¿Quién no ha tenido un Amor de Verano de esos que dejan huella? Son esos amores pasionales y fugaces que no se olvidan. Aquellos de los que siempre hablas cuando menos te lo esperas y recuerdas con una sonrisa durante todo el año. El mío en particular, estudia fuera y sólo nos visita esos meses de verano cuando aprieta el calor y tienes ganas de mojarte los pies en la playa. Es muy caprichosa y por ese motivo paso muchas horas al teléfono y al ordenador intentando quedar con ella. Siempre nos encontramos en el mismo lugar…, giro la esquina, bajo las escaleras, sujeto bien la tabla y ahí está ella, tan preciosa como la última vez que nos vimos. Este verano se ha retrasado un poco, pero ha vuelto con más ganas, más bonita y más perfecta que nunca. Pero ella no es amor de un sólo hombre, por eso me toca compartirla cada verano con varios afortunados que saben apreciarla igual (o más) que yo. Y el invierno se hace muy duro, puesto que todos la echamos de menos y soñamos con ella. En definitiva, esa es la grandeza de los amores de verano.












Texto · Brian González
Fotos · Brian González




