la voy a manchar’.

Staf: ¿En aquellos momentos en los que ya cantabas y además se te daba bien, tenías algunos referentes?
Chiquito: No, yo era muy chico y cantaba porque me salía y veía que a la gente le gustaba y eso era todo. Yo escuchaba a Vallejo o a Chacón y pensaba que yo podía hacer eso, claro era un niño y tenía una voz que me llegaba al cielo. Me decían: ‘Niño, canta por fandango, o canta por bulerías o por tangos o por soleá’ y yo de escucharlo pues cantaba pero era algo más relacionado con la supervivencia que con la sensación de estar haciendo algo artístico. Pero la realidad era que no se ganaba nada. Algunas veces te tenías que subir a una mesa y hacer una rifa de una botella de Coñac o de Aguardiente para sacar algo más y que te compensara el viaje. Todo lo que te diga es poco.

Staf: Y después de esa primera etapa, cuando tenías ocho años y se extinguiera el grupo Capullitos Malagueños, ¿cómo continuó tu trayectoria en el mundo del flamenco?
Chiquito: Luego nos cogieron unos empresarios de Málaga, y lo que hicieron fue explotarnos, nos sacaron el corazón. Montaron un espectáculo y trabajábamos y ni nos pagaban seguros sociales ni nada, íbamos a la aventura. Actuábamos sin comer. Trabajábamos mucho, la voz casi se iba perdiendo, no ganábamos dinero, pero no conocíamos otra cosa ni sabíamos cómo funcionaba ese mundo. Iban ocho o diez mujeres, cantando y bailando muy bien, después iba un cómico, iba un cantaor, yo también iba como cantaor. Era un espectáculo de variedades.

Staf: ¿Y nos puedes contar algo de cómo era el Torremolinos de los años 60? A los de mi generación nos ha llegado una imagen de la época un tanto romántica y posiblemente distorsionada: turistas famosos, lugar de referencia de la diversión a nivel europeo. ¿Pero cómo era la realidad que tú viviste?
Chiquito: Es verdad que había muchos extranjeros y muchas fiestas. Allí empecé con Mariquilla en su tablao y estuve allí cerca de veinticinco años. Allí tenía trabajo todos los días pero o no cobraba o cobraba lo mínimo. Y cuando terminaba allí se iba uno a buscar la vida por cualquier lado. A veces, cuando terminaba la actuación en el tablao de Mariquilla, se quedaban unos extranjeros y querían que siguieras actuando para ellos, y te tenían cantando toda la noche a ti y a un par de compañeros más pero a la hora de cobrar te crecía la barba o querían que te conformases con un regalo. Allí trabajábamos adonde nos llamaran y casi siempre sin cobrar ni un duro. Era un chavea joven y no me pesaba casi nada. Y ahí el que nos llevaba o hacía de representante a veces nos hacía un regalo y con eso te tenías que conformar, y al día siguiente volvías a caer en lo mismo porque eran tiempos muy malos y no tenías otra cosa. O eso o te morías de hambre. Había mucho granuja que hacían perrerías con nosotros. No te puedo contar otra cosa porque eso es lo que yo viví.

 

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Staf: Entonces, romanticismo poco por lo que veo.
Chiquito: Nada, mucha hambre y mucho granuja, eso fueron para mí los años sesenta en Torremolinos. Por ejemplo, escribíamos un fandango y el empresario de turno lo registraba él y te lo quitaba. Era lo que fomentaba la sociedad de la época. Había mucha pobreza y no teníamos ningún tipo de protección. Nosotros nos hemos tirado a lo mejor veintitantos años trabajando en tablaos y luego habían pagado tres o cuatro meses de seguros sociales. Con nosotros han hecho perrerías pero no caías en eso, no sabías cómo funcionaban esas cosas o no tenías tiempo para preocuparte por eso.

Staf: ¿Y en Marbella también estuviste trabajando?
Chiquito: Bueno, en Marbella… Yo menos en comisaría he trabajao en tos laos.

Staf: Bueno, y qué nos puedes contar de tu etapa en Japón. En aquella época el salto cultural y a todos los niveles era mucho mayor que ahora. ¿Cómo fue aquella experiencia?
Chiquito: Estuve dos años en Tokio, sería a finales de los setenta. Aquellos fueron tiempos muy malos porque, estando allí se murió mi madre que en gloria esté, y no pude venir. Después tuve que dejar a mi mujer aquí, que todavía vivía y que en gloria esté, y allí me iba a cantar en todos laos porque iba a ganar dinero para traérmelo para España. Entonces cantaba todas las horas que fuesen y adonde me dijeran, éramos como marionetas. Y no podía llevar a mi mujer porque entonces tendría que haber pagado la estancia de ella, el billete de avión, la comida, y yo estaba allí para sacar el dinero para la entrada de un piso cuando volviese a España. Así que imagínate, un país tan distinto, sin entender nada, trabajando todo el día, y sin tu mujer, y con los terremotos. Fíjate si estaba mal y tenía ganas de poder volver que dormía con el dinero encima y con un cuchillo así de grande -por la gloria de mi madre que eso no es chusma, eh-, al lado de la cama por si alguien intentaba robarme. Una noche, y esto es verídico, soñé que me robaban y me desperté y cogí el cuchillo y yo mismo me pegué una puñalá en el dedo gordo, me cago en sus muelas por la gloria de mi madre. Y otra vez salió una rata en el escenario y yo me ponía a hablar con ella mezclando español y japonés, le decía: ‘Hijaputa, tú qué hace aquí’. Yo allí era Chiquito Sam. Hacía también de luchador. Para que se riera la gente allí no sabía lo que hacer ya. Además, yo estuve allí dos años, mientras que otros artistas iban y venían. Por ejemplo, allí estuve con José Mercé, entre otros.

Staf: Anécdotas como la de la rata, luego te sirvieron para inspirarte en tus años como humorista de éxito, supongo.
Chiquito: Bueno, el humor ha nacido en mí. Yo era así desde siempre. De hecho, en mi tiempo en los tablaos, entre actuación y actuación, yo solía ponerme a contar chistes para que no se aburriera la gente.

Staf: Ahora vamos a hablar de eso…
Chiquito: Pero no me tengas mucho rato aquí, eh, que yo ahora tengo que ir a hacer unas cosas.

Staf: No te preocupes, ya mismo vamos acabando.
Chiquito: No, hombre, es de broma. Tú pregunta todo lo que tengas que preguntar.

 

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Staf: De repente, con 62 años te conviertes en uno de los personajes más populares del país. Al margen de que siempre hubieses tenido esa faceta de humorista, ¿cómo llegaste al estrellato?
Chiquito: Eso fue en Torremolinos. Yo estaba actuando allí y me vio Tomás Summers y él fue el que me descubrió y me dijo que me fuese para Madrid: ‘Este me lo llevo yo para Madrid, no veas como canta el hijoputa éste’. Él tenía esa forma de hablar. Me dijo: ‘Te vas a venir para Madrid’. Y yo le dije: ‘No, yo no me monto en un avión’. Yo para ir a Tokyo me tiré treinta y cinco horas en un avión, llegué allí con la cara de Valderrama, sin exagerarte, treinta y cinco horas montao en un bicho de esos, no vea tú, y luego allí no hay ni cucharas, te vas y te dan un par de palos. Así que algunos días después quedamos en Atocha. Y a partir de ahí, ya salió lo del programa Genio y Figura de Antena 3 que lo presentaba Pepe Carroll que era mago y que murió luego de un infarto. Ahí fue adonde nos dimos a conocer Paz Padilla y yo, entre otros.

Staf: Hablamos del año noventa y cuatro más o menos.
Chiquito: Sí, el programa se emitió entre los años noventa y cuatro y noventa y cinco.

Staf: Si no recuerdo mal luego lo presentó Bertín Osborne y al final Las Virtudes.
Chiquito: Sí, ahí fue donde cambió mi vida.

Staf: Y qué supuso para ti pasar casi de la noche a la mañana de ser un personaje anónimo a convertirte en el personaje más mediático del país. ¿Cómo se digiere eso?
Chiquito: Aunque esté feo que yo lo diga, yo llegué a lo máximo. Ya me reclamaban en todos lados, me contrataban aparte, y a partir de ahí ya subió mi caché. Ya me tuve que buscar a un manager, Arturo del Piñal, un muchacho joven así como tú, que es el que lleva toda la vida conmigo y le estoy muy agradecido. Lo único que sí hicimos mi mujer y yo, cuando él también estaba empezando a ganar dinero con nosotros, fue obligarle a que se metiera en un piso para que tuviera algo seguro porque él no tenía casa ni nada. Y le obligué a meterse en un piso diciéndole que si no lo hacía me metía en un coche y me volvía para Málaga. Y con el tiempo se compró su piso, su coche, y nosotros estábamos muy contentos. Él se llevaba un veinte por ciento de mis actuaciones pero se lo merecía, era como el hijo que Pepi y yo no tuvimos.

Staf: Lo tuyo fue un pelotazo en toda regla. ¿Cuántas galas llegaste a hacer el primer año?
Chiquito: Yo no me acuerdo muy bien, pero ciento sesenta galas seguro.

Staf: Y, además del trabajo como humorista, cuando te hiciste popular, trabajaste en radio y sobre todo en cine. Si no me he informado mal, has participado en más de una docena de películas. Tú, que nunca habías hecho cine, cuando te proponen protagonizar una película, ¿qué piensas? ¿sentiste alguna clase de duda o temor?
Chiquito: A mí nunca me ha dado miedo de nada, me daba lo mismo que me dijeran que hiciera de comboy o de japonés, yo me disfrazaba de lo que fuera. Y la gente decía: ‘El hijoputa, si parece que ha estado toda la vida haciendo esto’.

Staf: ¿Y es muy duro hacer una película?
Chiquito: Muy duro. Yo he tenido serpientes detrás de mí en Almería. Y una vez, en la película ‘Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera’ con Bigote Arrocet, tenía que rodar una escena montado en un caballo y el animal me quería tirar al suelo. Y al final le di cuatro o cinco valiums y a la media hora estaba el caballo con la cabeza en la pared roncando.

Staf: Gregorio, otra cosa que en tu caso me parece muy interesante es que…
Chiquito: Perdona, ¿tú eso lo has escrito borracho? (Gregorio mira fijamente el folio que sujeto en mi mano y yo no puedo evitar reírme ante su espontáneo comentario).

Staf: No, si lo hubiese escrito borracho no lo entedería ni yo…
Chiquito: No, lo digo porque veo los reglones doblados… (Risas).

 

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Staf: Lo que te quería comentar es que tú has conseguido algo en este país que me parece muy difícil, tanto que ni tan siquiera los grandes literatos que han sido galardonados con el Nobel o que han ostentado un asiento en la Real Academia de la Lengua española han conseguido, que es conseguir cambiar la forma de hablar de todo un país. Y te lo dice alguien que ama la literatura casi por encima de todas las cosas. Tú has creado el idioma de Chiquitistán. Y no sólo hablo de las palabras sino de la manera de entonar, de la prosodia. ¿Tú eres consciente de esa hazaña?
Chiquito: Lo sé y lo raro es que yo soy el que habla más malamente del mundo.

Staf: ¿Y para crear ese idioma te inspiraste en alguien?
Chiquito: Eso salía solo. Yo empezaba a contar el chiste y las palabras iban surgiendo. Te pongo un ejemplo: ‘El mariquita que llega a su casa, físicamente, diodenarmente, diplomáticamente, entró borracho perdío, le daba la mano al mismo dos o tres veces, quieto, soy un pecador de los Estados Unidos de Barbate’. Fíjate tú, ya te puedes figurar lo que te he dicho ahí en un momento.

(Aquí me veo en la obligación de hacer un paréntesis para que os podáis hacer una idea real del ambiente y el clima en el que transcurrió nuestro encuentro. Después de momentos como éste era imposible contener la risa. Pero era una mezcla extraña de risa y de asombro. Tener a Gregorio al lado hablando de esa forma para mí no tenía precio. Cuando por fin yo conseguía dejar de esbozar una sonrisa casi estúpida, mitad a consecuencia del chiste y mitad a consecuencia de poder estar compartiendo ese momento con un personaje al que admiro, podía continuar con la entrevista. Y hubo muchos más momentos así que me ha sido imposible transcribir: sonidos, gestos, a ratos incluso Gregorio se arrancaba a cantar y yo le miraba embelesado o se ponía a hablarme en japonés de los montes… En fin, Genio y figura por los cuatro costados. Finalmente dejo de reírme y Gregorio continúa).
Chiquito: El mayor de los Morancos decía: ‘El hijoputa, mira cómo habla’.

Staf: ¿Lucas existió de verdad?
Chiquito: No, Lucas fue una cosa que surgió, como otras muchas que se me metían en la cabeza y las incluía en mi repertorio. Yo era siempre así. Los que me conocían no se sorprendieron cuando me vieron contando esos chistes en la tele porque lo hacía desde siempre (…) A ratos, se me olvidan cosas, y me vas a disculpar, y es que a raíz de que se muriese mi hermano y mi mujer y más gente de mi familia, yo me he quedado muy solo y durante un tiempo perdí incluso la memoria como consecuencia de lo afectado que estaba. Me quedé descontrolado.

Staf: Pues para cambiar un poco de tema y dejar estas cuestiones más espinosas, te quería preguntar qué opinas de la evolución de tu ciudad en los útlimos tiempos. Barrios míticos como el de La Trinidad, El Perchel, El Bulto, han cambiado mucho, algunos incluso han desaparecido. Por ejemplo mis abuelos maternos tenían una casa y una tienda en La Trinidad pero luego, con las reformas del barrio, les expropiaron.
Chiquito: Sí, esa historia me la conozco, a la gente les dieron dos duros por sus casas y luego allí construyeron lo que quisieron. Pero es normal que los barrios cambien, si estuvieran como estaban antes sería imposible, daba pena, no podías ni andar por la calle, estaban las tuberías rotas, había ratas. Aquellos barrios eran casi inhabitables, yo te estoy hablando de hace muchos años, las cosas tienen que cambiar por fuerza.

 

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Staf: Sí, pero yo sobre todo me refería a que ahora, en algunas ciudades, hay una tendencia a respetar la idiosincrasia que tenían ciertos barrios, reformándolos pero manteniendo su espíritu o su arquitectura, y quizá en ciertas zonas de Málaga eso no se haya tenido en cuenta.
Chiquito: Yo te puedo decir que yo vivía en una casa antigua cargada de ratas, todo lo que te diga es poco.

Staf: Gregorio, y tú que gracias a tu profesión has podido conocer otras ciudades, ¿opinas qué como aquí no se vive en ninguna parte?
Chiquito: Yo no cambio Málaga en la vida.

Staf: Por Japón me ha quedado claro que no…. (Chiquito se ríe).
Chiquito: No lo cambio, a pesar de que mi padre era sevillano y me quedé sin él con siete años. Esta es la tierra mejor del mundo en todo. Aquí, aún cuando se vivía muy mal y se pasaba mucha hambre y los artistas estábamos amontonados, se estaba bien porque había alegría en las calles y se vivía mucho de puertas para afuera y la gente tenía una actitud positiva en general.

Staf: De la noche a la mañana te conviertes en el humorista más famoso de España. ¿Todos los compañeros de profesión te recibieron bien o notaste también envidia?
Chiquito: Había gente que ni me miraba a la cara, que cuando yo llegaba o salía a actuar me volvía la cara. Yo salía y te contaba ochenta y noventa chistes y con aquellas palabras mías, y eso no había nadie que lo hiciera en España y entonces había gente que no me aceptaba.

Staf: ¿Recurrías mucho a la improvisación?
Chiquito: Yo cogía el chiste y te lo cambiaba al momento, te lo hacía de otra forma.

Staf: ¿Cómo es el día a día de Chiquito ahora?
Chiquito: Pues desde que murió mi mujer, hace ahora cinco años, me quedé muy solo. Ya te he dicho que incluso perdí la memoria y no era capaz de recordar ni el número de teléfono de mi casa.

Staf: Tú mujer fue una persona indispensable en tu vida. Supongo que en tu caso es totalmente cierto eso de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer.
Chiquito: Mi mujer lo era todo, era mi bastón, la que me daba el temple. Llevo cinco años solo, tengo el cuadro con mi mujer allí y hablo con el cuadro. Mi mujer era mis pies y mis manos, faltó eso y ya me vine abajo… Me paso las horas allí solo o salgo a andar y me tiro cuatro horas andando. Suelo venir aquí todos los días a almorzar al Restaurante “El Chinitas” que aquí son como mi familia y luego me voy en un taxi. Pepi era la que me daba consejos y me orientaba. Y era la primera que empezaba a reírse cuando yo salía al escenario. Yo a veces le tenía que decir: ‘Niña, no chilles mucho porque tú te ríes y tienes la voz como Antonio Molina’.

Staf: A nivel profesional, ¿tienes algo ahora en mente que nos quieras revelar?
Chiquito: Después de la muerte de mi mujer me paré un poco. También está el hecho que te dije antes de que no quiero volar. Pero sí surgen cosas. Aunque tú me veas aquí, trabajo gracias a dios no me falta. Y como puedes ver soy una persona muy formal, te dije que hoy estaría aquí para la entrevista y aquí estaba puntual.

Staf: Eso es cierto y te lo agradezco muchísimo. Pues yo creo que ya tenemos material para escribir una entrevista pero no quería dejar de comentarte alguna cosilla…
Chiquito: Ya tienes información para escribir un libro.

(Risas).

 

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Staf: Lo que te quería decir es que, para una generación como la mía, tu llegada arrolladora al mundo del humor significó mucho ya que, entre otras cosas, supuso descubrir una nueva forma de hacer humor rompedora, imaginativa y a ratos irreverente con la que rápidamente nos sentimos identificados. Desde que tú apareciste, mis amigos y yo, ya no queríamos tener el graduado escolar sino una etiqueta de anís el mono y no queríamos hacerle el amor a las chicas sino la caidita de Roma y freíamos los huevos con saliva y a los vagos les decíamos que trabajaban menos que el sastre de Tarzán… Quería simplemente que supieras que en el círculo en el que me muevo se te admira como un artista con mayúsculas.
Chiquito: Te voy a interrumpir pero tienes razón, y yo lo noto cuando salgo a la calle, porque casi no puedo ir andando por la calle, gente de todas las edades me reconoce y me para y me dice que se quiere hacer una foto conmigo, yo noto ese cariño y eso de lo que tú hablas.
(Chiquito me invita a que vea un cuadro con una foto suya que hay en una de las paredes del Restaurante “El Chinitas” y a cuyo pie reza: ‘Chiquito de La Calzada, el malagueño que hizo reír al mundo’).

Staf: Un humorista es ante todo un ser humano y tendrá días mejores y peores. ¿Cómo llevabas lo de tener que salir a un escenario a hacer a la gente reír cuando tú a lo mejor habías tenido un mal día?
Chiquito: Yo eso ni lo pensaba, yo nada más salía y sabía que tenía que hacer mi papel. Creo que el mundo del flamenco me curtió mucho en ese sentido porque aguantar a un borracho toda la noche en un tablao era duro. Después de tener que aguantar a borrachos que no te querían pagar y además no pelearte con la gente porque entonces no cobrarías nunca, lo que vino después fue fácil.

Staf: Bueno, y cuéntame la anécdota de cuando el actual rey, el entonces príncipe Felipe, te saludó personalmente en Madrid, en Fitur.
Chiquito: Fue así, se me acerca y me dice el entonces príncipe: ‘Mi padre me habla de usted pero yo, como siempre estoy estudiando, no ha encartao de verle’. Y yo le digo: ‘Cómete la galleta esa que tienes en la mano y ahora seguimos hablando’. Tú figúrate decirle eso al príncipe. Y al padre le decía yo: ‘Jander mor gromenagüer’ y él se echaba patrás y me imitaba también. Al final te das cuenta de que son gente normal que si la tratas con respeto te entienden y también te respetan y te enseñan su lado más humano. Un día el rey me cogió la mano y le digo: ‘Ojú, tú tiene la mano mu fría. Majestad, tenemos el mejor rey del planeta, se lo digo yo a usted que hablo dos o tres idiomas’. Y entretanto el rey me miraba embobado y con una sonrisa.

Staf: Claro, me imagino que el rey no estaba acostumbrado a que le dijeran esas cosas. Siguiendo con esto de que si tratas a la gente con respeto te respetan, tus chistes siempre han sido respetuosos en el sentido de que no te has metido con personajes públicos ni con otros humoristas; es decir, no te has valido de hacer daño o ridiculizar a los demás como herramienta para hacer reír.
Chiquito: No, nunca. Mi manera de hacer humor iba por otro lado.

Staf: Hay un momento, en tu punto más alto de fama, en el que en un programa dirigido por Pepe Navarro y llamado Esta noche cruzamos el Mississippi, pasa algo también increíble y es que otro humorista, Crispín Klander interpretado por Florentino Fernández, se hace famoso imitándote a ti. ¿Alguna vez te llamó para pedirte permiso o algún consejo o simplemente darte las gracias?
Chiquito: No, la verdad que nunca me llamó ni yo nunca le referí nada pero no lo hizo bien. Pero conmigo Flo no podía.

Staf: Yo creo que el simple hecho de que un humorista se haga famoso imitando a otro dice mucho acerca de lo grande de tu figura. Por ejemplo, los grupos de versiones imitan a los Beatles o a Pink Floyd y por eso Florentino te imitaba a ti. Bueno, Gregorio, pues ahora sí es verdad que vamos terminando, estamos muy a gusto pero sé que usted tiene que tener otros planes.
Chiquito: No, yo ya me voy para la casa…

Staf: ¿Y le importaría que me tomara una foto con usted?
Chiquito: A mí qué me va a importar, sino te importa a ti.

‘Coge eso que no se te vaya a olvidar’, me dice Chiquito refiriéndose a la grabadora cuya presencia encima de la mesa yo ya había olvidado por completo, en parte gracias a que Gregorio había conseguido hacerme sentir como si estuviese charlando, no con un personaje famoso, sino con un amigo. Entonces la cojo y pulso el botón de stop y así es como acaba este entrañable encuentro con uno de los artistas más grandes de este país…

 

Restaurante El Chinitas

Restaurante “El Chinitas”, Málaga

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Esta entrevista se realizó en el mítico Restaurante “El Chinitas” de Málaga, el pasado mes de Junio 2015. Nos gustaría agradecer enormemente la ayuda durante la realización de esta entrevista al gran Paco Roji y a toda la familia del magnífico Restaurante “El Chinitas” muy en especial al Sr. Sanchez Rosso y a su hijo, por el trato recibido y por hacernos sentir como si estuviéramos en nuestra propia casa. Muchas Gracias por todo.

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